¿Cambian las cosas?
¿Las cosas cambian?
Tom piensa que no.
Martin, que sí.
Por eso Martin mató a Tom, para decirle mientras se desangraba "¿No cambian las cosas, Tom? ¿no te mueres?"
Menos mal que a Martin le llevaron a prisión. ¿No debería decir "Tom pensaba"? al fin y al cabo está muerto, bueno, a lo que iba, un día me tocó entrevistar al hijo de Martin, y esto es lo que me encontré, aunque no tiene nada que ver con lo que os acabo de narrar, padre e hijo solo tienen en común la obsesión con el polvo, el amor por los tres tragos de agua cuando tienes sed y lo que les gusta mirarse la cara muy cerca del espejo después de habérsela mojado y pensar que son el personaje de una película que, según el padre está loco y según el hijo, poseído.
Llegué a aquella especie de bar que habían alquilado para ellos, el humo, en el ambiente, era el anfitrión, un hombre con sombrero y gafas de cerca tenía un boli y papel y por ello era el centro de atención, o más concretamente, dónde se centraba la atención, allí había más personas, algunas sentadas, otras de rodillas sobre la silla para inclinarse mejor sobre el papel y un par pululaban por la habitación pensando. La única luz era una lámpara del techo que bajaba hasta encontrarse como a un metro de la mesa.
-¿Cuando ponemos el día de la resurrección?
-Eso de "poner" suena muy mal...
-Pero es que si no sabemos cuándo fue, pues tenemos que poner algo simbólico.
-El veinte.
-Sí, eso, el veinte.
-Decidido pués, resucitó el veinte- Anotó algo el hombre del sombrero.
-El siete hay que poner algo.
-Mmm...
-¿Qué tal algo así como "el día de los regalos"?
-Me gusta ¿Un día en el que haya que regalar a todo el mundo muchas cosas?
-A mi me suena bien.
-Peerfecto.
-¿Qué ponemos el 32?
-¿El día del libro?
-No, eso ya está puesto.
-¡Ya lo tengo! "el día de regalar un libro"
-Mmm no, ya tenemos uno parecido con rosas y libros.
-Oh sisi, ya lo tengo, mirad, sería un día para fomentar la lectura peero no se podrían regalar libros, estaría prohibido, entonces habría que regalar de todo menos eso y así al día siguiente "la gente tendría un vacío de lectura".
-Adjudicado, me encanta, es sublime.
-Pues esto ya está... ah no, vale vale, falta el veintisiete ¿chicos?
-¿Día de la Luna?
-¿Día del perezoso?
-¿Día de los "+"?
-¿Día de los días?
-No no, necesitamos algo más cálido, más cercano, algo con la familia y ese royo.
-Mmm ¿Día de la familia?
-¿Glorioso día de los abrazos?
-¡Callad! ¡Que ya lo tengo! "Día de los cumpleaños", será como que todo el mundo cumple los años ese día.
-¡Reinará la anarquía mala!
-Perfecto, bueno muchachos, encargaos de esto- el hombre del sombrero y las gafas le entregó la hoja a otro hombre mientras se levantaba- que yo tengo una entrevista con el muchacho aquél de la puerta.
-¿Hasta el martes?
-Hasta el márcoles.
-Qué chico ¿nos vamos?
-Eh... si sí, claro.
Aquella tarde llené mi cuaderno de notas con cosas que me contaba como cuando se dejó barba, cuando se compró un pájaro azul que no cantaba, cuando se le pasó tanto el arroz que se le hizo sopa... pero yo, para que nos vamos a engañar, aun con el recuerdo de la extraña velada... quería cosas más interesantes, que seguro que las había. En un momento dado me preguntó.
-Oye ¿Cómo te llamas?
-Miguel.
-Dime Miguel ¿Cambian las cosas? ¿Las cosas cambian?-Me quedé helado.
-Cla.. ¡claro que cambian!
-Vaya... te pareces a mi padre...
Todo el mundo lo repetía, pero en el fondo nadie llegó a creerlo. Por eso todos se refugiaron aquí.
miércoles, 12 de marzo de 2014
martes, 11 de marzo de 2014
Cuando te digan algo bueno, hazte el tonto, para que te lo digan otra vez, y así la segunda vez, que ya sabes qué te va a decir, lo esperarás con esa dulce satisfacción.
Aunque claro, para que esto pase debes hacer las cosas bien, pero no bien de ser el mejor, sino simplemente hacerlas bien. Si algún momento sientes que no valoran tu trabajo, tranquilo, yo te encontraré y te diré.
-Buen trabajo.
Y que tú digas.
-¿Qué?
Y yo, sonriendo.
-Que buen trabajo.
Aunque claro, para que esto pase debes hacer las cosas bien, pero no bien de ser el mejor, sino simplemente hacerlas bien. Si algún momento sientes que no valoran tu trabajo, tranquilo, yo te encontraré y te diré.
-Buen trabajo.
Y que tú digas.
-¿Qué?
Y yo, sonriendo.
-Que buen trabajo.
lunes, 10 de marzo de 2014
Qué cosas.
Hay gente rara en el mundo y hay gente que solo es rara en algún aspecto, esto afecta también al sexo.
Pablo conocía a Behire, habían sido amigos y a veces habían tenido algo, algo que ninguno de los dos habría sabido identificar, aunque tampoco hacía falta. Pero, y a esto quería llegar con la historia, un día Pablo empezó a practicar su hobby en público, algo tan simple como escribir. A Behire sus escritos no le parecían malos, pero tampoco le gustaban especialmente, pero lo que pasó es que un día Behire le vio escribir, boli en mano, y se excitó treméndamente. Asustada se marchó a casa pensando en qué había comido. Pero ocurrió otra vez el que le viese escribir, y se lanzó a besarle apasionadamente, y a él, que aun tenía la mano muerta sujetando el boli sobre el papel, le arrancó los pantalones, los calzoncillos y, olvidando cualquier preservativo, le yació.
Él descubrió que cada vez que Behire le veía escribir, o fingir hacerlo, sentía unas ganas imparables de acostarse con él, y él lo aprovechaba unas dos veces al día, exceptuando viernes, sábado y domingo, que eran tres y los lunes, que lo hacía solo una vez para mantener la sensación de que era el peor día de la semana.
El problema era, y es, que aun manteniendo sexo salvaje, no puede soltar el boli ni levantar este de una hoja de papel.
Pablo conocía a Behire, habían sido amigos y a veces habían tenido algo, algo que ninguno de los dos habría sabido identificar, aunque tampoco hacía falta. Pero, y a esto quería llegar con la historia, un día Pablo empezó a practicar su hobby en público, algo tan simple como escribir. A Behire sus escritos no le parecían malos, pero tampoco le gustaban especialmente, pero lo que pasó es que un día Behire le vio escribir, boli en mano, y se excitó treméndamente. Asustada se marchó a casa pensando en qué había comido. Pero ocurrió otra vez el que le viese escribir, y se lanzó a besarle apasionadamente, y a él, que aun tenía la mano muerta sujetando el boli sobre el papel, le arrancó los pantalones, los calzoncillos y, olvidando cualquier preservativo, le yació.
Él descubrió que cada vez que Behire le veía escribir, o fingir hacerlo, sentía unas ganas imparables de acostarse con él, y él lo aprovechaba unas dos veces al día, exceptuando viernes, sábado y domingo, que eran tres y los lunes, que lo hacía solo una vez para mantener la sensación de que era el peor día de la semana.
El problema era, y es, que aun manteniendo sexo salvaje, no puede soltar el boli ni levantar este de una hoja de papel.
Yo soy un adolescente.
Tengo 18 años y soy un adolescente. Lo se porque atiendo en clase y ya se ha hablado dos veces del tema. Se ha hablado concretamente de la adolescencia y no tratándola como eso (¿Se dan cuenta de que estoy hablando vigilando mi lengua para no resultar tan horriblemente pedante?) Y bueno, viendo qué es la adolescencia, soy uno, soy un adolescente. No me voy a poner a comentar como padezco de cada síntoma (vaya, suena a enfermedad), pero sí os voy a decir que, exceptuando la separación de uno hacia la familia, la apatía con el entorno cercano y alguna cosa más, cumplo con todo.
Así que, que ni uno, ni una, ni una sola persona me pregunte que cómo se sabe si eres una persona madura.
Aclararé que esto se me ocurrió mientras andaba, fui a escribirlo y para entonces la memoria me había traicionado, por lo que tuve que tirar de inspiración y claro, el resultado es algo así como desastroso.
(Nota, inventar la dinamita literaria)
Cuestión de colores.
El psicólogo, para ver cómo se comportaba, le dio dibujos para colorear y un montón de colores. El niño cogió el primero dibujo y el color negro y, con este color, lo coloreó entero.
Los padres y el psicólogo vieron con pena como el niño los coloreaba todos con negro. Cuando la cera negra se le acabó, no pidió otra, solo apartó el dibujo a medias, cogió uno nuevo, una cera de otro color, y empezó a colorearlos todos de amarillo.
Los padres y el psicólogo vieron con pena como el niño los coloreaba todos con negro. Cuando la cera negra se le acabó, no pidió otra, solo apartó el dibujo a medias, cogió uno nuevo, una cera de otro color, y empezó a colorearlos todos de amarillo.
Cuestión de gafas.
Si me pongo las gafas, todo cobra detalle. No es nada en concreto, si acaso que las matrículas las entiendo antes, pero no es nada en concreto, sino un millón de pequeños detalles que se reparten por mi campo visual. Lo malo es que cuando me pongo las gafas, veo todo mucho más sucio.
domingo, 9 de marzo de 2014
Memoria.
Verán, pensando que por qué no escuchaba toda esa música que me gusta y a veces incluso por qué no escuchaba nada de música, llegué a la sencilla conclusión de que se me olvida. Y de aquí, lo mencionado antes, pasé a pensar que no es que no tenga mala memoria, sino que simplemente no tengo nada de memoria, no recuerdo nada. Entonces aquí podría venir Don Ejemplo y decirme que, si eso es así, cómo podía yo saber tantas cosas de tantas cosa. Fácil, o por lo menos fácil para mí. Recuerdo los detalles, me acuerdo de un sinfín de detalles o pequeñas cosas y estos tiran de información que, como un chicle, está pegada. Y con todo esto, suspiro más tranquilo, no tengo memoria, ahora que lo sé soy más feliz.
Pero aun me quedará el detalle, oh, puedo escribir una historia sobre todo esto, espero que no se me olvide.
Pero aun me quedará el detalle, oh, puedo escribir una historia sobre todo esto, espero que no se me olvide.
sábado, 8 de marzo de 2014
Sirenas, pero de coche.
Oigo las sirenas a lo lejos, parecen de un montón de coches, o ha habido un incendio y son bomberos que van a apagarlo, o es la policía y viene a por mí. Están cerca, bueno, sinceramente no lo sé, puede que sea un efecto sonoro del valle. Él lo hubiese sabido, y también habría sabido orientarse en este puto bosque, una pena que ya no esté conmigo.
-Agh- Me siento apoyándome contra un árbol.
¿Traerán un cura que me quiera soltar un sermón? No creo, ellos no lo saben... Quizá sí traigan al típico policía que suelta esas frases ¿o es un policía normal que dice típicas frases? yo creo que eso solo pasa en las películas
-Al igual que el que los planes complicados te salgan bien...- esto lo murmuró recordando lo que pasó hace tan solo unas horas.
Me vuelvo a centrar en las sirenas.
-Espero que uno de esos sea una ambulancia...- Quito el trapo con el que me aprieto la herida, en muy mal aspecto ya.
-Esto es una mierda, y yo que quería empezar a ser bueno para redimir mis pecados y todo eso... esta vida justa no es ¿a qué le dedico mis últimos pensamientos? ¿a pensar en dios? ¿para qué si le voy a ver en un rato si eso? ¡dios! ¡¿estás ahí?! si es así hazme una señal, que ya que no te voy a ver si muero... ¿le digo algo al otro? oye, y si no estoy bautizado ¿no iba al limbo o algo así? ¡es que no me acuerdo! Anda claro, que quizá lo que pasa es que viene la muerte ¿y a ella que le digo? Vaya mierda, si es que mis últimos minutos van a ser horribles si sigo pensando en esto ¡Policía! ¡Hijos de puta! ¡estoy aquí y aun me quedan balas para todos vosotros!- Y me pongo a toser de tanto gritar -¡Como duele! ¡Coño!
Elevo el arma y disparo al aire, me gusta el eco que deja en el valle y el sonido de un montón de pájaros al alzar el vuelo, vuelvo a disparar, pero ya sin pájaros no es lo mismo. Me arrepiento inmediatamente de haberlo hecho, ya no cabe la posibilidad de que venga un ciervo o un lobo y me de golpecitos con el hocico... no me importaría morir así, cierro los ojos y me imagino esa escena, sonrío, y dejo de pensar.
-Agh- Me siento apoyándome contra un árbol.
¿Traerán un cura que me quiera soltar un sermón? No creo, ellos no lo saben... Quizá sí traigan al típico policía que suelta esas frases ¿o es un policía normal que dice típicas frases? yo creo que eso solo pasa en las películas
-Al igual que el que los planes complicados te salgan bien...- esto lo murmuró recordando lo que pasó hace tan solo unas horas.
Me vuelvo a centrar en las sirenas.
-Espero que uno de esos sea una ambulancia...- Quito el trapo con el que me aprieto la herida, en muy mal aspecto ya.
-Esto es una mierda, y yo que quería empezar a ser bueno para redimir mis pecados y todo eso... esta vida justa no es ¿a qué le dedico mis últimos pensamientos? ¿a pensar en dios? ¿para qué si le voy a ver en un rato si eso? ¡dios! ¡¿estás ahí?! si es así hazme una señal, que ya que no te voy a ver si muero... ¿le digo algo al otro? oye, y si no estoy bautizado ¿no iba al limbo o algo así? ¡es que no me acuerdo! Anda claro, que quizá lo que pasa es que viene la muerte ¿y a ella que le digo? Vaya mierda, si es que mis últimos minutos van a ser horribles si sigo pensando en esto ¡Policía! ¡Hijos de puta! ¡estoy aquí y aun me quedan balas para todos vosotros!- Y me pongo a toser de tanto gritar -¡Como duele! ¡Coño!
Elevo el arma y disparo al aire, me gusta el eco que deja en el valle y el sonido de un montón de pájaros al alzar el vuelo, vuelvo a disparar, pero ya sin pájaros no es lo mismo. Me arrepiento inmediatamente de haberlo hecho, ya no cabe la posibilidad de que venga un ciervo o un lobo y me de golpecitos con el hocico... no me importaría morir así, cierro los ojos y me imagino esa escena, sonrío, y dejo de pensar.
Micro SanValentín
He aquí mi no-ganador micro cuento de SanValentín, ya que no es ganador, espero que no les guste (esto último es brova, digo broma).
Llegó a aquella ciudad, como siempre, un 14 de febrero.
El bar de la esquina aun conservaba el misterio del día que la vio por primera vez con aquél gorro negro. La esperó con la mirada perdida en el río y cuando llegó, besos en la mejilla y empezaron a andar por el camino del río en silencio. Después alguien habló y así comenzaron a recordar, como todos los 14 de febrero. Que el cielo lo coronasen nubes grises ayudaba a la conversación. Un día supuestamente de amor, para ellos también, pero ya pasado. Al final del día se despidieron, con besos de mejilla, y ella se marchó. Él había tenido muchas relaciones, pero solo una historia de amor.
,
Antes de cocinar hay que lavarse las manos.
Antes de comer hay que lavarse las manos.
Pero ¿Y si tras cocinar vas a comer? Ahí me pregunto yo qué hacer.
Antes de comer hay que lavarse las manos.
Pero ¿Y si tras cocinar vas a comer? Ahí me pregunto yo qué hacer.
jueves, 6 de marzo de 2014
Cansado.
Puedo leer poesía
y la entenderé
y poca me gustará
Puedo leer libros
que solo leeré una vez
aunque me gusten
y formarán
una biblioteca
que miraré creyéndome sabio
Música
ahí no entremos
que los tontos
en sus limitaciones
se la comieron sin lavarse las manos
y el sexo
¡viva el sexo!
Callad
que no me aclaro
¿dónde está mi caballo?
¿O nunca he tenido?
¿Ven?
En esto han convertido la poesía
Ni rima.
Ni rimo.
Ni ritmo.
Ni ritma.
Cuento hechos de mi ciencia
¡Y poesía de la experiencia!
Aceptan por oro piedra...
así que discúlpenme
al decir
"Váyanse a la mierda"
Sábanas del Mediterráneo.
Me despierto en una habitación que no me suena de nada, de paredes y sábanas blancas, una habitación muy bien iluminada... espera un momento ¿qué hora es? hace varias horas que debería estar en clase. Me levanto y abro la ventana... sí, en clase iba a estar... eso que está frente a mí es el Mediterráneo, con su olor a sal de verano. Pienso que por tomarme un día libre no pasa nada, y me dedico a investigar a fondo la habitación. Hay muy pocos muebles y nada que sea mío y, como aun estoy en ropa interior, me pongo lo primero que encuentro en un baúl, camisa y pantalones grandes, cómodos y ligeros. Salgo al pasillo que está algo más oscuro, veo un par de puertas cerradas y empiezo a bajar las escaleras procurando no hacer ruido, pero como los escalones son viejos y de madera, me van traicionando en cada pisada. Cuando llego abajo, miro hacia un lado y veo un amplio salón con vistas a un jardín con olivos y tras este, el mar. En la otra dirección mi mirada se cruza con la de una anciana que cortaba frutas en pila de la cocina y aun tiene el cuchillo en la mano. No me muevo, al fin y al cabo no se qué hago allí, pero entonces ella sonríe y yo lo hago aun más, con una especie de alivio místico. Se abre la puerta y entra una chica de mi edad, quizá un poco mayor, con algo de compra en una bolsa de cartón marrón sin asas. Es preciosa, se acerca y me da un beso.
-¿Te acabas de levantar? La comida ya está casi.
Mientras entra en la cocina dándome la espalda y empieza a poner la mesa y la señora mayor vuelve a cortar cosas varias, yo ahí, pasmado, pienso que puedo quedarme todo el día, a ver que tal va todo.
-¿Te acabas de levantar? La comida ya está casi.
Mientras entra en la cocina dándome la espalda y empieza a poner la mesa y la señora mayor vuelve a cortar cosas varias, yo ahí, pasmado, pienso que puedo quedarme todo el día, a ver que tal va todo.
miércoles, 5 de marzo de 2014
Dulce Marta.
Le había citado en esa biblioteca no porque tuviese miedo, sino porque tenía cosa. No es que pensase que me pudiese hacer nada malo, pero al fin y al cabo, él era un chico y yo una chica, y solo nos habíamos visto a distancia, la que pueda separar a una música de los de sus espectadores en un auditorio de los grandes. Tenía uno de esos sentimientos que no existen porque se callan y ni siquiera se piensan porque suenan absurdos, ¿y si le gustaba? Con solo pensarlo me sentía tonta.
Cuando llegué a la biblioteca, él estaba sentado en la zona "de adultos", no hay que pensar mal, simplemente es que la biblioteca está dividida en niños y adultos. Me daba la espalda, y eso me gustó, no soporto que desde un punto fijo me vean llegar, porque me pongo a pensar en si estoy andando bien y el solo pensarlo, hace que empiece a hacer cosas raras con las piernas.
Rodeé la mesa y me senté en frente, éramos tres, pues había otra chica, me molestó lo interesante que parecía. De alguna manera me decepcionaron dos cosas, la primera fue que no levantase los ojos de sus papeles nada más sentarme, sino en cuanto me notó, unos segundos después, la segunda cosa que me molestó fue que no se le pusiese una enorme sonrisa y le brillasen los ojos, estaba casi serio, y eso me hizo sentirme tonta por haberme sentado frente a él con mi bonita sonrisa. Pensé, para mi pesar, que quizá si que me hubiese gustado gustarle, y que le había malinterpretado, eso me hizo acordarme de cual había sido su excusa... o motivo, para verme. Fui a hablar y, justo antes de empezar, la chica rubia mi calló con unos ojos duros.
-Imbécil- Susurré muy muy bajito y la taché para el resto de mi vida de odiosa.
Mientras esto pasaba, en cuestión de segundos, Juan había sacado un montoncito de post-its de su cartera de cuero y, junto con un boli digno del despacho de un abogado, me lo pasó.
Menuda racha tenía, pues me había vuelto a sentir como una niña frente a los post-its amarillos, el boli y su mirada seria. Cogí el bolígrafo y dudando escribí.
-"No, iba a decir que si lo has traído."
Acercó el mensaje a sí mismo y arrugó un poco la frente, quizá sí que quería verme simplemente y eso había sido un solo excusa, y yo lo había fastidiado todo al decir lo que acababa de decir ya que daba a entender que él no me interesaba, solo lo que me había ofrecido. Estaba empezando a pensar "tierra, trágame" cuando se agachó de nuevo sobre su cartera, apoyada en el suelo, entonces un escalofrío me recorrió toda la espalda mientras pensaba que por qué le daba tantas vueltas a todo lo relacionado con ese chico.
Lo sacó, una carpeta. Esta era bonita, granate, como con mucha clase, pero lo importante es lo que había dentro, ahí estaban, un taco de hojas color crema, de alguna manera eran como muy delicadas. Me pasó el post-it.
-"Perfectas para escribir a mano."
-"Pero es que me da cosa estropearlas, están tan bien... son como para una gran obra."-Le respondí.
Automáticamente cogió el boli y le hizo una raya en la esquina a la primera hoja, la apartó e hizo lo mismo con la segunda, le detuve ahogando un grito divertido antes de que siguiese, ni se me ocurrió mirar a la chica rubia que me estaría clavando veinte cuchillos con su mirada de mármol.
-"Vale, vale, escribiré en ellas."
-"Ya no me fío de ti, ahora quiero verte empezar."- Fingí una exagerada cara de indignación, pero sonreí al pensar mi venganza. Saqué mi propio boli del bolsillo, siempre me gustaba estar "armada" y empecé, sabiendo que él leería por encima de mi brazo desde el otro lado de la mesa.
"Ahí estaba aquella chica, frente a él, y a un movimiento de muñeca de ella, todos los que estaban en esa estancia se marcharon por puertas, agujeros y ventanas, como pájaros que alzan el vuelo. Entonces ella se levantó y, a un chasquido de dedos, empezó a sonar una música, lenta pero intensa. Dejó caer la chaqueta y, moviéndose en un baile al ritmo de la canción, empezó a desabrocharse los botones de la camisa, uno a uno..."
Entonces paré y miré a Juan, estaba rojo, y aunque quise poner una cara provocativa, no pude reprimir la risa.
-Tss- Dijo la rubia, anunciando por su tensión que a la próxima tomaría medidas más graves como pedirle a la bibliotecaria que nos echase o algo así, solo me molestó que, en mi fantasía, la bibliotecaria solo me echase a mí, pero luego pensé que era porque a la chica rubia le gustaba Juan, ya que al fin y al cabo era guapo y parecía interesante, y estaba celosa de mí, eso me gustó.
-"Adiós Juan, ha sido un placer, gracias por las hojas."
Rápidamente y con peor letra me respondió.
-"Espera Golondrina, dime tu nombre fuera de la página."
Me levanté y me dirigí a la puerta, a zancadas rápidas, coleccionando miradas, apunto de alcanzarla, me cogió del brazo y me hizo girarme, le tenía cara a cara y aunque estaba disfrutando mucho de aquél juego, algo me decía que si no le contestaba, se iba a enfadar (y yo no quería eso, pero a callar).
- Marta - Mi palabra cruzó el aire y llegó a la aduana de su comprensión, y en lo que se dure en analizar una palabra, le dí un rápido pero buen beso en la mejilla y salí.
Me escondí, al fin y al cabo yo conocía ese sitio y sabía que él tenía que regresar a por sus cosas si decidía salir a perseguirme. Mientras observaba la puerta desde mi escondite, pensé que si no salía, habría sido una despedida para siempre, de alguna forma bella, y si salía... aceptaría seguir jugando, algo en mi interior prefería esta segunda opción y, de haber sido esta opinión persona, la habría matado. Salió, con el abrigo en una mano, la chaqueta malpuesta sobre los hombros, la cartera y todos los papeles que antes estaban sobre la mesa, en la otra. Miró como un bobo en todas direcciones y echó a correr por el pasillo.
Entonces yo sonreí, pero lo hice por estar escondida, fue una de esas sonrisas privadas que nadie debe ver.
Me dirigía a casa fantaseando con que el juego con aquél chico volvería en un par de meses en forma de ofrecimiento de más "hojas mágicas" por su parte o una especie de súplica virtual constante, muy divertida para mí, en la que me pediría que asomase el pie con tacón de cristal por debajo de la puerta. Pero el mensaje que recibí fue muy distinto, decía "la última página".
Saqué de mi mochila la carpeta, y de esta, las hojas. Pasé una a una para no llevarme sorpresas, miraba por detrás y por delante. Finalmente, llegué a la última.
"Este sábado a las seis en el banco del parque", posiblemente, con estos datos nadie hubiese entendido nada, pero él había hecho un dibujo en el resto de la hoja a boli precioso, en el que describía a la perfección un parque, un banco, un par de lugares conocidos de aquél sitio que poder usar como referencias y multitud de detalles.
No conocía ese lugar, pero estaba deseando conocerlo el sábado.
Cuando llegué a la biblioteca, él estaba sentado en la zona "de adultos", no hay que pensar mal, simplemente es que la biblioteca está dividida en niños y adultos. Me daba la espalda, y eso me gustó, no soporto que desde un punto fijo me vean llegar, porque me pongo a pensar en si estoy andando bien y el solo pensarlo, hace que empiece a hacer cosas raras con las piernas.
Rodeé la mesa y me senté en frente, éramos tres, pues había otra chica, me molestó lo interesante que parecía. De alguna manera me decepcionaron dos cosas, la primera fue que no levantase los ojos de sus papeles nada más sentarme, sino en cuanto me notó, unos segundos después, la segunda cosa que me molestó fue que no se le pusiese una enorme sonrisa y le brillasen los ojos, estaba casi serio, y eso me hizo sentirme tonta por haberme sentado frente a él con mi bonita sonrisa. Pensé, para mi pesar, que quizá si que me hubiese gustado gustarle, y que le había malinterpretado, eso me hizo acordarme de cual había sido su excusa... o motivo, para verme. Fui a hablar y, justo antes de empezar, la chica rubia mi calló con unos ojos duros.
-Imbécil- Susurré muy muy bajito y la taché para el resto de mi vida de odiosa.
Mientras esto pasaba, en cuestión de segundos, Juan había sacado un montoncito de post-its de su cartera de cuero y, junto con un boli digno del despacho de un abogado, me lo pasó.
Menuda racha tenía, pues me había vuelto a sentir como una niña frente a los post-its amarillos, el boli y su mirada seria. Cogí el bolígrafo y dudando escribí.
-"No, iba a decir que si lo has traído."
Acercó el mensaje a sí mismo y arrugó un poco la frente, quizá sí que quería verme simplemente y eso había sido un solo excusa, y yo lo había fastidiado todo al decir lo que acababa de decir ya que daba a entender que él no me interesaba, solo lo que me había ofrecido. Estaba empezando a pensar "tierra, trágame" cuando se agachó de nuevo sobre su cartera, apoyada en el suelo, entonces un escalofrío me recorrió toda la espalda mientras pensaba que por qué le daba tantas vueltas a todo lo relacionado con ese chico.
Lo sacó, una carpeta. Esta era bonita, granate, como con mucha clase, pero lo importante es lo que había dentro, ahí estaban, un taco de hojas color crema, de alguna manera eran como muy delicadas. Me pasó el post-it.
-"Perfectas para escribir a mano."
-"Pero es que me da cosa estropearlas, están tan bien... son como para una gran obra."-Le respondí.
Automáticamente cogió el boli y le hizo una raya en la esquina a la primera hoja, la apartó e hizo lo mismo con la segunda, le detuve ahogando un grito divertido antes de que siguiese, ni se me ocurrió mirar a la chica rubia que me estaría clavando veinte cuchillos con su mirada de mármol.
-"Vale, vale, escribiré en ellas."
-"Ya no me fío de ti, ahora quiero verte empezar."- Fingí una exagerada cara de indignación, pero sonreí al pensar mi venganza. Saqué mi propio boli del bolsillo, siempre me gustaba estar "armada" y empecé, sabiendo que él leería por encima de mi brazo desde el otro lado de la mesa.
"Ahí estaba aquella chica, frente a él, y a un movimiento de muñeca de ella, todos los que estaban en esa estancia se marcharon por puertas, agujeros y ventanas, como pájaros que alzan el vuelo. Entonces ella se levantó y, a un chasquido de dedos, empezó a sonar una música, lenta pero intensa. Dejó caer la chaqueta y, moviéndose en un baile al ritmo de la canción, empezó a desabrocharse los botones de la camisa, uno a uno..."
Entonces paré y miré a Juan, estaba rojo, y aunque quise poner una cara provocativa, no pude reprimir la risa.
-Tss- Dijo la rubia, anunciando por su tensión que a la próxima tomaría medidas más graves como pedirle a la bibliotecaria que nos echase o algo así, solo me molestó que, en mi fantasía, la bibliotecaria solo me echase a mí, pero luego pensé que era porque a la chica rubia le gustaba Juan, ya que al fin y al cabo era guapo y parecía interesante, y estaba celosa de mí, eso me gustó.
-"Adiós Juan, ha sido un placer, gracias por las hojas."
Rápidamente y con peor letra me respondió.
-"Espera Golondrina, dime tu nombre fuera de la página."
Me levanté y me dirigí a la puerta, a zancadas rápidas, coleccionando miradas, apunto de alcanzarla, me cogió del brazo y me hizo girarme, le tenía cara a cara y aunque estaba disfrutando mucho de aquél juego, algo me decía que si no le contestaba, se iba a enfadar (y yo no quería eso, pero a callar).
- Marta - Mi palabra cruzó el aire y llegó a la aduana de su comprensión, y en lo que se dure en analizar una palabra, le dí un rápido pero buen beso en la mejilla y salí.
Me escondí, al fin y al cabo yo conocía ese sitio y sabía que él tenía que regresar a por sus cosas si decidía salir a perseguirme. Mientras observaba la puerta desde mi escondite, pensé que si no salía, habría sido una despedida para siempre, de alguna forma bella, y si salía... aceptaría seguir jugando, algo en mi interior prefería esta segunda opción y, de haber sido esta opinión persona, la habría matado. Salió, con el abrigo en una mano, la chaqueta malpuesta sobre los hombros, la cartera y todos los papeles que antes estaban sobre la mesa, en la otra. Miró como un bobo en todas direcciones y echó a correr por el pasillo.
Entonces yo sonreí, pero lo hice por estar escondida, fue una de esas sonrisas privadas que nadie debe ver.
Me dirigía a casa fantaseando con que el juego con aquél chico volvería en un par de meses en forma de ofrecimiento de más "hojas mágicas" por su parte o una especie de súplica virtual constante, muy divertida para mí, en la que me pediría que asomase el pie con tacón de cristal por debajo de la puerta. Pero el mensaje que recibí fue muy distinto, decía "la última página".
Saqué de mi mochila la carpeta, y de esta, las hojas. Pasé una a una para no llevarme sorpresas, miraba por detrás y por delante. Finalmente, llegué a la última.
"Este sábado a las seis en el banco del parque", posiblemente, con estos datos nadie hubiese entendido nada, pero él había hecho un dibujo en el resto de la hoja a boli precioso, en el que describía a la perfección un parque, un banco, un par de lugares conocidos de aquél sitio que poder usar como referencias y multitud de detalles.
No conocía ese lugar, pero estaba deseando conocerlo el sábado.
martes, 4 de marzo de 2014
Hoy resulta
Hoy resulta que todo el mundo ha escrito, y resulta que no me puedo excusar. No tenía mucho trabajo, tenía inspiración, tenía de hecho el recuerdo de la noche pasada del principio de una historia, una en la que le daría vida, que mal suena la expresión, como a revivir, a una chica joven que... no os lo voy a contar, no así, no sin historia. Bueno, que tenía esa historia y una frase para justificar el por qué de que fuese una chica.
Hoy resulta que todo el mundo ha escrito, una en su rincón ha escrito reflexiones de las que me dejan pensando y que me invento entender para no ver que no entiendo y caer en la pregunta sin respuesta. Otra ha escrito sobre lo que ayer me iba a proponer y yo, desagradecido y sucio, aun no lo he leído, pero lo leeré. Por último también ha escrito la chica de cabellera roja a la que siempre he visto de lejos y que mañana me enseñará su nuevo capítulo.
Y aquí estoy yo, escribiendo sobre que no he escrito y pensando que es curioso que esas tres personas sean chicas. Me gustaría leer a chicos, pero no encuentro, solo cuatro, dos escribían demasiado esporádicamente y dos eran tan arrogantes que no hubiese leído a gusto o les habría estrangulado, probablemente lo segundo. Luego pienso en que una de las chicas jamás me mencionará, otra debería hacer un libro y la otra... la otra, con perdón, es un poco ilusa y no sabe lo que se, y creo que es porque ni siquiera se ha planteado que es que hay algo que no sabe.
Yo que sé.
Está bien esa frase, ahora mismo resume a mis ojos cansado que me dicen que debía estar en la cama hace media hora y, aunque parezca que no, antes de acostarse cada minuto cuenta, aunque mucho más al levantarse.
Algún día os contaré mi rutina peleona.
Hoy resulta que todo el mundo ha escrito.
Hoy resulta que todo el mundo ha escrito, una en su rincón ha escrito reflexiones de las que me dejan pensando y que me invento entender para no ver que no entiendo y caer en la pregunta sin respuesta. Otra ha escrito sobre lo que ayer me iba a proponer y yo, desagradecido y sucio, aun no lo he leído, pero lo leeré. Por último también ha escrito la chica de cabellera roja a la que siempre he visto de lejos y que mañana me enseñará su nuevo capítulo.
Y aquí estoy yo, escribiendo sobre que no he escrito y pensando que es curioso que esas tres personas sean chicas. Me gustaría leer a chicos, pero no encuentro, solo cuatro, dos escribían demasiado esporádicamente y dos eran tan arrogantes que no hubiese leído a gusto o les habría estrangulado, probablemente lo segundo. Luego pienso en que una de las chicas jamás me mencionará, otra debería hacer un libro y la otra... la otra, con perdón, es un poco ilusa y no sabe lo que se, y creo que es porque ni siquiera se ha planteado que es que hay algo que no sabe.
Yo que sé.
Está bien esa frase, ahora mismo resume a mis ojos cansado que me dicen que debía estar en la cama hace media hora y, aunque parezca que no, antes de acostarse cada minuto cuenta, aunque mucho más al levantarse.
Algún día os contaré mi rutina peleona.
Hoy resulta que todo el mundo ha escrito.
lunes, 3 de marzo de 2014
Bienvenido a mi caos.
-Pásame otra- Y desde la cocina me lanzó una lata de cerveza que pillé al vuelo, abrí y bebí un trago.
Nunca me había gustado la cerveza, fumar ni nada relacionado con el sexo, de hecho despreciaba todas estas cosas, pero como se esperaba de mí que las abrazase y tomase en mi vida, lo hacía.
-Vamos fuera-Me dijo
Y él saltando el sofá y yo levantándome de un salto, ambos muy enérgicos, nos deslizamos por la puerta. La calle estaba fría ¿o era el aire? mientras trotábamos, haciendo de todo algo nuestro, se me ocurrió la metáfora de que la contaminación de la ciudad, era su bufanda, y luego se me ocurrió añadirle "por darle calor y acabar asfixiándola".
Billy el Casiloco, que en otras historias en las que no estaba desenfrenado se llamaba Ernesto, se había convertido en un peligro público, de hecho una vez le regalé una placa diciendo eso, la placa la hacían en una tiendecita cerca de donde estaba mi antiguo trabajo, cuando tenía uno, y él... a él no lo hizo nadie, se perdió solo, cuando perdió a dos amigos que tuvo antes que yo, y dos amores que, claramente, tampoco fui yo. Ahora Billy vagaba saltando por ciudades ajenas, ejerciendo de Superhombre para Nietzsche, robando letras de canciones, viviendo la vida de tal manera que lo más excitante se convirtiese en aburrido y, como estaba haciendo en ese mismo momento, haciendo buenos actos, ahora dejó de correr, y ayudó a una anciana a cruzar la calle, dos calles más allá rompió el escaparate de una tienda de animales y, mientras interpretaba el papel de una obra de teatro que él mismo había escrito, los liberó a todos. Pobres animales, pensé robando una gorra y poniéndomela en el pecho con gesto muy trágico, ahora, en libertad, solo les espera ser capturados de nuevo, morir o ser libres.
-¡Libres!- Gritamos Billy y yo a la vez.
¿Qué era yo para Billy? Esa era la pregunta que me hacía cada despertar, después del "¿Qué he soñado hoy?", y la misma que me hacía antes de acostarme cada noche y mientras me lavaba los dientes. Solía pensar que era un instrumento, un medio para un fin, pero, siendo sincero, esto lo pensaba para no desanimarme si algún día una trágica verdad llegaba a mí, la verdad es que siempre he pensado que soy lo más parecido que tiene a un amigo, el es raro, y por eso me trata de rara manera.
Ahora, en un ejercicio de sinceridad digno de dioses y reyes os diré que ni Billy ni yo, que claramente soy medio-copia de él, somos originales, No, no lo somos. Vemos películas, en el cine, en la televisión, en los bares, en el móvil, en casa del vecino usando prismáticos y en las tiendas de televisores y esto, amigos míos, es lo que nos hace ser, copiamos a las películas, a sus personajes, sus frases, sus músicas, sus intrigas, sus títulos y sus géneros ¡para narrar esto estoy copiando a once narradores!
-¡Viva el caos organizado!- Empieza a gritar Billy, y yo termino el grito acompañándole.
¡No hagan caso a los mentirosos! Nunca hemos hecho nada malo, y, como ahora mismo, en mi mente, la maldad es subjetiva ¡Estoy en lo cierto!
Les contaré otra confesión, que hoy me siento alegre, por respirar, por vivir, se la contaré, si señor. En otro tiempo me dedicaba a despertar a la gente, lo solía hacer enseñándoles y animándoles a escribir, pero también instándoles a saltar, a bailar, a salir a la calle y gritar, a hacer lo que de verdad quisiesen ¡Y qué error cometí! ¡Monté una revolución! Menos mal que solo fue en una ciudad y que un ejército la aplacó, porque, entre la felicidad de todos, yo era infeliz. Descubrí que el mundo debe seguir siendo gris para que mi interior brille y yo sonría, así que ahora solo a unos pocos ayudo, el resto que se obcequen en cavar sus tumbas, pero que me dejen la calle libre.
-Volvamos a casa- No me sugiere, me ordena, Billy, y yo me enfado, había construido todas esas ideas escuchando las cuatro estaciones de Vivaldi y él me ha quitado la música.
Mientras me voy, mientras me estoy yendo, giro la cabeza y guiño el ojo a la cámara por la que me ve un tal escritor y le prometo que si tres personas le piden que siga mi historia, más le mostraré y contaré.
¿Fin?
Nunca me había gustado la cerveza, fumar ni nada relacionado con el sexo, de hecho despreciaba todas estas cosas, pero como se esperaba de mí que las abrazase y tomase en mi vida, lo hacía.
-Vamos fuera-Me dijo
Y él saltando el sofá y yo levantándome de un salto, ambos muy enérgicos, nos deslizamos por la puerta. La calle estaba fría ¿o era el aire? mientras trotábamos, haciendo de todo algo nuestro, se me ocurrió la metáfora de que la contaminación de la ciudad, era su bufanda, y luego se me ocurrió añadirle "por darle calor y acabar asfixiándola".
Billy el Casiloco, que en otras historias en las que no estaba desenfrenado se llamaba Ernesto, se había convertido en un peligro público, de hecho una vez le regalé una placa diciendo eso, la placa la hacían en una tiendecita cerca de donde estaba mi antiguo trabajo, cuando tenía uno, y él... a él no lo hizo nadie, se perdió solo, cuando perdió a dos amigos que tuvo antes que yo, y dos amores que, claramente, tampoco fui yo. Ahora Billy vagaba saltando por ciudades ajenas, ejerciendo de Superhombre para Nietzsche, robando letras de canciones, viviendo la vida de tal manera que lo más excitante se convirtiese en aburrido y, como estaba haciendo en ese mismo momento, haciendo buenos actos, ahora dejó de correr, y ayudó a una anciana a cruzar la calle, dos calles más allá rompió el escaparate de una tienda de animales y, mientras interpretaba el papel de una obra de teatro que él mismo había escrito, los liberó a todos. Pobres animales, pensé robando una gorra y poniéndomela en el pecho con gesto muy trágico, ahora, en libertad, solo les espera ser capturados de nuevo, morir o ser libres.
-¡Libres!- Gritamos Billy y yo a la vez.
¿Qué era yo para Billy? Esa era la pregunta que me hacía cada despertar, después del "¿Qué he soñado hoy?", y la misma que me hacía antes de acostarme cada noche y mientras me lavaba los dientes. Solía pensar que era un instrumento, un medio para un fin, pero, siendo sincero, esto lo pensaba para no desanimarme si algún día una trágica verdad llegaba a mí, la verdad es que siempre he pensado que soy lo más parecido que tiene a un amigo, el es raro, y por eso me trata de rara manera.
Ahora, en un ejercicio de sinceridad digno de dioses y reyes os diré que ni Billy ni yo, que claramente soy medio-copia de él, somos originales, No, no lo somos. Vemos películas, en el cine, en la televisión, en los bares, en el móvil, en casa del vecino usando prismáticos y en las tiendas de televisores y esto, amigos míos, es lo que nos hace ser, copiamos a las películas, a sus personajes, sus frases, sus músicas, sus intrigas, sus títulos y sus géneros ¡para narrar esto estoy copiando a once narradores!
-¡Viva el caos organizado!- Empieza a gritar Billy, y yo termino el grito acompañándole.
¡No hagan caso a los mentirosos! Nunca hemos hecho nada malo, y, como ahora mismo, en mi mente, la maldad es subjetiva ¡Estoy en lo cierto!
Les contaré otra confesión, que hoy me siento alegre, por respirar, por vivir, se la contaré, si señor. En otro tiempo me dedicaba a despertar a la gente, lo solía hacer enseñándoles y animándoles a escribir, pero también instándoles a saltar, a bailar, a salir a la calle y gritar, a hacer lo que de verdad quisiesen ¡Y qué error cometí! ¡Monté una revolución! Menos mal que solo fue en una ciudad y que un ejército la aplacó, porque, entre la felicidad de todos, yo era infeliz. Descubrí que el mundo debe seguir siendo gris para que mi interior brille y yo sonría, así que ahora solo a unos pocos ayudo, el resto que se obcequen en cavar sus tumbas, pero que me dejen la calle libre.
-Volvamos a casa- No me sugiere, me ordena, Billy, y yo me enfado, había construido todas esas ideas escuchando las cuatro estaciones de Vivaldi y él me ha quitado la música.
Mientras me voy, mientras me estoy yendo, giro la cabeza y guiño el ojo a la cámara por la que me ve un tal escritor y le prometo que si tres personas le piden que siga mi historia, más le mostraré y contaré.
¿Fin?
domingo, 2 de marzo de 2014
En mi querido tren.
Volvían tres amigos, no de un país lejano, sino de una ciudad cercana, y volvían en tren.
Dos estaban tremendamente cansados, uno por temas personales y el otro por estar malo, además de lo que cansa ir por allí y luego para allá. El tercero no se sabe muy bien como estaba, seguramente bien, se habría aburrido algo, pero no se lo había pasado mal.
Un cansado y el que estuvo aburrido empezaron a hablar, como no me acuerdo de qué, me lo invento.
-Como molan los átomos y esas cosas de ciencias que hacemos.
-Ya te digo, ¿te he contado alguna vez el experimento de las dos rendijas y el teorema de incertidumbre?
-Si... hace un rato.
Y claro, como el otro cansado, el que no estaba en la conversación, no sabía de ciencias por ser de ciencias... sociales, no entendía nada, así que preguntaba.
-Oye, contadme otra vez eso de que los protones no dan vueltas sino que se mueven por probabilidad o algo así- Y descubrió, fascinado, que debía hablar muy bajo o algo así, porque no parecían oírle, no le contestaban.
-Como molamos los de ciencias.
-Si, nuestras matemáticas son mucho más difíciles pero aun así fardamos, como si molase estudiar más.
Entonces fue cuando el incomprendido cansado, al ver que daba igual lo que dijese, se puso a contar historias.
-¿Sabéis que hace poco abracé a un delfín azul?
-Y el chico ese de nuestra clase que está de un pesado con una chica.
-Y el otro día atraqué al presidente
-Es que sí, además de obsesionado vive en su mundo.
-¿Os imagináis un mundo en el que todos fuesen mimos?
-Y encima me habla el otro día para decirme "ya he terminado de estudiar mates, me voy a echar una siesta jaja"
-Sería divertido empezar a robar pequeñas cosas, botones, tizas, chinchetas, un zapato, muchos tornillos, pilas, algún cristal, algunos coches, tuberías, quizá un par de personas... y ver como se vuelve loco el mundo sin las pequeñas cosas.
-Y también es eso, dice que estudia mucho pero luego las suspende todas.
-¿Qué os parece la chica con la que he bailado hoy? Ya sé que la conocíamos, pero la he visto con otros ojos...
-El otro día me dijo que había estado cinco horas en la biblioteca.
-Sería curioso, quizá le diga algo, no querría una relación seria pero si vernos a veces y tal, además, recuperaría mi querido Renfe, aunque en distancias más cortas.
-Ya estamos llegando.
Y de repente el tren paró, y en ese preciso segundo que todo quedó en silencio, el chico que había dicho alguna cosa cierta y alguna que no, mezcló ambas y exclamó.
-¡Creo que la quiero!
Que miradas le echaron, menos mal que habían llegado, "estos de ciencias están locos" murmuró, y al salir del tren volvieron a su conversación, sobre lo mucho que tenían que estudiar, sobre aquél pesado y sobre las curiosas reacciones químicas y sus fórmulas hipercomplejas. El cansado marginado pensó en que pasaría si asaltaba a aquella chica con la que se estaban cruzando, la de la bufanda roja, y le contaba lo que les había contado aquellos dos, probablemente la enamoraría sin solución, así que mejor no lo hacía.
Dos estaban tremendamente cansados, uno por temas personales y el otro por estar malo, además de lo que cansa ir por allí y luego para allá. El tercero no se sabe muy bien como estaba, seguramente bien, se habría aburrido algo, pero no se lo había pasado mal.
Un cansado y el que estuvo aburrido empezaron a hablar, como no me acuerdo de qué, me lo invento.
-Como molan los átomos y esas cosas de ciencias que hacemos.
-Ya te digo, ¿te he contado alguna vez el experimento de las dos rendijas y el teorema de incertidumbre?
-Si... hace un rato.
Y claro, como el otro cansado, el que no estaba en la conversación, no sabía de ciencias por ser de ciencias... sociales, no entendía nada, así que preguntaba.
-Oye, contadme otra vez eso de que los protones no dan vueltas sino que se mueven por probabilidad o algo así- Y descubrió, fascinado, que debía hablar muy bajo o algo así, porque no parecían oírle, no le contestaban.
-Como molamos los de ciencias.
-Si, nuestras matemáticas son mucho más difíciles pero aun así fardamos, como si molase estudiar más.
Entonces fue cuando el incomprendido cansado, al ver que daba igual lo que dijese, se puso a contar historias.
-¿Sabéis que hace poco abracé a un delfín azul?
-Y el chico ese de nuestra clase que está de un pesado con una chica.
-Y el otro día atraqué al presidente
-Es que sí, además de obsesionado vive en su mundo.
-¿Os imagináis un mundo en el que todos fuesen mimos?
-Y encima me habla el otro día para decirme "ya he terminado de estudiar mates, me voy a echar una siesta jaja"
-Sería divertido empezar a robar pequeñas cosas, botones, tizas, chinchetas, un zapato, muchos tornillos, pilas, algún cristal, algunos coches, tuberías, quizá un par de personas... y ver como se vuelve loco el mundo sin las pequeñas cosas.
-Y también es eso, dice que estudia mucho pero luego las suspende todas.
-¿Qué os parece la chica con la que he bailado hoy? Ya sé que la conocíamos, pero la he visto con otros ojos...
-El otro día me dijo que había estado cinco horas en la biblioteca.
-Sería curioso, quizá le diga algo, no querría una relación seria pero si vernos a veces y tal, además, recuperaría mi querido Renfe, aunque en distancias más cortas.
-Ya estamos llegando.
Y de repente el tren paró, y en ese preciso segundo que todo quedó en silencio, el chico que había dicho alguna cosa cierta y alguna que no, mezcló ambas y exclamó.
-¡Creo que la quiero!
Que miradas le echaron, menos mal que habían llegado, "estos de ciencias están locos" murmuró, y al salir del tren volvieron a su conversación, sobre lo mucho que tenían que estudiar, sobre aquél pesado y sobre las curiosas reacciones químicas y sus fórmulas hipercomplejas. El cansado marginado pensó en que pasaría si asaltaba a aquella chica con la que se estaban cruzando, la de la bufanda roja, y le contaba lo que les había contado aquellos dos, probablemente la enamoraría sin solución, así que mejor no lo hacía.
Entrada diaria.
En el juicio, Tomas Elmalo confesó todos sus crímenes, y no solo eso, también dio por fin la información de donde estaba la secuestrada señorita Eva, esta estaba atada una roca en mitad del océano. Raudos como personas raudas, Juan, Bechamel y Dordol corrieron a su busca. El primero iba en un barquito, el segundo en un extraño aparato volador, abuelo de los aviones, y el tercero en un submarino de latón. Convirtieron la búsqueda en una carrera, y encontrar a Eva pasó a ser otro objetivo y no el objetivo.
Cuando al fin la encontraron, lo hicieron a la vez, y decidieron desatarla y que ella eligiese con quien irse. Solo Juan había pensado por qué Tomas Elmalo la había llevado tan lejos, pero había pensado poco en ello. Al desatarla, Eva se lanzó al mar, ignorándoles, donde apareció una sirena que le cogió en brazos. Pobres hombres, que ella, era lesbiana.
Cuando al fin la encontraron, lo hicieron a la vez, y decidieron desatarla y que ella eligiese con quien irse. Solo Juan había pensado por qué Tomas Elmalo la había llevado tan lejos, pero había pensado poco en ello. Al desatarla, Eva se lanzó al mar, ignorándoles, donde apareció una sirena que le cogió en brazos. Pobres hombres, que ella, era lesbiana.
viernes, 28 de febrero de 2014
No-Título
No más tristeza, y aunque esta vaya a volver, por un tiempo me mantendré en el limbo de la extrañeza. Miraré a la gente, oh sí, os voy a mirar a todos. En el metro, además de mirar los zapatos de la gente, como en clase, miraré un poco más las caras, y creo que les empezaré a asignar historias, pero no las normales, carentes de todo, sino historias absurdas. También querría cumplir lo de tomar algunos datos de personas desconocidas y escribir sobre sus vidas, aunque esto, si lo hago, probablemente se lo haga llegar a través del viento, que hoy hace mucho, a la bruja de los ratones. También, quizá, utilice a la gente, les pare por la calle si les veo sin prisa y malas pulgas, y les diga, sin dejarles hablar, cómo es su vida, y las cosas que les imagino. La verdad es que es una pena no tener ya lugares en Muy Lejano a los que viajar. Me gustaba leer en Renfe, me gustaba imaginarme tumbado en el suelo esperando el tren, como si estuviese en un cama, dibujando, leyendo o escribiendo. Quería tener el blog algo ordenado y limpio, más o menos como está ahora, para inventarme citas en papelitos, seguidas de la dirección del mismo, y dejarlos en los asientos, para que algunos fuesen leídos. Me hubiese gustado recitar actuando alguna de mis frases de teatro como "(con voz grave)En esto veo, Melibea, la grandeza de Dios (con voz de pito) ¿En qué Calisto? (de nuevo voz grave) En dar poder a la naturaleza para que de tan perfecta hermosura te dotase, y en hacerme a mi, in mérito, tanta virtud que verte alcanzase...etc y eso"
Pero ¿Qué puedo hacer ahora que no tengo Renfe? Fácil, comprar alguna especie asiática que te haga toser y sonreír, e ir echándoselo a las situaciones más sórdidas de la vida, un momento, ¿Es "sórdido" la palabra que quiero? creo que no, pero suena bien, la cambiaré por "aburridas" o algo así.
A partir de ahora creo que más de uno va a pensar que estoy loco, pero si todo sale bien, no me importará la opinión de la mayor parte de la gente.
PD: Adoro cuando una película empieza con la voz de un narrador. Ponerme un poco de narrador diseminado por una película y esta me gustará... probablemente.
Un beso que echo al aire, va para las personas a las que he hecho daño, las especiales, los enemigos y para el resto de personas, para todo el mundo, vamos. (Juro solemnemente que esto último no lo quería poner y ha tomado forma, así que perdonen a mi cabeza, mis manos, mi alma o lo que quiera que haya sido el responsable).
Pero ¿Qué puedo hacer ahora que no tengo Renfe? Fácil, comprar alguna especie asiática que te haga toser y sonreír, e ir echándoselo a las situaciones más sórdidas de la vida, un momento, ¿Es "sórdido" la palabra que quiero? creo que no, pero suena bien, la cambiaré por "aburridas" o algo así.
A partir de ahora creo que más de uno va a pensar que estoy loco, pero si todo sale bien, no me importará la opinión de la mayor parte de la gente.
PD: Adoro cuando una película empieza con la voz de un narrador. Ponerme un poco de narrador diseminado por una película y esta me gustará... probablemente.
Un beso que echo al aire, va para las personas a las que he hecho daño, las especiales, los enemigos y para el resto de personas, para todo el mundo, vamos. (Juro solemnemente que esto último no lo quería poner y ha tomado forma, así que perdonen a mi cabeza, mis manos, mi alma o lo que quiera que haya sido el responsable).
Crisis en el despacho Oval
-Señor, tenemos un problema.
-¿Cuál?
-En una fiesta de cumpleaños, un chico ha pedido un deseo justo antes de soplar las velas..
-Es lo normal ¿no?
-Sí, pero lo que ocurre es que las ha apagado todas, de una sola vez y aun así, una apagada, estaba encendida.
-¡Cómo puede ser eso!
-Apagó la llama, pero aun así había una especie de combustión interna.
-Cielo santo...- El presidente se llevó la frente a la mano -Esto es horrible...
-Señor, aun hay más, el chico, al ver que así seguía la vela, sopló más.
-¡¿Y qué pasó?!
-Pues que la mecha de la vela se empezó a consumir más rápido.
-¿Y?
-Pues que en esa casa las velas se encienden un momento, se soplan y se guardan para el día siguiente cumpleaños.
-¿Entonces dejó de soplar?
-Si.
-Es el caso más difícil al que nos hemos enfrentado.
Entró corriendo un hombre en la habitación y le dijo algo al oído del hombre que estaba de pie frente al presidente.
-Vaya, parece que la vela se ha apagado al fin.
Lo que nadie sabía es si al tardar tanto la vela en apagarse, el deseo se cumpliría o no.
-¿Cuál?
-En una fiesta de cumpleaños, un chico ha pedido un deseo justo antes de soplar las velas..
-Es lo normal ¿no?
-Sí, pero lo que ocurre es que las ha apagado todas, de una sola vez y aun así, una apagada, estaba encendida.
-¡Cómo puede ser eso!
-Apagó la llama, pero aun así había una especie de combustión interna.
-Cielo santo...- El presidente se llevó la frente a la mano -Esto es horrible...
-Señor, aun hay más, el chico, al ver que así seguía la vela, sopló más.
-¡¿Y qué pasó?!
-Pues que la mecha de la vela se empezó a consumir más rápido.
-¿Y?
-Pues que en esa casa las velas se encienden un momento, se soplan y se guardan para el día siguiente cumpleaños.
-¿Entonces dejó de soplar?
-Si.
-Es el caso más difícil al que nos hemos enfrentado.
Entró corriendo un hombre en la habitación y le dijo algo al oído del hombre que estaba de pie frente al presidente.
-Vaya, parece que la vela se ha apagado al fin.
Lo que nadie sabía es si al tardar tanto la vela en apagarse, el deseo se cumpliría o no.
miércoles, 26 de febrero de 2014
Polvo.
Ante el caos en el que se había convertido su vida, creó una casa en su imaginación y la perfeccionó durante meses. Sí la hizo grande, y a las afueras, pero para nada era bonita. Creó lo que en otro tiempo fue una mansión, pero dejó que el tiempo la tomase y se sucumbiese a la anarquía de las plantas.
Cuando un día el suicidio saludó como posibilidad, no lo dudó, cogió del perchero la chaqueta y un nombre falso, Biecen Torson, y en coche se dirigió al número 25 de ninguna parte. Supo dónde era, pues había dedicado un par de días a imaginar los alrededores.
La casa era perfecta, aterradoramente perfecta. Por si acaso, antes de entrar, creó a dos muchachos, no con mucha gana, pues a uno hasta se le olvidó ponerle una oreja. Los llamó David y Davicín, al primero le dio un arma y le dijo que esperase fuera y al otro lo hizo chiquitito y se lo metió en un bolsillo de la chaqueta. Y entonces, entró.
Durante los primeros pasos, la oscuridad era total, pero llegó un momento en el que cada zancada aclaraba un poco la sala y su cabeza y así, después de andar mucho, se encontraba mejor y estaba en un bonito salón. Una mujer rubia le quitó la chaqueta desde detrás y se la llevó de la sala y enfrente de él apareció un hombre con un polo verde.
-Siéntate- Y su sonrisa fue la más cálida nunca antes vista.
Le sirvieron bebidas varias y unos trozos de pastel bastante jugoso. Además de la mujer rubia y el hombre de polo verde, también apareció una adolescente vestida de negro y con los ojos pintados, una anciana con un vestido de flores y un hombre muy atractivo con traje.
Llegó un momento en el que empezaron a aparecer todas las personas de su imaginación, pero solo pudo fijarse, con lágrimas en los ojos, de los primeros a los que había creado, Juan el Pepe, Jimy Ferlopez, Eustaquio Peluda, Jimfor Ever y los tres caballo-unicornios, Sispir, Chimenea Ardiendo y el tercero, del que nunca se acordaba del nombre, pero tenía algo que ver con el agua.
Las cuatro veces que Biecen Torson se disculpó diciendo que ya era tarde y que debía marcharse, la mujer rubia le cogió suavemente de los hombros y le sentó.
Pasó el tiempo y encontró el amor, amigos, tranquilidad, felicidad...
Pero un día... La puerta por la que una vez entró, la del salón, se abrió de un portazo y entró Davicín, empapado en sudor y sangre y gritó
-¡¡¡Es una trampa!!!
A la mujer rubia se le abrieron los ojos de manera descomunal
-¡Quién es ese!- Y mientras lo decía, su tono de voz cambió volviéndose muy grave.
Biecen Torson notó que todo empezaba a cambiar, la adolescente de negro se agachó y empezó a jugar con juguetes de niño pequeño, la anciana comenzó a reír a carcajadas y el hombre de traje, sentándose a su lado, envejeció cincuenta años de golpe. El hombre del polo verde vació de un trago su taza de té, cogió otra y la acabó de un trago y tras esto empezó a beber directamente de la tetera. El resto de sus nuevos amigos desaparecieron por una puerta. Entonces, la mujer rubia mutó, sus uñas crecieron, se le alargaron los colmillos y sus ojos se hicieron verdes brillantes. Davicín corrió hasta la puerta por la que todos se habían marchado y luchó con el picaporte, pero hasta allí llegó de un salto la mujer rubia, que de un rápido movimiento con la mano, le sesgó la garganta, dejando una línea roja en la pared. Ahora que ella le daba la espalda, Biecen Torson supo que sería su única posibilidad, salió por donde una vez entró y se puso a correr. Aunque se internó en la oscuridad y oía a la mujer rubia gritar cerca de él, en alguna parte, no se dio la vuelta. Finalmente chocó contra algo y le abrió la puerta a la luz. Al salir sí se dio la vuelta y vio cómo la casa se derrumbaba frente a él, convirtiéndose en polvo.
Estaba a punto de darse la vuelta cuando de los escombros salió gritando la mujer rubia, abalanzándose sobre él... Un sonido hueco y a la mujer, aun en el aire, se le destensó la cara y le apareció un resplandeciente punto rojo en la frente. Al caer al suelo, sus rasgos volvieron a la normalidad. Asombrado, Biecen Torson se dio la vuelta para descubrir a David, con el arma aun humeante en brazos. Apenas sin gesticular, este le dijo.
-¿Qué? ¿Nos vamos?
Cuando un día el suicidio saludó como posibilidad, no lo dudó, cogió del perchero la chaqueta y un nombre falso, Biecen Torson, y en coche se dirigió al número 25 de ninguna parte. Supo dónde era, pues había dedicado un par de días a imaginar los alrededores.
La casa era perfecta, aterradoramente perfecta. Por si acaso, antes de entrar, creó a dos muchachos, no con mucha gana, pues a uno hasta se le olvidó ponerle una oreja. Los llamó David y Davicín, al primero le dio un arma y le dijo que esperase fuera y al otro lo hizo chiquitito y se lo metió en un bolsillo de la chaqueta. Y entonces, entró.
Durante los primeros pasos, la oscuridad era total, pero llegó un momento en el que cada zancada aclaraba un poco la sala y su cabeza y así, después de andar mucho, se encontraba mejor y estaba en un bonito salón. Una mujer rubia le quitó la chaqueta desde detrás y se la llevó de la sala y enfrente de él apareció un hombre con un polo verde.
-Siéntate- Y su sonrisa fue la más cálida nunca antes vista.
Le sirvieron bebidas varias y unos trozos de pastel bastante jugoso. Además de la mujer rubia y el hombre de polo verde, también apareció una adolescente vestida de negro y con los ojos pintados, una anciana con un vestido de flores y un hombre muy atractivo con traje.
Llegó un momento en el que empezaron a aparecer todas las personas de su imaginación, pero solo pudo fijarse, con lágrimas en los ojos, de los primeros a los que había creado, Juan el Pepe, Jimy Ferlopez, Eustaquio Peluda, Jimfor Ever y los tres caballo-unicornios, Sispir, Chimenea Ardiendo y el tercero, del que nunca se acordaba del nombre, pero tenía algo que ver con el agua.
Las cuatro veces que Biecen Torson se disculpó diciendo que ya era tarde y que debía marcharse, la mujer rubia le cogió suavemente de los hombros y le sentó.
Pasó el tiempo y encontró el amor, amigos, tranquilidad, felicidad...
Pero un día... La puerta por la que una vez entró, la del salón, se abrió de un portazo y entró Davicín, empapado en sudor y sangre y gritó
-¡¡¡Es una trampa!!!
A la mujer rubia se le abrieron los ojos de manera descomunal
-¡Quién es ese!- Y mientras lo decía, su tono de voz cambió volviéndose muy grave.
Biecen Torson notó que todo empezaba a cambiar, la adolescente de negro se agachó y empezó a jugar con juguetes de niño pequeño, la anciana comenzó a reír a carcajadas y el hombre de traje, sentándose a su lado, envejeció cincuenta años de golpe. El hombre del polo verde vació de un trago su taza de té, cogió otra y la acabó de un trago y tras esto empezó a beber directamente de la tetera. El resto de sus nuevos amigos desaparecieron por una puerta. Entonces, la mujer rubia mutó, sus uñas crecieron, se le alargaron los colmillos y sus ojos se hicieron verdes brillantes. Davicín corrió hasta la puerta por la que todos se habían marchado y luchó con el picaporte, pero hasta allí llegó de un salto la mujer rubia, que de un rápido movimiento con la mano, le sesgó la garganta, dejando una línea roja en la pared. Ahora que ella le daba la espalda, Biecen Torson supo que sería su única posibilidad, salió por donde una vez entró y se puso a correr. Aunque se internó en la oscuridad y oía a la mujer rubia gritar cerca de él, en alguna parte, no se dio la vuelta. Finalmente chocó contra algo y le abrió la puerta a la luz. Al salir sí se dio la vuelta y vio cómo la casa se derrumbaba frente a él, convirtiéndose en polvo.
Estaba a punto de darse la vuelta cuando de los escombros salió gritando la mujer rubia, abalanzándose sobre él... Un sonido hueco y a la mujer, aun en el aire, se le destensó la cara y le apareció un resplandeciente punto rojo en la frente. Al caer al suelo, sus rasgos volvieron a la normalidad. Asombrado, Biecen Torson se dio la vuelta para descubrir a David, con el arma aun humeante en brazos. Apenas sin gesticular, este le dijo.
-¿Qué? ¿Nos vamos?
martes, 25 de febrero de 2014
venganza y joyas
Eran dos hombres los que se acercaban a la casa por detrás, uno parecía inseguro, se llamaba A. El otro, al que se le había ocurrido el robo tiempo atrás, estaba momentáneamente distraído, pero más seguro en el fondo, se encontraba en una de esas situaciones en las que debes defender tu causa hasta que todo haya caído, se llama M.
¿Por qué uno se llamaba y el otro se llama? Fácil, porque uno está muerto y el otro no.
Llegaron a la puerta de la parte trasera que estaba abierta, lo cual no era raro, y sin vigilar, lo cual sí lo era a no ser que supieses, como sabían A y M, que O estaba compinchado con ellos y esa noche curiosamente no aparecería en su lugar de trabajo.
Elizabeth, que por las horas que eran ya estaba en bata roja, peinaba sus rizos con parsimonia frente al espejo del baño. Antón bebía y fumaba productos caros en el salón, con los pies en uno de esos apoyadores de pies. Macúo, el mayordomo, terminaba de secar el último plato de la vajilla y pensaba en preguntar al señor si le apetecía ser acompañado, pues le apetecía bastante beber.
Macúo se giró al tiempo que dos hombres vestidos de maneras bastante extrañas entraban por la puerta del servicio. El primero de ellos se sorprendió al verle y le apuntó con una pistola.
-¡Alto!-Exclamó
Macúo, veloz, desapareció por una puerta.
-¿Qué pasa aquí?- Era Antón, aun con el vaso en una mano y el puro en la otra.
Sin pausas ni tonterías, el arma de M disparó, volándole los sesos.
¿Sorprendente verdad? Digo la sangre, la rapidez y el disparo innecesario, pues se debe a que a O le conocían ¿no? pues le conocían porque M había sido su compañero, y fue despedido por Antón, después de meses de insultos. M no tenía mucha empatía que digamos.
-Aaahh-Apareció Macúo, como loco, con una espada de varios siglos atrás sobre su cabeza.
Esta vez fue el arma de A la que abrió fuego, y ante la indisposición de Macúo a morir, disparó tres veces.
Abrían cajas pequeñas buscando cosas de valor, fáciles de llevar.
A subió al segundo piso, pasando al lado de una mesilla presidida por la foto del viejo tío R, y entró en el baño. Murió dulcemente, pues ni vio a Elizabeth, ni a su cuchillo, no vio nada.
M huyó corriendo, venganza y joyas ¿Qué más se puede pedir? Yo le esperaba en la camioneta con el motor en marcha, arranqué a su "corre corre". Mientras nos alejábamos pensé que qué curioso, Juntando los nombres de mi compañero, el otro muerto, el de la foto y el vigilante, salía la palabra AMOR, que curioso, si, también pensé en escribir lo sucedido y me había gustado lo de "venganza y joyas".
He de decir que estoy muy descontento con este escrito.
¿Por qué uno se llamaba y el otro se llama? Fácil, porque uno está muerto y el otro no.
Llegaron a la puerta de la parte trasera que estaba abierta, lo cual no era raro, y sin vigilar, lo cual sí lo era a no ser que supieses, como sabían A y M, que O estaba compinchado con ellos y esa noche curiosamente no aparecería en su lugar de trabajo.
Elizabeth, que por las horas que eran ya estaba en bata roja, peinaba sus rizos con parsimonia frente al espejo del baño. Antón bebía y fumaba productos caros en el salón, con los pies en uno de esos apoyadores de pies. Macúo, el mayordomo, terminaba de secar el último plato de la vajilla y pensaba en preguntar al señor si le apetecía ser acompañado, pues le apetecía bastante beber.
Macúo se giró al tiempo que dos hombres vestidos de maneras bastante extrañas entraban por la puerta del servicio. El primero de ellos se sorprendió al verle y le apuntó con una pistola.
-¡Alto!-Exclamó
Macúo, veloz, desapareció por una puerta.
-¿Qué pasa aquí?- Era Antón, aun con el vaso en una mano y el puro en la otra.
Sin pausas ni tonterías, el arma de M disparó, volándole los sesos.
¿Sorprendente verdad? Digo la sangre, la rapidez y el disparo innecesario, pues se debe a que a O le conocían ¿no? pues le conocían porque M había sido su compañero, y fue despedido por Antón, después de meses de insultos. M no tenía mucha empatía que digamos.
-Aaahh-Apareció Macúo, como loco, con una espada de varios siglos atrás sobre su cabeza.
Esta vez fue el arma de A la que abrió fuego, y ante la indisposición de Macúo a morir, disparó tres veces.
Abrían cajas pequeñas buscando cosas de valor, fáciles de llevar.
A subió al segundo piso, pasando al lado de una mesilla presidida por la foto del viejo tío R, y entró en el baño. Murió dulcemente, pues ni vio a Elizabeth, ni a su cuchillo, no vio nada.
M huyó corriendo, venganza y joyas ¿Qué más se puede pedir? Yo le esperaba en la camioneta con el motor en marcha, arranqué a su "corre corre". Mientras nos alejábamos pensé que qué curioso, Juntando los nombres de mi compañero, el otro muerto, el de la foto y el vigilante, salía la palabra AMOR, que curioso, si, también pensé en escribir lo sucedido y me había gustado lo de "venganza y joyas".
He de decir que estoy muy descontento con este escrito.
lunes, 24 de febrero de 2014
Benvenuto.
-¡¿Pero qué es esto?!
-¿El qué señor?
-He mandado a los emisarios del Barón a anunciar sus escritos, ¡después de tanto contratiempo y depresión de este! y ahora... ¡Y ahora sacas unos escritos horribles que desordenan lo ensucian todo con polvo!
-Pe.. pero.. el Barón me dijo...
-Oh ¿Si? Dime dime ¿Qué te dijo el Barón en su benevolencia de niño pequeño?
-Pu.. pues que quería algo grande- y aquí se motivó y perdió algo de miedo- Algo que les llegase a todos y no les hiciese sonreír o aplaudir, sino que les cautivase el alma, quería algo grande, algo que perdurase y que...
-¡MENTIRA! ¡El Barón no sabe lo que quiere! ¡Es un niño pequeño! ¡El Barón necesita novelas largas con principio que enganche, nudo interesante y final inesperado! ¡El público no busca esto!-Le arrancó el papel de las manos y, arrugado, le empezó a golpear con él- ¡Esto no es "arte", esto no es "inteligente", esto solo es rebuscado porque eres idiota!- Lle empujó y le tiró al suelo.
Ya fue cuando el muchacho, con lágrimas de rabia en los ojos, se levantó, cogió el bolígrafo y pegándose al hombre mayor, acercando sus labios al oído de este, susurró.
-¿Ah sí? Pues ahora las historias se las escribes tú- Poniéndole el boli en la mano.
De un portazo abrió la puerta de la cocina y se marchó por el campo alumbrado alegremente por el sol.
Cuando se repuso, el hombre canoso murmuró.
-A ver que le digo yo ahora al Barón.
-¿El qué señor?
-He mandado a los emisarios del Barón a anunciar sus escritos, ¡después de tanto contratiempo y depresión de este! y ahora... ¡Y ahora sacas unos escritos horribles que desordenan lo ensucian todo con polvo!
-Pe.. pero.. el Barón me dijo...
-Oh ¿Si? Dime dime ¿Qué te dijo el Barón en su benevolencia de niño pequeño?
-Pu.. pues que quería algo grande- y aquí se motivó y perdió algo de miedo- Algo que les llegase a todos y no les hiciese sonreír o aplaudir, sino que les cautivase el alma, quería algo grande, algo que perdurase y que...
-¡MENTIRA! ¡El Barón no sabe lo que quiere! ¡Es un niño pequeño! ¡El Barón necesita novelas largas con principio que enganche, nudo interesante y final inesperado! ¡El público no busca esto!-Le arrancó el papel de las manos y, arrugado, le empezó a golpear con él- ¡Esto no es "arte", esto no es "inteligente", esto solo es rebuscado porque eres idiota!- Lle empujó y le tiró al suelo.
Ya fue cuando el muchacho, con lágrimas de rabia en los ojos, se levantó, cogió el bolígrafo y pegándose al hombre mayor, acercando sus labios al oído de este, susurró.
-¿Ah sí? Pues ahora las historias se las escribes tú- Poniéndole el boli en la mano.
De un portazo abrió la puerta de la cocina y se marchó por el campo alumbrado alegremente por el sol.
Cuando se repuso, el hombre canoso murmuró.
-A ver que le digo yo ahora al Barón.
Porque yo no sé escribir.
Ya no sé escribir, que curioso. Distraído hago un cuento ¡Y qué magnífico cuento! Todos lo alaban, me meten billetes en el bolsillo y me dicen que haga más, y claro, ahora que sus ojos me vigilan sonrientes apenas sin parpadear, pues me bloqueo. Si me hubiesen dejado en paz o tan solo hubiesen comentado "buen trabajo chico" dándome una cálida palmada en el hombro, hubiese escrito mil cuentos más sonriendo. Nunca me había fallado la imaginación, siempre había sido bueno en eso, ¿imaginación? ¡plas! no había ni que pedirla, constancia de trabajo no tenía, pero imaginación todo la del mundo. Ahora era al revés, me pegaba a la silla y guardaba momentáneamente los juguetes de mi cabeza en un armario de cuatro patas. Pero aquellos hombres que me miran... No me dejan escribir queriendo que lo haga, me vuelve a asaltar la duda, la de que en realidad no me gusta escribir, la de que si alguna vez lo hago es por algún motivo extraño, pero que en realidad no me gusta, hasta a veces lo deteste. De repente se me ocurre qué escribir. Describo al hombre más gordo, el del puro y sombrero feo, el que si no tuviese dinero se convertiría en arena entre gritos. Le describo tal y como es, o por lo menos como le veo, mientras lo hago me voy enfadando con él, escribo sobre unas falsas gotas de sudor que le salen del cuello y empiezan a gotear en la mesa, formando un charco. Se le va la sonrisa y sin dejar de mirarme saca un pañuelo de algún caro material y se limpia la nuca con educación. Entonces es cuando me empieza a divertir. Más y más, ya no es sudor, sino agua, a borbotones. Recuerdo lo que pensé antes y le quito el dinero, cuando termino de escribir eso, le suena en la chaqueta uno de los primeros teléfonos móviles y nada más descolgar, grita "¡Cómo!", se le cae el puro de los labios y sale corriendo de la habitación. El puro se apaga en el charco que ha quedado en la mesa. Al hombre de mi izquierda se le quita la sonrisa a la velocidad de una bofetada, y ese mismo hombre, de cara de animal carroñero de la Sabana, se acerca corriendo y me arranca el papel de las manos. Él lo acerca a sus ojos, yo escribo siete palabras en la mesa y él cae muerto. En resumen, que no hay resumen, unos acaban muertos, dos mutilados y el resto presas del pánico. Al final recuerdo que no es que no me guste escribir, sino que no me gusta escribir cosas como lo que acabo de hacer, esto y algunas piezas más, como la mayor parte de las del cuaderno del bolsillo de mi abrigo, todas ellas son denominadas "vomitivas" por mi increíble Yo interior mientras se lima las uñas. Finalmente tomo una decisión. En mis últimas palabras dejo escrito que todos sabrán escribir, y serán dioses en ello. Yo, por mi parte, no sabré ni coger un bolígrafo nunca más, también cito que olvidaré y olvidarán, esta escena y lo que he dicho, y me condeno a leer a todo el mundo, envidiándoles por ese arte que tienen.
domingo, 23 de febrero de 2014
El arte de poemalizar
-¿Y tú por que no poemalizas?
-¿"poemalizas"?
-Si, poemalizar, hacer poemas, lo llamo así por tocar las narices, ya sabes.
-Ah... bueno, pues porque no sé.
-¡Pero si es muy fácil! Con solo contar cómo te despiertas es suficiente, mira: "Me levanto
-¿"poemalizas"?
-Si, poemalizar, hacer poemas, lo llamo así por tocar las narices, ya sabes.
-Ah... bueno, pues porque no sé.
-¡Pero si es muy fácil! Con solo contar cómo te despiertas es suficiente, mira: "Me levanto
temprano
como temprano morimos
y el sol hace daño
él, implacable bola de fuego
de oro
como oro me falta
el despertador
el obús
de cada mañana
oh Jesús
¿tienes tú dinero para el bus?"
¿Ves?
-Pero es muy raro.
-Pero es hasta más fácil que eso, mira, una vez participé en un concurso en el que solo podías poner título y una palabra.
-¿Y qué tal te fue?
-Genial, gané.
-¿Ah si? ¿cómo era tú poema?
-Es que verás, como en todos los concursos, me presenté dos veces usando un testaferro, una para ganar y otra para tocar las narices.
-¿Para tocar las narices? ¿Y cómo fue eso?
-Mira, en las bases ponía "título y una palabra" así que presenté lo siguiente:
"Señoras y señores del jurado, esto que están leyendo es el título y antes de que digan nada, lean las bases y verán que había un vacío legal en cuanto al mismo. Siendo esto así me puedo reír de ustedes bastante, pues se esperan algo breve y puedo copiar el Quijote, Niebla y los mejores versículos de los libros de derecho que hay en el estudio, y ustedes, si son serios y profesionales, deberán leerlo. Creo que ya he hecho la gracia y, cuanto más alargase esto, sería peor, pues si no les conozco, no tengo nada contra ustedes, pese a que pueda odiar a la humanidad, por todo eso:
Já"
-Vaya, muy... original ¿Y con cual ganaste?
-Decía así:
Mi pene
Enorme.
Dulce fin de amistad
-Y ahora diré algo que nadie entenderá.- Con estas palabras se despidió P.
Se dio la vuelta, subió enérgicamente las escaleras y se perdió en un escenario frente a miles de personas eufóricas por verle.
-Hola, buenos días, buenas tardes y más concretamente, buenas noches. Hoy vengo a hablarles de algo extraño, no miento si digo que había planeado un nuevo discurso y que finalmente he decidido improvisar.
Hoy vengo a hablarles de lo dulce de perder una amistad-Por alguna extraña razón todos callaron sus murmullos e hicieron como la mujer rubia de la décimo catorce fila a la que se le calló la sonrisa. -Conoces a alguien, disfrutas estando con esa persona, sin salir de la más estricta amistad. Quedáis, habláis o hacéis lo que os de la gana, este tipo de amistad se sustenta con que por lo menos la mitad de vuestros gustos, incluso los que no se nombran, son los mismos, sabes que puedes comentar una idea enrevesada, complicada y mal explicada y que la otra persona asentirá a la vez que continúa hablando de lo mismo, a lo que tú asentirás. Si a alguno de los dos le empieza a gustar la otra persona, probablemente sea un falso espejismo, y si es de verdad, más le vale callárselo. Estas relaciones serían imposibles, estas amistades no son algo fundamental en tu vida sino que son un aire fresco, un "salir un momento a fumar".
Bien, pues corto y me voy.
El fin de estas relaciones puede ser activo o pasivo. Si es pasivo ya está, no tiene nada de especial, otra amistad, algo que te robe el tiempo, un distanciamiento que pasa desapercibido... Suele darse como en una relación de pareja, muchas veces, cuando desaparece la magia inicial, se acaba. Ahora bien, si ocurre de forma activa, solo una persona fomenta empujar la balsa para que se aleje del muelle mientras la otra persona, aun en la embarcación, estira la mano y grita "no" de manera muy llamativa, a nadie en estos casos se le ocurre tirarse al agua y nadar hasta el muelle. ¿Por qué alguien quiere que esto pase? Porque es dulce, esto cuesta verlo, este dulzor, por eso dije que nadie me entendería, me tacháis de "loco" o "raro", pero aun así os diré los dos pasos, para convenceros y que luego se os olvide. Toma de contacto, o aviso, o darse cuenta, esto le pasa o uno de los dos, la taza de café no llega a tocarle los labios y se le abren los ojos, por algo que la otra persona a dicho, por ejemplo, hielo, esto es lo segundo, después de la toma de contacto, viéndolo todo con ojos de plato y sumo cuidado, pasa algo, un "púm", algo que la otra persona puede incluso no ver, y se acaba.
No digo que no pueda existir buena relación o incluso amistad en el futuro, pero no lo de antes.- No hubo más aplausos que los de educación, pero claro, ya saben que a P. eso no le importa, y si no lo saben, ya se lo haré saber. No volví a verle hasta que vino a mi casa con una cartera repleta de problemas, pero eso es otra historia. Ah, y que quede claro que yo pienso como P., Juan a veces, yo no.
(Si faltan/sobran comas, tildes, aparecen expresiones incorrectas o algo así, lo siento mucho, no me apetece releerlo pero si publicarlo).
Se dio la vuelta, subió enérgicamente las escaleras y se perdió en un escenario frente a miles de personas eufóricas por verle.
-Hola, buenos días, buenas tardes y más concretamente, buenas noches. Hoy vengo a hablarles de algo extraño, no miento si digo que había planeado un nuevo discurso y que finalmente he decidido improvisar.
Hoy vengo a hablarles de lo dulce de perder una amistad-Por alguna extraña razón todos callaron sus murmullos e hicieron como la mujer rubia de la décimo catorce fila a la que se le calló la sonrisa. -Conoces a alguien, disfrutas estando con esa persona, sin salir de la más estricta amistad. Quedáis, habláis o hacéis lo que os de la gana, este tipo de amistad se sustenta con que por lo menos la mitad de vuestros gustos, incluso los que no se nombran, son los mismos, sabes que puedes comentar una idea enrevesada, complicada y mal explicada y que la otra persona asentirá a la vez que continúa hablando de lo mismo, a lo que tú asentirás. Si a alguno de los dos le empieza a gustar la otra persona, probablemente sea un falso espejismo, y si es de verdad, más le vale callárselo. Estas relaciones serían imposibles, estas amistades no son algo fundamental en tu vida sino que son un aire fresco, un "salir un momento a fumar".
Bien, pues corto y me voy.
El fin de estas relaciones puede ser activo o pasivo. Si es pasivo ya está, no tiene nada de especial, otra amistad, algo que te robe el tiempo, un distanciamiento que pasa desapercibido... Suele darse como en una relación de pareja, muchas veces, cuando desaparece la magia inicial, se acaba. Ahora bien, si ocurre de forma activa, solo una persona fomenta empujar la balsa para que se aleje del muelle mientras la otra persona, aun en la embarcación, estira la mano y grita "no" de manera muy llamativa, a nadie en estos casos se le ocurre tirarse al agua y nadar hasta el muelle. ¿Por qué alguien quiere que esto pase? Porque es dulce, esto cuesta verlo, este dulzor, por eso dije que nadie me entendería, me tacháis de "loco" o "raro", pero aun así os diré los dos pasos, para convenceros y que luego se os olvide. Toma de contacto, o aviso, o darse cuenta, esto le pasa o uno de los dos, la taza de café no llega a tocarle los labios y se le abren los ojos, por algo que la otra persona a dicho, por ejemplo, hielo, esto es lo segundo, después de la toma de contacto, viéndolo todo con ojos de plato y sumo cuidado, pasa algo, un "púm", algo que la otra persona puede incluso no ver, y se acaba.
No digo que no pueda existir buena relación o incluso amistad en el futuro, pero no lo de antes.- No hubo más aplausos que los de educación, pero claro, ya saben que a P. eso no le importa, y si no lo saben, ya se lo haré saber. No volví a verle hasta que vino a mi casa con una cartera repleta de problemas, pero eso es otra historia. Ah, y que quede claro que yo pienso como P., Juan a veces, yo no.
(Si faltan/sobran comas, tildes, aparecen expresiones incorrectas o algo así, lo siento mucho, no me apetece releerlo pero si publicarlo).
sábado, 22 de febrero de 2014
Se busca calcetín.
Hola, perdón por la intromisión pero tengo un problema de una urgencia inédita, no encuentro mis calcetines. Son negros, gorditos y de ojos calientes. Ayer estaban, y anteayer, el día anterior ya no, se estaban lavando.
Mi cabeza vive en las nubes, mis manos siempre están frías, una pierna me falla los días impares y a la otra le da por bailar, mi tronco juega a ser un supermodelo con demasiadas horas en el bar y mis orejas escuchan lo que quieren, pero ¿mis pies? ellos no molestan, se callan y permanecen calientes, eso sí, siempre que tengan de pareja a mis calcetines.
Busco mis calcetines, a pesar de que los olvide en verano.
Busco a mis calcetines, que apoyo en el radiador para tener un extra de calor.
Busco a mis calcetines, que escriben esta canción.
Busco mis calcetines, amigos de mis zapatos.
Busco a mis calcetines que...
-¡Mamá! ¡Esos calcetines que llevas puestos son los míos!
Hay que ver como es la lana, que se va con cualquiera...
Mi cabeza vive en las nubes, mis manos siempre están frías, una pierna me falla los días impares y a la otra le da por bailar, mi tronco juega a ser un supermodelo con demasiadas horas en el bar y mis orejas escuchan lo que quieren, pero ¿mis pies? ellos no molestan, se callan y permanecen calientes, eso sí, siempre que tengan de pareja a mis calcetines.
Busco mis calcetines, a pesar de que los olvide en verano.
Busco a mis calcetines, que apoyo en el radiador para tener un extra de calor.
Busco a mis calcetines, que escriben esta canción.
Busco mis calcetines, amigos de mis zapatos.
Busco a mis calcetines que...
-¡Mamá! ¡Esos calcetines que llevas puestos son los míos!
Hay que ver como es la lana, que se va con cualquiera...
viernes, 21 de febrero de 2014
Cosas de números
Los doses eran los dueños de la tierra, vivían de lujos en sus hamacas y no tenían demasiadas roturas de rutina, por otra parte tampoco las pedían. No todos los doses eran así, había algunos que antaño habían sido la vergonzosa cifra de uno con nueve, pero que a base de duro esfuerzo y pintura granate se habían convertido en doses, aunque doses menores, claro. Estos solían ser los capataces de látigo en mano que azuzaban sin descanso a los unos, los unos blancos, los esclavos.
Por aquella época gobernaba un extraño espécimen, la singular cifra de dos con dos, que casi muere atragantado por una uva cuando vio lo que vio.
Arrastrando los pies, con la vista en el suelo, avanzaba un tres de un verde desgastado por el sol... con un menos negro a un lado. Los doses capataces y algún dos burgués algo más activo le cerraron el paso.
Durante mucho tiempo nadie supo cómo tratarle. Por si acaso le daban placeres, pero limitados, y todos, todos, murmuraban sobre él, incluso los unos, que en él encontraban una distracción a su exhaustivo sufrimiento.
Una noche, varios doses fueron atraídos por unos gritos de dolor y vieron una escena grotesca. El dos con dos había sido arrancado, separado. La coma y un dos se encontraban tirados en el suelo, ya fríos, y el tres, poniendo un pie en la base del dos aun vivo, que no dejaba de gritar, tiraba con la manos del arco y, con un crujido, lo arrancó. Empezó a brotar sangre, y el tres lentamente alzó el arco arrancado sobre su cabeza y, gritando de rabia mientras su verde era goteado por la sangre, partió el arco en dos de otro crujido.
Era un tres, había nacido para gobernar, pero era negativo, así que debía ser malvado.
Por aquella época gobernaba un extraño espécimen, la singular cifra de dos con dos, que casi muere atragantado por una uva cuando vio lo que vio.
Arrastrando los pies, con la vista en el suelo, avanzaba un tres de un verde desgastado por el sol... con un menos negro a un lado. Los doses capataces y algún dos burgués algo más activo le cerraron el paso.
Durante mucho tiempo nadie supo cómo tratarle. Por si acaso le daban placeres, pero limitados, y todos, todos, murmuraban sobre él, incluso los unos, que en él encontraban una distracción a su exhaustivo sufrimiento.
Una noche, varios doses fueron atraídos por unos gritos de dolor y vieron una escena grotesca. El dos con dos había sido arrancado, separado. La coma y un dos se encontraban tirados en el suelo, ya fríos, y el tres, poniendo un pie en la base del dos aun vivo, que no dejaba de gritar, tiraba con la manos del arco y, con un crujido, lo arrancó. Empezó a brotar sangre, y el tres lentamente alzó el arco arrancado sobre su cabeza y, gritando de rabia mientras su verde era goteado por la sangre, partió el arco en dos de otro crujido.
Era un tres, había nacido para gobernar, pero era negativo, así que debía ser malvado.
Augusto Cañaveral
Iban los soldados muy agitados a detener a Augusto Cañaveral, y éste, que les vio venir por la ventana, tomó medidas.
Llegaron los soldados a la puerta y chocaron unos contra otros, pues había una cinta que decía "no pasar" y claro, los pobres no sabían qué hacer. Tardaron varias horas en recibir instrucciones de superiores y para entonces Augusto ya había huido por la puerta de atrás, sin vigilar.
Esto lo escribió el propio Augusto Cañaveral, y cuando estalló la Guerra Civil, un soldado le encontró y dijo.
—Hombre, pero si está aquí quien se burlaba del ejercito.
Y mientras preparaba el rifle, Augusto Cañaveral se recolocó las gafas y dijo muy seriamente:
—Era un cuento sobre unos soldados paletos, si me matas solo demostrarás que tú también lo eres.
Salió de allí no despacio, con la cabeza alta y vivo.
miércoles, 19 de febrero de 2014
19-24
—Aquí es —y en efecto, ahí era.
Los dos hombres se quitaron el sombrero y bajaron las cabezas frente a la tumba que, pese a ser bastante nueva, ya tenía flores secas encima.
—¿Cuánto ha pasado ya? ¿Un mes?
—Sí —y sacó un arma, se apuntó al ojo y le dijo a la lágrima que mejor volviese lentamente por dónde había venido.
—¿Vas a hacer algo por esta celebración?
—¿Celebración?
—Sí, verás, lo pone en la RAE, "conmemorar un acontecimiento".
—Joe, pero no sé... sigue sin parecerme bien, que antes de alegre estoy triste, y entre medias, borracho.
—Bueno vale, "¿Vas a hacer algo por ser estas fechas?"
—No.
—¿No?
—No.
—¿No? (Mi "¿No?" es para que te expliques, ¿eh?)
—Bueno, sí, haré esta entrada y me beberé un chupito de agua a su salud.
—¿Fingiendo que escuece en la garganta?
—Exacto. Beberé chupitos de agua hasta...
—¿Hasta emborracharte?
—No hombre no, hasta que tenga que ir al baño, ya sabes...
—Sí, sí, claro ¿Unas palabras?
—No, las palabras que... que eso, me las guardo.
—Entiendo...
—Pero sí diré: "Ella tenía unas tijeras y un reloj. Cuando sonaba el reloj, cortaba, todo daba igual, si sonaba, cortaba ¿Por qué duró conmigo algo de tiempo? Porque durante unos meses le escondí el reloj. Cuando escondido en un cajón lo oyó, se oyeron tijeras, y así se acabó".
—¿Sabes lo que hubiese hecho yo? Le hubiese dicho a un cerrajero, digo relojero, que hiciese que no sonase, nunca, o le hubiese escondido las tijeras.
—No hubiese funcionado. Además, querido, eso era una metáfora.
—Entiendo.
—Además ayer murió un misterio.
—¡Brujas!
—¿Perdón?
—Nada, nada, que últimamente a veces sin querer se me escapan cosas de una historia y se meten en otra. Sigue, perdón.
—Pues eso, que ayer murió un misterio estrangulado por una mentira.
—Mi más sentido pésame.
—Tengo hambre, ¿te vienes a comer?
—Claro.
—Oh, voy a usar como final la frase que tantas veces he usado de principio "Hoy conoceré a la chica de mis sueños".
—Perfecto —. Dejaron los sombreros junto a las flores secas y se pusieron gafas de sol, pues las nubes empezaban a hacer las maletas.
—¿Y sabes qué podemos beber?
—¿El qué?
—Chupitos de agua.
Los dos hombres se quitaron el sombrero y bajaron las cabezas frente a la tumba que, pese a ser bastante nueva, ya tenía flores secas encima.
—¿Cuánto ha pasado ya? ¿Un mes?
—Sí —y sacó un arma, se apuntó al ojo y le dijo a la lágrima que mejor volviese lentamente por dónde había venido.
—¿Vas a hacer algo por esta celebración?
—¿Celebración?
—Sí, verás, lo pone en la RAE, "conmemorar un acontecimiento".
—Joe, pero no sé... sigue sin parecerme bien, que antes de alegre estoy triste, y entre medias, borracho.
—Bueno vale, "¿Vas a hacer algo por ser estas fechas?"
—No.
—¿No?
—No.
—¿No? (Mi "¿No?" es para que te expliques, ¿eh?)
—Bueno, sí, haré esta entrada y me beberé un chupito de agua a su salud.
—¿Fingiendo que escuece en la garganta?
—Exacto. Beberé chupitos de agua hasta...
—¿Hasta emborracharte?
—No hombre no, hasta que tenga que ir al baño, ya sabes...
—Sí, sí, claro ¿Unas palabras?
—No, las palabras que... que eso, me las guardo.
—Entiendo...
—Pero sí diré: "Ella tenía unas tijeras y un reloj. Cuando sonaba el reloj, cortaba, todo daba igual, si sonaba, cortaba ¿Por qué duró conmigo algo de tiempo? Porque durante unos meses le escondí el reloj. Cuando escondido en un cajón lo oyó, se oyeron tijeras, y así se acabó".
—¿Sabes lo que hubiese hecho yo? Le hubiese dicho a un cerrajero, digo relojero, que hiciese que no sonase, nunca, o le hubiese escondido las tijeras.
—No hubiese funcionado. Además, querido, eso era una metáfora.
—Entiendo.
—Además ayer murió un misterio.
—¡Brujas!
—¿Perdón?
—Nada, nada, que últimamente a veces sin querer se me escapan cosas de una historia y se meten en otra. Sigue, perdón.
—Pues eso, que ayer murió un misterio estrangulado por una mentira.
—Mi más sentido pésame.
—Tengo hambre, ¿te vienes a comer?
—Claro.
—Oh, voy a usar como final la frase que tantas veces he usado de principio "Hoy conoceré a la chica de mis sueños".
—Perfecto —. Dejaron los sombreros junto a las flores secas y se pusieron gafas de sol, pues las nubes empezaban a hacer las maletas.
—¿Y sabes qué podemos beber?
—¿El qué?
—Chupitos de agua.
martes, 18 de febrero de 2014
ñe.
—Pues eso, que este pueblo está muy bien. Lo malo es que son todos ateos.
—¿Pero tú no eras ateo?
—Hombre, a ver... Era ateo antes, porque vivía rodeado de creyentes, pero es que ahora...
—¿Lo que quieres es ir a contra corriente?
—¡Qué va! Si yo lo que digo es que debe haber ateos y creyentes, los unos diciendo que los otros creen en disparates y los otros diciéndoles a los unos que van a ir al infierno.
—Y bueno ¿con qué papel disfrutas más?
—¿Papel? ¡Si yo creo en lo que defiendo!
—¿Hipocresía?
—No Rafael, sentido común.
—Que poquito sentido, pero dime ¿En qué prefieres creer?
—Pues si te soy sincero esto ya cansa. Últimamente, cuando me toca ser ateo, soy tocanarices y cuando me toca ser creyente, creo en un dios más por encima que los condena a todos por no creer en él, a los unos y a los otros.
—¿Y esto cuando empezó?
—En Miranda.
—¿Todo esto es por el divorcio de Miranda?
—¡Pues claro! Me dejó descolocado, ya no sé qué creer, no sé si desde las nubes me sacan la lengua o si el dios de los ateos cumple y me ignora. Aunque claro ¿Según eso debería hacerme solo ateo? ¡Yo que sé!
—Pero...
—¡Miranda, Miranda! ¡Mira qué era bruja!
—Pero...
—¡Eso! ¡Creo en las brujas! ¡En todas ellas! ¡Brujas!
—¿Las que van a la hoguera?
—¡Las que van al infierno! Digo... eso no puede ser, porque el infierno no existe ahora...
—Oye, pero...
—Y claro... esto de las brujas ¿En dónde deja a los hombres?
—Creo que me voy a ir.
—Mejor soy ateo y culpo a Miranda de la muerte de dios o soy creyente y la trato de diablo.
—A la de tres me voy.
—No Rafael, no te vayas, que la conversación estaba interesante.
—Uno. ¡Pero si era un monólogo!
—Era una interesante reflexión en la que estaba bien que fueses testigo.
—Dos. ¡Ya, claro! Qué morro.
—Por los ateos, los creyentes y las brujas ¡Rafael, no te vayas!
—Tres. Ha sido un placer, que vivas bien en tu nuevo pueblo, espero que de este no te echen.
—¡No te vayas, Rafael!
—¡Por Dios! Suéltame.
—¡No! ¡Por dios no! ¡Por las brujas, Rafael! ¡Recuérdalo! ¡Por las brujas!
—¿Pero tú no eras ateo?
—Hombre, a ver... Era ateo antes, porque vivía rodeado de creyentes, pero es que ahora...
—¿Lo que quieres es ir a contra corriente?
—¡Qué va! Si yo lo que digo es que debe haber ateos y creyentes, los unos diciendo que los otros creen en disparates y los otros diciéndoles a los unos que van a ir al infierno.
—Y bueno ¿con qué papel disfrutas más?
—¿Papel? ¡Si yo creo en lo que defiendo!
—¿Hipocresía?
—No Rafael, sentido común.
—Que poquito sentido, pero dime ¿En qué prefieres creer?
—Pues si te soy sincero esto ya cansa. Últimamente, cuando me toca ser ateo, soy tocanarices y cuando me toca ser creyente, creo en un dios más por encima que los condena a todos por no creer en él, a los unos y a los otros.
—¿Y esto cuando empezó?
—En Miranda.
—¿Todo esto es por el divorcio de Miranda?
—¡Pues claro! Me dejó descolocado, ya no sé qué creer, no sé si desde las nubes me sacan la lengua o si el dios de los ateos cumple y me ignora. Aunque claro ¿Según eso debería hacerme solo ateo? ¡Yo que sé!
—Pero...
—¡Miranda, Miranda! ¡Mira qué era bruja!
—Pero...
—¡Eso! ¡Creo en las brujas! ¡En todas ellas! ¡Brujas!
—¿Las que van a la hoguera?
—¡Las que van al infierno! Digo... eso no puede ser, porque el infierno no existe ahora...
—Oye, pero...
—Y claro... esto de las brujas ¿En dónde deja a los hombres?
—Creo que me voy a ir.
—Mejor soy ateo y culpo a Miranda de la muerte de dios o soy creyente y la trato de diablo.
—A la de tres me voy.
—No Rafael, no te vayas, que la conversación estaba interesante.
—Uno. ¡Pero si era un monólogo!
—Era una interesante reflexión en la que estaba bien que fueses testigo.
—Dos. ¡Ya, claro! Qué morro.
—Por los ateos, los creyentes y las brujas ¡Rafael, no te vayas!
—Tres. Ha sido un placer, que vivas bien en tu nuevo pueblo, espero que de este no te echen.
—¡No te vayas, Rafael!
—¡Por Dios! Suéltame.
—¡No! ¡Por dios no! ¡Por las brujas, Rafael! ¡Recuérdalo! ¡Por las brujas!
lunes, 17 de febrero de 2014
Frases por mi.
Porque un escritor tiene que escribir llueva o no llueva, quiera o no quiera.
"La curiosidad mató al gato" "Sí, pero tiene siete vidas".
Un picor me saluda y yo le respondo con la mano.
-He tenido que coger a mi enfado por los hombros, controlarle y hacer que se vuelva a sentar.
Las nubes formaron un dragón que contra el cielo rojizo sobrevoló a los humanos y les dio malas noticias.
Normalmente no, pero a ti no se te admite en mis normalmente.
Estoy cansado como para pensar lo suficiente como para responder a este tipo de preguntas.
"mas o menos" "que sea mas, que menos"
"una vez gané un serio contra un tio serio"
-Tienes algo aquí- señalando al labio, ella se limpia -no no, aquí- dando dos toquecitos en su propio labio
"No lo entiendo" "claro que no lo entiendes, lo entenderías si yo quisiese que lo entendieses".
"Dile hola, que yo me voy".
Y la quería tanto, que si digo cuanto, se me acaba el honor.
Porque los caballos ya no son cabellos si pueden volar.
Y perdió un ojo, pero luego lo encontró.
Y dejó la frase en puntos suspensivos...
El humo de ese avión parece un meteorito.
Llenar el espacio de aire y calor.
"no" susurró, pero solo le oyeron las lágrimas.
"eso no es una flor, es una unflor".
En un mundo de doses apareció un tres, y le mataron por ser uno.
Y ella volvió a aparecer, pero como en todas las segundas partes no tuvo nada que ver.
"La curiosidad mató al gato" "Sí, pero tiene siete vidas".
Un picor me saluda y yo le respondo con la mano.
-He tenido que coger a mi enfado por los hombros, controlarle y hacer que se vuelva a sentar.
Las nubes formaron un dragón que contra el cielo rojizo sobrevoló a los humanos y les dio malas noticias.
Normalmente no, pero a ti no se te admite en mis normalmente.
Estoy cansado como para pensar lo suficiente como para responder a este tipo de preguntas.
"mas o menos" "que sea mas, que menos"
"una vez gané un serio contra un tio serio"
-Tienes algo aquí- señalando al labio, ella se limpia -no no, aquí- dando dos toquecitos en su propio labio
"No lo entiendo" "claro que no lo entiendes, lo entenderías si yo quisiese que lo entendieses".
"Dile hola, que yo me voy".
Y la quería tanto, que si digo cuanto, se me acaba el honor.
Porque los caballos ya no son cabellos si pueden volar.
Y perdió un ojo, pero luego lo encontró.
Y dejó la frase en puntos suspensivos...
El humo de ese avión parece un meteorito.
Llenar el espacio de aire y calor.
"no" susurró, pero solo le oyeron las lágrimas.
"eso no es una flor, es una unflor".
En un mundo de doses apareció un tres, y le mataron por ser uno.
Y ella volvió a aparecer, pero como en todas las segundas partes no tuvo nada que ver.
sábado, 15 de febrero de 2014
Cuento de buenas noches
—Papá, ¿por qué ya no me lees cuentos?
—Porque papá está triste, hija.
—Cuando se murió mamá me leíste más que nunca, y también estabas triste.
—Pero es que tampoco tengo qué leerte.
—Ahí hay muchos libros —dijo señalando la estantería que quedaba fuera de la luz de la lámpara de noche.
—Está bien —se sentó en la cama, entre la lámpara y la niña, libro en mano.
—"Erase una vez un conejito rosa que vivía..."
—¿Qué es eso?
—El cuento que has pedido.
—Pero no es como los otros.
El padre suspiró.
—Hija, los otros me los inventaba.
—¿Y no puedes hacerlo otra vez? porfaa —le miró a los ojos y él, a su pesar, aceptó.
—"El arma estaba fría, como el brazo del hombre que, tirado en el suelo, la sujetaba ya sin fuerza. La puerta se volvió a abrir y el comisario se asomó, y, tras echar un vistazo rápido, entró. Jadeaba, tenía el pelo largo pegado a la frente por el sudor y se apretaba con fuerza la herida del hombro que no dejaba de sangrar. Entró y casi sin mirar le dio una patada a la pistola para alejarla del confidente ya muerto. Se agachó frente a la pequeña caja fuerte y de ahí sacó la bolsa de un kilo de cocaína. Con la navaja se hizo una raya y sacudió la cabeza con la nariz ya blanca. Se volvió a agachar y sacó tres fajos de billetes. Paró al oír un ruido, pero antes de sacar el revólver, una voz conocida le tranquilizó.
—No me gusta que te lo pases bien sin llamarme.
—¿También quieres que lo haga cuando me vaya de putas? —y le sonrío a la mujer que poca piel dejaba sin enseñar bajo su vestido rojo. —Aunque bueno, te sentirías como en casa, al fin y al cabo eres la reina de las putas.
Ella también sonrió.
—Sabes que echaré de menos comentar lo pequeña que la tienes —abrió su pequeño bolso de fiesta, sacó un arma y..."
El padre cerró el libro que supuestamente estaba leyendo, besó en la frente a su hija y antes de apagar la luz se fijó en la sonrisa que se le había quedado antes de dormirse.
jueves, 13 de febrero de 2014
Felichidá
Cuando alguien tiene razón, la tiene. Aunque me cueste reconocerlo.
Y me dijo que hiciese algo alegre, y así me di cuenta de que estaba siguiendo los pasos de lo que me habían dicho hace mucho "cuando estás triste escribes mejor".
Soy hombre de muchas palabras cuando quedan bien, y de otras tantas cuando puedo chinchar y las profecías solo me gustan si las hago yo o si son buenas, por eso fue mi tercer divorcio, el de la bruja.
Bueno, os cuento lo que pasó. Yo, para no meterme en mas problemas y para dejar de enrollarme en la tela de araña que iba colocando por las paredes, decidí dejar la mente en blanco y así, meditando, me trasladé a ese mundo que no tiene dimensiones y es todo blanco. Pero claro, en la paz, está el aburrimiento. Cuando abrí los ojos estaba en una guerra, pero ojo, llevaba sombrero. Me lo quité para poder observarlo, era tan genial, tan precioso... Mientras le dada vueltas en mis manos un silbido de bala rozó mi oído, me lo puse y mientras lo sujetaba con una mano eché a correr. Fue bastante divertido ver la cara de los hombres de la trinchera a la que fui a parar, pobrecitos, se esperaban un pelotón de soldados furiosos y de la bruma tan solo salió un muchacho medio loco aunque eso si, con sombrero ¡Y qué sombrero!
Cuando llegó el hombre de los suministros en su avioneta, le cambié un viaje por una flor que había hecho con un poco de papel albal. Que bonitas eran esas nubes, que pasaban de la guerra y su única preocupación era llover cuando las chicas saliesen a tomar el sol.
Cuando me despedí del aviador (Ojo aquí ¿eh? ojo, que voy a hacer mención en parte a algo que he dicho antes, así que mucho ojo, bueno no, tanto no, solo ojo) le dí una profecía, tendría un medio accidente y tras este encontraría a su futura mujer.
No debí haberme dormido en aquel tren porque me salió el Universo Blanco al paso y tropecé con él. Al despertar había otra vez caos, y este era del que no tiene sentido, que es peor. Tres hombres lobos asustaban a la gente proyectando sombras gigantes y, aprovechando el frenesí, decidieron invadir los extraterrestres, y como estos usaban armas de láser rojo de las que provocan fuego la que se lió... Que conste que de ahí me fui por pereza, porque poner orden ahí debía envejecerte unos siete años.
Amor, mi historia necesitaba amor pero Ña, no tenía tiempo. Así que me compré una historia de amor de kiosco, pero sin pagar el extra de lágrimas en la despedida.
Ya a punto de llegar a mi casa me topé con dos hombres de lo más curiosos, uno tenía el mérito de haber sido el primer pistolero en limpiar todo un pueblo de bandidos, allá en el Oeste y también de haber sido el primer Sheriff en luchar en la guerra de Marruecos, imagínenselo, un cow boy contra hombres de turbante, caballo y sable. Recuerdo que a él le regalé pelusa de bolsillo pero, por si sonaba a poco, se lo entregué en una carísima ceremonia en palacio. Al otro hombre le regalé un silencio de respeto, y eso que él tampoco habló, pero su barba, que barba madre mía, amplia en sus tres direcciones, blanca, franja negra, blanca, franja negra y blanca, que barba, casi tan chula como mi sombrero.
Llegué a casa, y no se esperen un gran final, es que creo que creen que esto es ficción o algo así, Pif, que nu Puz, les digo. Bueno, esto de meditar cansa mucho, así que dormí, dormí sin soñar, pues ya había gastado el cupo del día.
Y me dijo que hiciese algo alegre, y así me di cuenta de que estaba siguiendo los pasos de lo que me habían dicho hace mucho "cuando estás triste escribes mejor".
Soy hombre de muchas palabras cuando quedan bien, y de otras tantas cuando puedo chinchar y las profecías solo me gustan si las hago yo o si son buenas, por eso fue mi tercer divorcio, el de la bruja.
Bueno, os cuento lo que pasó. Yo, para no meterme en mas problemas y para dejar de enrollarme en la tela de araña que iba colocando por las paredes, decidí dejar la mente en blanco y así, meditando, me trasladé a ese mundo que no tiene dimensiones y es todo blanco. Pero claro, en la paz, está el aburrimiento. Cuando abrí los ojos estaba en una guerra, pero ojo, llevaba sombrero. Me lo quité para poder observarlo, era tan genial, tan precioso... Mientras le dada vueltas en mis manos un silbido de bala rozó mi oído, me lo puse y mientras lo sujetaba con una mano eché a correr. Fue bastante divertido ver la cara de los hombres de la trinchera a la que fui a parar, pobrecitos, se esperaban un pelotón de soldados furiosos y de la bruma tan solo salió un muchacho medio loco aunque eso si, con sombrero ¡Y qué sombrero!
Cuando llegó el hombre de los suministros en su avioneta, le cambié un viaje por una flor que había hecho con un poco de papel albal. Que bonitas eran esas nubes, que pasaban de la guerra y su única preocupación era llover cuando las chicas saliesen a tomar el sol.
Cuando me despedí del aviador (Ojo aquí ¿eh? ojo, que voy a hacer mención en parte a algo que he dicho antes, así que mucho ojo, bueno no, tanto no, solo ojo) le dí una profecía, tendría un medio accidente y tras este encontraría a su futura mujer.
No debí haberme dormido en aquel tren porque me salió el Universo Blanco al paso y tropecé con él. Al despertar había otra vez caos, y este era del que no tiene sentido, que es peor. Tres hombres lobos asustaban a la gente proyectando sombras gigantes y, aprovechando el frenesí, decidieron invadir los extraterrestres, y como estos usaban armas de láser rojo de las que provocan fuego la que se lió... Que conste que de ahí me fui por pereza, porque poner orden ahí debía envejecerte unos siete años.
Amor, mi historia necesitaba amor pero Ña, no tenía tiempo. Así que me compré una historia de amor de kiosco, pero sin pagar el extra de lágrimas en la despedida.
Ya a punto de llegar a mi casa me topé con dos hombres de lo más curiosos, uno tenía el mérito de haber sido el primer pistolero en limpiar todo un pueblo de bandidos, allá en el Oeste y también de haber sido el primer Sheriff en luchar en la guerra de Marruecos, imagínenselo, un cow boy contra hombres de turbante, caballo y sable. Recuerdo que a él le regalé pelusa de bolsillo pero, por si sonaba a poco, se lo entregué en una carísima ceremonia en palacio. Al otro hombre le regalé un silencio de respeto, y eso que él tampoco habló, pero su barba, que barba madre mía, amplia en sus tres direcciones, blanca, franja negra, blanca, franja negra y blanca, que barba, casi tan chula como mi sombrero.
Llegué a casa, y no se esperen un gran final, es que creo que creen que esto es ficción o algo así, Pif, que nu Puz, les digo. Bueno, esto de meditar cansa mucho, así que dormí, dormí sin soñar, pues ya había gastado el cupo del día.
miércoles, 12 de febrero de 2014
Como lluvia en el tejado.
Y así, otra vez, subió al tejado. Lo hizo con cuidado porque llovía mucho, muchísimo. Todo lo salía mal, supuestamente ese era el día que iba a emprender el viaje y no le habían dejado, en el último momento, y no era porque lloviese, él estaba dispuesto a emprender la marcha cuando saliese el sol, pero nada.
Ahí arriba, de noche, sintió frío y se sintió algo estúpido, por lo que las lágrimas llamaron a los ojos y como el no las quería dejar, empezó a gritar, callado por la lluvia, para que nadie le oyese. Gritó y gritó ¡Gritó! y al final las lágrimas le ayudaron a gritar. Cuando la garganta se le negó a continuar de puro dolor, se tumbó sobre las tejas frías y resbaladizas. Por lo menos ese día la luna era luna, no traía misterio con ella. Él, hizo mal y dejó pasar a un recuerdo, no pudo cerrar la puerta a tiempo y entraron en tropel tantos platos rotos, tantos "no" a mala leche, tanto desprecio y aquella indiferencia. Pidió un poco de agua a la lluvia para ponérsela en los ojos, y volvió a gritar, y a gritar y a gritar, como para encender las luces de todos los dormitorios en una película de dibujos, Gritó y GRITÓ, gritó mucho. Y cada vez que lo digo, es porque lo hacía más desgarrado, más perdido, más triste y con esa sensación que no se sabe qué es. Gritó ¡¿Y ustedes?! ¡Griten con él! ¡Él les necesita! Griten, libérense, griten a la luna para que se vaya, griten a la lluvia para que encienda chimeneas, seque charcos y lo ponga todo verde. Solo griten.
Griten.
Gritó.
Y murió de tanto gritar.
Ahí arriba, de noche, sintió frío y se sintió algo estúpido, por lo que las lágrimas llamaron a los ojos y como el no las quería dejar, empezó a gritar, callado por la lluvia, para que nadie le oyese. Gritó y gritó ¡Gritó! y al final las lágrimas le ayudaron a gritar. Cuando la garganta se le negó a continuar de puro dolor, se tumbó sobre las tejas frías y resbaladizas. Por lo menos ese día la luna era luna, no traía misterio con ella. Él, hizo mal y dejó pasar a un recuerdo, no pudo cerrar la puerta a tiempo y entraron en tropel tantos platos rotos, tantos "no" a mala leche, tanto desprecio y aquella indiferencia. Pidió un poco de agua a la lluvia para ponérsela en los ojos, y volvió a gritar, y a gritar y a gritar, como para encender las luces de todos los dormitorios en una película de dibujos, Gritó y GRITÓ, gritó mucho. Y cada vez que lo digo, es porque lo hacía más desgarrado, más perdido, más triste y con esa sensación que no se sabe qué es. Gritó ¡¿Y ustedes?! ¡Griten con él! ¡Él les necesita! Griten, libérense, griten a la luna para que se vaya, griten a la lluvia para que encienda chimeneas, seque charcos y lo ponga todo verde. Solo griten.
Griten.
Gritó.
Y murió de tanto gritar.
-Adolescentes-
Paga por tus errores
-No hagas eso.
-¿El qué?
-Vamos a ver, la has cagado ¿no? Pues no intentes tragártelo todo, digerirlo y hacer como si no hubiese pasado nada, te esperas, dejas que te escueza por desagradable que sea y cuando llegue el momento, sentirás como un alivio.
-¿Y por qué? Es más fácil así, como dijo mamá, crezco con los errores ¿no? Pues asumo todo esto, lo veo desde un punto de vista alejado y...
La bofetada sonó por toda la habitación y tras esta, silencio.
Los ojos del que estaba sentado, traidores, se humedecieron.
-¡¿Pero cómo te atreves?!- Y mientras se levantaba la segunda bofetada le tiró al suelo. Solo un gemido ahogado.
-Y ahora, ahora me vas a escuchar- El hombre del traje se limpió una gota de saliva de los labios que le había salpicado- Me da igual cómo eres, me da igual que te hayas construido un mundo, me da igual que te creas especial, diferente, único, la verdad es que no eres nada, eres lo que haces, y tú no haces nada. No porque una chica te sonría le gustas, no porque haya habido una casualidad la suerte está de tu parte, no porque te hayan dicho que escribes bien eres el mejor escritor, no porque fueses algo listo tu inteligencia o, en su ausencia, tu astucia te hacen superior y no porque necesites un Destino como otros necesitan un Dios te va a ir bien ¿Entiendes?
Estiró el brazo y le retiró la cabeza hacia atrás cogiéndole del pelo.
-QUÉ SI ENTIENDES, HE DICHO- no obtuvo respuesta- está bien ¿Eso quieres? ¿Quieres que te diga las realidades? ¿quieres que te diga las verdades de las que huyes?
-no... no por favor.
-Bien, no me gusta insultar, y menos usar la violencia, pero no miento si digo que eres un montón de mierda ¿Y ahora qué? ¿vas a escribir sobre esto y decir "yo he tenido esta experiencia que, al abrirme los ojos, me ha hecho superior a todos vosotros"?
-n...no.
-¿Seguro? ¿seguro que no lo dices para que te deje en paz? Eres tan gusano que de "ser una persona normal" harías que pareciese que eres aun así superior pensando "al saber que soy normal, soy superior"- Y le propinó una patada en las costillas. Entonces, con cuidado se agachó quedando su cabeza cerca de la de él, y habló en un susurro- ¿Cuándo piensas madurar? ¿cuándo vas a dejar de obsesionarte por todo? ¿cuándo vas a empezar a pensar en las cosas como realmente son?
Despacio se levantó, le agarró una pierna y salió de la habitación arrastrándole. Bajó las escaleras con su pierna aun cogida, con la espalda llena de "¡loco!"s, abrió la puerta y con una fuerza increíble le tiró a la calle. El aire frío le recordó el dolor de la mejilla.
Se sentía como si la Realidad le hubiese abofeteado.
-¿El qué?
-Vamos a ver, la has cagado ¿no? Pues no intentes tragártelo todo, digerirlo y hacer como si no hubiese pasado nada, te esperas, dejas que te escueza por desagradable que sea y cuando llegue el momento, sentirás como un alivio.
-¿Y por qué? Es más fácil así, como dijo mamá, crezco con los errores ¿no? Pues asumo todo esto, lo veo desde un punto de vista alejado y...
La bofetada sonó por toda la habitación y tras esta, silencio.
Los ojos del que estaba sentado, traidores, se humedecieron.
-¡¿Pero cómo te atreves?!- Y mientras se levantaba la segunda bofetada le tiró al suelo. Solo un gemido ahogado.
-Y ahora, ahora me vas a escuchar- El hombre del traje se limpió una gota de saliva de los labios que le había salpicado- Me da igual cómo eres, me da igual que te hayas construido un mundo, me da igual que te creas especial, diferente, único, la verdad es que no eres nada, eres lo que haces, y tú no haces nada. No porque una chica te sonría le gustas, no porque haya habido una casualidad la suerte está de tu parte, no porque te hayan dicho que escribes bien eres el mejor escritor, no porque fueses algo listo tu inteligencia o, en su ausencia, tu astucia te hacen superior y no porque necesites un Destino como otros necesitan un Dios te va a ir bien ¿Entiendes?
Estiró el brazo y le retiró la cabeza hacia atrás cogiéndole del pelo.
-QUÉ SI ENTIENDES, HE DICHO- no obtuvo respuesta- está bien ¿Eso quieres? ¿Quieres que te diga las realidades? ¿quieres que te diga las verdades de las que huyes?
-no... no por favor.
-Bien, no me gusta insultar, y menos usar la violencia, pero no miento si digo que eres un montón de mierda ¿Y ahora qué? ¿vas a escribir sobre esto y decir "yo he tenido esta experiencia que, al abrirme los ojos, me ha hecho superior a todos vosotros"?
-n...no.
-¿Seguro? ¿seguro que no lo dices para que te deje en paz? Eres tan gusano que de "ser una persona normal" harías que pareciese que eres aun así superior pensando "al saber que soy normal, soy superior"- Y le propinó una patada en las costillas. Entonces, con cuidado se agachó quedando su cabeza cerca de la de él, y habló en un susurro- ¿Cuándo piensas madurar? ¿cuándo vas a dejar de obsesionarte por todo? ¿cuándo vas a empezar a pensar en las cosas como realmente son?
Despacio se levantó, le agarró una pierna y salió de la habitación arrastrándole. Bajó las escaleras con su pierna aun cogida, con la espalda llena de "¡loco!"s, abrió la puerta y con una fuerza increíble le tiró a la calle. El aire frío le recordó el dolor de la mejilla.
Se sentía como si la Realidad le hubiese abofeteado.
Respondiendo al comentario.
"Y qué pasó con Juan?"
Fue un curioso comentario, especialmente porque en esa entrada no aparecía él, Juan.
Sin contar las excepciones, sus muertes y la ocasión en la que formó parte de una trinidad, Juan ha sido siempre y será Juan Muñoz. Funciona como cualquier ser solo que si le mato, no creo que dure muerto mucho tiempo, no le van esas cosas.
¿Que qué pasó con él? Pues no se... Nada, hace poco ha terminado una historia de amor con final triste, y antes de eso viajó a la tierra amarilla a tomar notas de la mujer buena para traérmelas. A la par de estas cosas me está ayudando a resolver un asesinato, un suicidio y un misterio, pero que no tienen que ver entre sí ¡Y hasta hoy me ha propuesto reabrir el proyecto del cine! No está loco ni nada. Algún día quizá le vuelva a presentar a Marta, para que corra el mismo destino que Daniel o a Nadia, para que le saque de quicio.
¿Cuándo yo crezca, él lo hará? Seguramente tenga siempre la edad que requiera la historia.
Creo que le voy a mandar a la guerra, para que se lleve mis penas y las olvide por ahí y, a ver si con suerte, me trae un par de balazos a su vuelta.
Fue un curioso comentario, especialmente porque en esa entrada no aparecía él, Juan.
Sin contar las excepciones, sus muertes y la ocasión en la que formó parte de una trinidad, Juan ha sido siempre y será Juan Muñoz. Funciona como cualquier ser solo que si le mato, no creo que dure muerto mucho tiempo, no le van esas cosas.
¿Que qué pasó con él? Pues no se... Nada, hace poco ha terminado una historia de amor con final triste, y antes de eso viajó a la tierra amarilla a tomar notas de la mujer buena para traérmelas. A la par de estas cosas me está ayudando a resolver un asesinato, un suicidio y un misterio, pero que no tienen que ver entre sí ¡Y hasta hoy me ha propuesto reabrir el proyecto del cine! No está loco ni nada. Algún día quizá le vuelva a presentar a Marta, para que corra el mismo destino que Daniel o a Nadia, para que le saque de quicio.
¿Cuándo yo crezca, él lo hará? Seguramente tenga siempre la edad que requiera la historia.
Creo que le voy a mandar a la guerra, para que se lleve mis penas y las olvide por ahí y, a ver si con suerte, me trae un par de balazos a su vuelta.
corto, como la vida misma
Cada semana hacía una pregunta extraña, la penúltima fue "¿Cómo se olvida a alguien que sigues queriendo?" y la última fue "¿Irías a mi funeral?"
sábado, 8 de febrero de 2014
joe...
¿Qué había sido? Nada en concreto. Solo verla en aquella foto, su cara, que sin decir nada especial, lo decía todo. Volví a sentir la tristeza, así, de golpe, fuerte, la sentí como una manta que te echas por encima pero por dentro de la piel. Se me fue la temperatura, no sentía ni frío ni calor. Era desagradable, algo trepaba por mi garganta y, si pensaba en ello, era peor. Quería que se fuese, o que apareciese de una vez alguien que con un espejo que no refleja, me hiciese olvidar. No era justo, las ideas tristes venían y bailaban como hojas al viento. No era justo, no lo era.
jueves, 6 de febrero de 2014
.
Ernesto Eldelahistoria se compró un barco de vela para ser pirata un año y, para su desgracia, no encontró ningún barco digno de ser asaltado. Cuando llegó a puerto vio un barco-museo, reconstrucción de la Santa María, y entusiasmado lo asaltó a cañonazos.
Ernesto fue a comisaría con una sonrisa en los labios y un parche en el ojo.
Ernesto fue a comisaría con una sonrisa en los labios y un parche en el ojo.
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