miércoles, 21 de mayo de 2014

papel fino rosa

-Señor ¿Quiere sentarse?- El muchacho ya se había levantado y señalaba el asiento con ambas manos, me recordó a un vendedor de algún producto de la teletienda.
Pese a que me pareció una eternidad el tiempo que tardé en darme cuenta de que se refería a mí, en realidad contesté al instante un:
-No no, no gracias.
Pasé el resto del trayecto en metro pensando en cuál sería la razón exacta de por qué me habría ofrecido el asiento y en qué me habría visto ¿Tan viejo era?
El aire ausente de calor que me recibió al salir de la boca de metro contribuyó en un tercio a olvidar la escena, el pensar que metro venía de la palabra "metropolitano" ocupó otro tercio y el tercero se debió a ver que aun tenía en la mano aquella hoja de papel fino rosa, de hecho esto último se hizo con toda mi atención.
Había ido a una tienda a gastar un vale que había obtenido como premio al haber ganado, después de mucho tiempo sin conseguir nada, el primer premio de un concurso de poca monta de barrio, y decidiendo en qué gastarlo antes de que caducase vi un libro de Javier Marías que había huido, años atrás, de la biblioteca de mi padre y su mujer y de la de mi madre, por diferentes motivos. Ahora no podía ser menos, cuando fui a pagar el servidor de la tienda se estropeó impidiéndome la compra, el libro se escapaba de mi lectura por tercera vez, se escapó él y los otros libros que había comprado, o pensaba comprar, para mi sobrino. Al mismo tiempo que me comunicaban la imposibilidad de comprar, no dejaba de ver por todas partes carteles que anunciaban vales como el que yo tenía ridículamente en la mano, aquello me fastidió de veras y puse una reclamación, así es cómo había obtenido el papel fino rosa, con una reclamación.
Me gusta que me den un papel a firmar o rellenar y cuando quien me lo ha dado se da la vuela para buscar un bolígrafo que prestarme, yo saque el que siempre llevó en el bolsillo, aquél negro y plateado que me regaló mi padre, y que cuando se da la vuelta la persona, me encuentre ya con las gafas de cerca y gesto de concentración sobre el papel.
Llegué a casa y subí por las escaleras pese a tener ascensor, era una de mis formas de hacer mi vida algo más sana. En el vestíbulo, a oscuras, me miré en el espejo, vi mi pelo, abundante pero enteramente canoso, mis arrugas, mi piel castigada de alternar fríos inviernos y ardientes veranos y vi sobretodo ese aire de cansancio que desprendía por cada poro, no solo entendí por qué aquel educado muchacho me había ofrecido el sitio, sino que me vi mucho más viejo, viejísimo. La media de edad estaba en los cien años, me quedaba entonces casi la mitad del total de mi vida, pero parecía que la muerte se me había acercado a preguntarme una dirección y que, charlando tranquilamente, me había desviado de las calles que solía transitar y me había conducido a la gran avenida que llevaba al cementerio, luego recordé que la gente pensaba que la muerte era una mujer, por eso de “la” y esas cosas, y el pensar en ello, en el que siempre había pensado que la muerte era masculina, le quitó el dramatismo a la escena. Era por la tarde, eso y las nubes contribuían a que hubiese poca luz, así que encendí la del vestíbulo, amarilla, como la del estudio de mi padre años atrás, una luz que asociaba al fin del domingo y al inicio de las clases, una luz que por lo tanto había llegado a despreciar y que había sustituido por una blanca, espectral y fría, ahora, años después, veía esta luz como una cálida que te recibía bien al llegar a casa. Luego pensé que era curioso que un día, fuese lo oscuro que fuese, se encendía siempre en naranjas y rojos al llegar la puesta de sol, “su mejor show para el final”.
De la que iba al salón pasé por delante de la mesita cuya función era portar pocas pero significativas fotografías, algo que había heredado de mi madre quien creo que también lo heredó. Cogí la fotografía de los tanques.
Mi hermano, pese a preferir el verde, la lluvia, el frío y la niebla, hacía años había viajado a oriente próximo siguiendo los pasos de uno de mis tíos, y se había llevado a su mujer con él, creo que de hecho era un viaje para su mujer. Cuando viajó a aquel país, la situación estaba en tensión, pero aun no lo suficiente para disuadir a los turistas, había grupos de sublevados en distintas partes del país, pero estas partes estaban controladas, delimitadas, “no hay problema” decían todos. La fotografía, muy bien definida, cuadrada y esas cosas, representaba dos tanques del ejército que abandonaban la vigilancia del templo de Saujií para aplacar algún nuevo foco de rebelión, mi hermano luchó con su mujer para disuadirla de visitar dicho templo, lo consiguió a duras penas, al día siguiente hubo un ataque terrorista en el templo de Saujií en el que murieron trece turistas, dos días después de que mi hermano y su mujer hubiesen llegado sanos y salvos a casa, los sublevados, con una pieza de artillería robada, derribaron un avión comercial en el que viajaban quinientas cuarenta personas. La situación acabó en una guerra étnica y otra civil, diferenciadas a duras penas, más tarde tres países circundantes atacaron éste por los recursos, mi hermano no volvió a pisar ningún país que no tuviese algo de verde, lluvia, frío o niebla. Tiempo después vi una fotografía del templo de Saujií destruido.
De repente pensé en que si mi hermano o su mujer o ambos hubiesen muerto, mi queridísimo sobrino no habría nacido, eso me hizo sentarme, con el papel fino rosa aun en mano, y replantearme si no debería dejar de usar con mi hermano el extraño humor negro que habíamos heredado de nuestro padre. Luego pensé en que “usar” era un verbo, mientras que “húsar” era un miembro de la caballería húngara.
Mi sobrino no sabía nada de los libros que pensaba regalarle, no podría poner cara de tristeza mientras pronunciaba “no no, si no pasa nada”, pero el que se sentía mal era yo, y no por la incompetencia de la tienda de origen francés, sino por no poder ver en mi sobrino la curiosidad del saber qué es, la extrañeza al desenvolver, la fascinación al ver los libros, la concentración al estudiar sus portadas y contraportadas y la relajación al abrir uno por la mitad y leer algo al azar. Luego pensé que existiendo “azar”, era una pena que no existiese “hazar” con algún exótico significado.
Yo quise ser escritor, y no se quedó en un sueño bobo, se quedó en algo peor, lo intenté y hasta pude ver mi triunfo, luego me estrellé con un cristal transparente que no había visto desde lejos y todo se acabó. No hay nada peor que cumplir un sueño y que éste se desmorone contigo dentro, probablemente eso aumentó la vejez que me apreció el chico del metro.
No me avergüenzo de lo que hice después porque no hice como esos padres que se realizan en sus hijos, lo que hice fue ir regalándole libros a mi sobrino, enseñarle algunas cosas, pero siempre dejando que fuese él quien descubriese y decidiese si le gustaba la escritura, y le gustó. No le miré con odio por hacer lo que yo no pude, tan solo sonreí como nunca y le eché, y le echo, una mano como ayuda cuando lo necesitase.

Como había predicho, el cielo apareció con amarillos y violetas y un sueño precoz se apoderó de mí, todo el día de pie es lo que tiene. Cambié el estar sentado en el sofá por el estar sentado en la cama, y ahí vi que aun tenía en la mano el papel fino rosa.

domingo, 18 de mayo de 2014

el partido

Cuando el partido de fútbol empezó, yo estaba haciendo un Nurikabe, que es un tipo de pasatiempo. Después, cuando las redes sociales empezaron a echar humo por el transcurso del juego, vi un capítulo de una serie en el ordenador. Y ahora, cuando el partido está en su punto álgido, estoy viendo una película de amor, que no tiene que ver con el amor, sino que trata sobre él, de hecho la he parado para escribir esto. La verdad es que el día de hoy está muy ligado al de ayer, hoy han continuado tres conversaciones brevemente interrumpidas por el transcurso de la noche, el pensamiento importuno que me rondaba ayer esporádicamente ha ocupado el único sueño que recuerdo haber tenido, y hoy se ha tornado en realidad, una realidad que conocía desde hace meses y solo desde hace semanas es mala.

Y la función de todo esto es ninguna, simplemente quería escribirlo.

sábado, 17 de mayo de 2014

Lalalacasitos

Cuando nos miramos al espejo vemos nuestro reflejo, pero este ha tenido que salir de nosotros para poder ser reflejado, por lo que en realidad estamos viéndonos en el pasado. Mi pasado aún me mira con media sonrisa y ojos tristes. Me parece curioso, tal vez llamativo, que apenas haya soñado contigo, e irónico que dos de esas pocas veces hayan sido esta semana. Pero no eran sueños imposibles, en ellos no aparecía el renacer de algo que ya no existe, simplemente hablábamos, me contabas cómo te habían ido las cosas y al hablarme la desmentías a ella, la que dijo "déjalo, te ha olvidado".
Tengo que reconocer que desde un principio tenía un plan, y era magnífico, era un regalo de cumpleaños metido en un sobre que llegaría a tus manos a través de otra persona, y tú, antes de nada, podrías decidir si abrirlo o no. Era un regalo especial, pero esa persona al final dijo que no era buena idea y me sentí como en una alfombra roja en la que pasan celebridades, y la gente grita de emoción al otro lado de las vallas, y entonces se baja del coche una famosa con un vestido precioso, y un niño salta la valla queriendo entregarle un regalo que torpemente ha hecho con sus propias manos, y corre hacia ella y entonces los guardaespaldas se le echan encima, y ella sigue andando, ajena a lo que acaba de ocurrir. Probablemente ella no hubiese querido el regalo, pero así nunca se sabrá.
Siempre me gustó hacerte detalles, y esta vez pensaba hacer que te cantasen cumpleaños feliz con un poema de Mario Benedetti llamado Como siempre en el que mi agente debía sustituir la parte en la que dice "Aunque hoy cumplas trescientos treinta y seis meses" por los doscientos cuatro meses que cumples, pero mi agente se ha puesto enfermo de la garganta, una verdadera lástima.
En fin, no quiero importunarte más.
Feliz cumpleaños.

jueves, 15 de mayo de 2014

Exiliado en ti mismo

No tiembles, no tiembles amor, por favor. Otra vez no, no hagas tonterías, supéralo, por favor, yo también sufro ¿Sabes? Anda, deja el ordenador, apaga esa canción, si quieres te dejo un libro, pero no hagas tonterías, no amor, no por favor. Ven, dame la mano, vamos a la calle, te llevaré al parque, ya verás como a la vuelta estarás mucho mejor, vamos, ya verás como todo será distinto.

Cacógrafo

-Respira conmigo, tenemos mucho que hacer hoy- Me despertó Eva.
Tanteé aun medio dormido la mesilla de noche en busca del móvil, del cual quité la alarma que debía sonar unos minutos después. Como algunas noches hacía fresco y otras calor, había adoptado la costumbre de dormir con manta pero sin el pantalón corto del pijama, quedándome así con la camiseta y los calzoncillos. Rodé sobre la cama hasta coger los pantalones, que estaban a los pies de la misma, y, con no mucha puntería a la hora de meter las piernas, me los puse.
Entré en la cocina frotándome un ojo, en realidad ya me había hasta lavado la cara, pero quería que pareciese que aun estaba muy dormido, eso me daría minutos de ventaja en los que no se me podría gritar, lo estipulaba el código de educación, en el apartado del dormir, podría esquivar algunas preguntas con un vago “¿qué?” y, lo mejor de todo, mientras tardase años en untar una tostada, podría escuchar conversaciones catalogadas de importantes sin que tan siquiera se notase mi presencia. Me senté a la vez que Marcos y Balayo dejaban sus platos en la pila y se marchaban. Eva también estaba allí, haciendo algo en la encimera, dándome la espalda, la verdad es que no me gustaba estar solo con ella en la misma habitación, aunque yo contase con mi escudo de falso soñoliento.
-Date prisa, hoy no desayunes mucho, tenemos burro y que andar, ¿café?- Asentí con la cabeza, pero lentamente, como lo haría un dormido- ¿Con o sin azúcar?
-Sin.
-Marcos dice que es malo.
-Marcos no sabe nada.
Ella hizo unas quince cosas en un minuto y salió de la cocina dejando en el aire la frase.
-Date prisa y recoge lo que queda.
No me apetecía mucho desayunar, algunos días me despertaba y devoraba todo lo que encontrase a mi paso, otros, como aquél, sentía que no me apetecía hacerme pequeñas heridas en la boca con el pan tostado y dejarme esa sensación de sed constante con el queso, así que solo me tomé mi taza de café, sin azúcar, y antes de apurármela la elevé y susurré “por ti, Marcos”, luego me fijé en que nadie me hubiese oído.
Corrí al baño, muy bien metaforeado por un soldado que corría a cubrirse en su trinchera tras oír la sirena que amenazaba de bombas, pues una de las cosas que peor me sentaban era salir de casa sintiéndome sucio, y era lo que me propondría Eva si me cruzaba con ella. Calculé tardar dos minutos pero mi tiempo bajo el chorro de agua se extendió a siete, por suerte al salir del baño no había nadie gritándome, Eva era una de esas personas que no dejan de decir “hay que salir ya, vamos tarde” durante toda una hora.
Desnudo en la habitación, antes de vestirme, me miré en el espejo de cuerpo entero. Me miré el pecho, los músculos que empezaban a asomarse, dormidos, como fingía yo hace un rato, e hice algunas extrañas poses para que me doliesen las agujetas de los ejercicios de la noche anterior, me colgué ese dolor como una medalla. Apenas le dediqué tiempo a pensar en qué haría cuando hubiese alcanzado mi cuerpo idolatrado, nada ostentoso o desproporcionado, solo la mayor parte de músculos visibles algo marcados a causa de ejercicios que pudiese realizar yo, nada de máquinas, herramientas o productos. Me vestí, salí de la habitación y salí de la casa siguiendo el visible rastro de Eva, dejar la puerta abierta. Contemplé el amarillo que se extendía en todas direcciones desde la casa.
-Tierra seca sin llegar a ser desierto- murmuré - Tierra de hierbajos y reptiles.
En realidad esas dos frases eran dos versos de un poema que presenté en la escuela, de niño, ganando el reconocimiento de mi profesora. Sonreí al recordar que el poema en su conjunto llevaba el nombre de “la Mala”, y que eso se debía a que nada más terminarlo me había enfadado con Eva y el primer borrador se había titulado “Eva, la Mala”, se me fue la sonrisa al recordar que cuando habían mecanografiado y colgado en el corcho de notificaciones mi poema, el título era “La mala”, estúpidos profesores, el título no tenía faltas, el título estaba como tenía que estar, volví a sonreír al recordar como, lleno de ira, había arrancado el poema del corcho y, como más tarde, pensando que algún envidioso lo había hecho para fastidiarme y que a eso se debía mi evidente rabia, la señorita me había regalado una bolsa de golosinas.
Marcos, sonriendo y con su cartera de cuero bajo el brazo, se llevó el coche, le dediqué una cara de asco al polvo que levantó.
Yo, sin embargo, bueno, yo y Eva o Eva y yo, cogimos los burros durante gran parte del trayecto, en el cual, cómo no, sacó algún tema puntiagudo.
-¿Qué tal llevas tu libro?
-Bien, quizá lo termine, lo mande a la imprenta y luego lo queme.
Lo que pasaba es que en su momento, el año pasado, había tenido una curiosa idea, había preguntado sobre cuáles eran sus fantasías a los chicos de mi clase y luego las había descrito con todo detalle en diferentes historias, habían tenido un éxito rotundo, todo el mundo parecía haberlas leído y a todos sorprendían. Así que un día me planteé escribir un libro compuesto de diferentes relatos eróticos, excitantes y cautivadores a un tiempo, cada cual diferente al anterior. Pero llegó un momento en el que el éxito me empezó a irritar y comencé a sentir vergüenza, a aborrecer los malditos relatos. Desconocía si Eva intentaba sacar un tema de conversación o tan solo atacar.
El resto del camino lo pasó comparándome con Balayo, como hiciera con Marcos antes de mi llegada. Qué genial era Balayo, qué maravilloso, cómo le odiaba.
Tras tener que bajarnos de los burros y andar un rato, Eva dijo:
-Aquí es.
Y lo vi, bajo una fina neblina de polvo había un hombre tumbado boca abajo, muerto. Su espalda mostraba unas diecisiete salidas de bala.
-¿Y quién es este desgraciado cosido a balazos?
-No preguntes, se un profesional, joder.
Bajamos el cuerpo, ella cogiéndolo de las piernas y yo por los brazos, hasta donde estaban los burros, después cavamos durante unos cuarenta minutos, arrojamos el cuerpo al fondo de la reciente fosa, cerramos los ojos y pronunciamos palabras sin emitir ningún ruido, cada cual su plegaria o despedida, entonces Eva sacó la bolsita de cuero, lanzó unas semillas sobre el pecho del muerto y procedimos a enterrarle.
Ya de vuelta, con Eva y su burro unos metros delante, me miré los brazos, sucios de polvo y arena, con lo limpio que había salido de casa.
Llegamos al cruce y Eva continuó por el camino correcto sin pensar o sin alterar lo que ya estuviese pensando, yo en cambio detuve mi burro y por primera vez me pregunté si el camino que había seguido ella era el correcto. Giré al animal y lo dejé mirando al camino que cortaba el de siempre. ¿A dónde iría? Al pueblo, probablemente ¿Y qué habría más allá? ¿Sería yo capaz de continuar habiendo perdido cualquier indicio de futuro?

Giré el burro y seguí a Eva, con quien llegaría a la casa rodeada de tierra que es casi desierto, donde estaban los estúpidos de Marcos y Balayo, donde estaba mi habitación, donde se encontraban mis estúpidas historias eróticas y donde, por las mañanas, podría fingir que estaba dormido.

Qué nos deparará la ducha

El agua no salía fría, pero estaba ausente de calor. Me gustaba que me cayese directamente sobre la cara, con los ojos cerrados, o sobre la espalda, masajeándomela, podía pasar así mucho tiempo, tal vez horas. Sabía que cuando saliese, me secase y me envolviese en la toalla, una terrible ola de frío me golpearía, estar dentro de la cortina de plástico transparente con líneas de colores era como ausentarse de cualquier problema, de hecho allí dentro podía no pensar, y así nada existía. Salí de la ducha, me sequé y me vestí lo más rápido posible con la ropa que había dejado sobre la cama para evitar todo el frío posible.
Aun con la cabeza húmeda salí a la calle dando un paso, si hubiese dado dos me hubiese caído. Frente a mí, frente a mi casa, se abría un enorme cráter, y más allá solo esperaba un paisaje de algún futuro caótico, todo destrozado, todo en ruinas, nada. Bordeé el cráter como pude y eché a andar, en algún momento se me pasó por la cabeza lo aburridas que serían las cosas a partir de ese momento. Una bolsa de plástico, ausente de la realidad en la que vivía, vino flotando a posarse en mis pies, yo le ofrecí una atención tal vez indebida y la recogí del suelo. Pertenecía a alguna antigua cadena de supermercados, antigua en el sentido de que ya no existía, pues cerca había habido uno de esos centros comerciales que el día de antes había funcionado perfectamente, con la chica fea que no paraba de sonreír, la chica de pendientes de aro y la chica guapa con su permanente cara de asco y el chicle que no dejaba de mascar durante horas. Solo por curiosidad me dirigí a donde debía estar el supermercado del que probablemente se hubiese escapado la bolsa, curiosamente dentro de su destrucción era uno de los edificios mejor conservados. Le faltaba el techo, todas las paredes y el hombre que solía pedir una limosna en la puerta, pero el resto estaba igual, aunque negro y petrificado. Ahí estaba el pescadero, con expresión de haber estado gritando justo cuando le tocó morir, gritaba, seguramente, al mozo que colocaba los productos provenientes de las cajas, el cual, a su vez, le dedicaba un cuidado corte de mangas, y esta escena, como siempre, estaba arbitrada por el carnicero, con brazos cruzados sobre el pecho, gordo y muy muerto, como todos. En las cajas estaban petrificadas la chica fea que aun así sonreía, la chica de los pendientes de aro y la chica guapa con cara de asco, cuya extraña mueca me sugería que tras sus labios de piedra se podría encontrar un chicle, lo más probable es que de piedra también.
Miré con ojos tristes a la bolsa de plástico, no la podía apadrinar, así que la dejé en el suelo para que flotase en busca de un nuevo dueño.
Aunque todo estaba tan callado, con ese silbido del aire que te señala que ya solo quedas tú, se me empezaban a acumular muchas cuestiones sobre el futuro, inmediato y no tanto, y esas cuestiones de alguna forma eran problemas, ¿Saben lo que hago cuando no quiero escuchar los problemas? Me doy una ducha.

lunes, 12 de mayo de 2014

El jinete triste

La ciudad de Yerma estaba acostumbrada a ver aparecer grandes grupos de jinetes con la intención de saquearla, pero ese día los vigías solo vieron un jinete solitario en el horizonte.
Cuando los arqueros le tuvieron a tiro de flecha, vieron con sus ojos de águila que su rostro no expresaba ira, venganza o tan siquiera violencia, solo tristeza.
Su caballo iba al paso y así llegó hasta las filas de soldados que flanqueaban las puertas. No paró frente a las lanzas con las que le apuntaban, ni frente a los ballesteros, ni siquiera ante el alto del coronel, al que ni siquiera contestó.
Su caballo iba despacio, siempre rodeado de nerviosos lanceros, lanzas en alto hasta que se les cansaron los brazos. Al final el triste jinete acabó rodeado de ciudadanos curiosos y temerosos a partes iguales. Finalmente detuvo al animal frente a una casa de barro, desmontó con el sonido metálico de algunas piezas de armadura que sí llevaba y entró por ella dando un portazo.
El gobernador mandó rodear la casa con tres mil hombres, poner arqueros y ballesteros en los tejados de las casas colindantes, trazar una serie de pozos para detectar algún posible túnel que saliese de la casa y colocar soldados en las habitaciones de las casas que compartiesen pared con la casa en cuestión, lanceros que apuntaban con lanzas temblorosas a una pared.
El hombre salió de la casa a la mañana siguiente, aun con el rostro sembrado de tristeza. Su caballo recorrió un sendero entre los soldados y jinete y montura se marcharon de la ciudad.
Un espía, claro, un espía, dijo el gobernador, el cual mandó doscientos jinetes en su búsqueda, los cuales no llegaron a encontrarle, así que ofreció quinientas coronas a quien se hiciese con el jinete triste.
Con tan pocos datos como se pudieron ofrecer, era extraño que alguien hubiese dado con él, o que no se hubiesen capturado miles de erróneos caballeros, pero así no fue.

Cuando salió de la habitación de un hostal de una ciudad portuaria, una saeta se le clavó en el muslo, otra en el vientre, entonces cayó de rodillas, pero comenzó a levantarse, por lo que le clavaron una espada en la espalda, dos lanzas y otra espada acabaron con su vida. Después le decapitaron, a él y a su caballo, aunque esto fue más problemático porque no supieron bien a qué altura del cuello del animal cortar.

Cuando el gobernador abrió la caja que le había sido enviada, no profirió un grito o arrugó la nariz por el olor de la piel muerta, ni presenció el rastro de la ira de los últimos momentos de la lucha en sus ojos, solo vio un rostro triste, y sintió tristeza también.

sábado, 10 de mayo de 2014

Decalogue

El vaho salía lentamente de mi boca, como el humo de una intensa calada.
Odio las torturas, alguna vez he sentido curiosidad por el tema, pero las torturas son una de las cosas que más miedo me dan. No me pondré a hablar de ello, y no porque no fuese mi intención, sino porque me resulta molesto.
Pero todo cambia cuando te torturas a ti mismo.
No he conocido a ningún paciente que tras haber superado una dolorosa enfermedad, haya querido volver a experimentar los síntomas de la misma, por dolorosos que hubiesen sido, solo para recordar.
Y quién explica ahora por qué a mi alrededor solo hay nieve y esqueletos de árboles, y más lejos solo niebla, en todas direcciones.
Se me podría haber escapado un susurro con nombre de mujer, pero no me lo habría perdonado, pese a que nadie pudiese escucharlo. También podría contaros qué pasa, que ha pasado y que hubo pasado, hace tiempo, y sobre lo que ha nevado, pero eso sería similar a pronunciar dolorosas sílabas, y no dolorosas en el sentido de recordar y sufrir, sino un dolor tan marchito que duele sobre la piel y bajo la misma, un dolor físico y real.
Creo que iba por donde el vaho salía lentamente de mi boca, yo le daba el empujón para que saliese como una larga columna de humo blanco, de pequeño era el humo de un dragón, más tarde el humo de un cigarrillo ¿Qué era entonces?
Miré a mi alrededor, blanco, la verdad es que podría considerarse una bella visión, una ensoñación, una fantasía, una visión, lo que al leer no se ve es el frío, un frió que no entendía de capas de ropa, un frío de los que te hacen desear estar en cualquier lugar, cualquiera, menos ese. Por un momento recordé una película en la que dos soldados caminan por helado suelo ruso y uno se desploma, el otro se agacha a su lado y le dice que menos mal que no están en un desierto, y hasta que muere le habla de lo desagradable que es el sudor. Con aquel frío jamás hubiese pensado en sudor, y de haberlo hecho lo habría asemejado al calor y hubiese sido una bendición. Eché a andar.
Anduve hasta que ni siquiera hubo antiguos árboles. Anduve hasta que el cielo, el horizonte y el suelo fueron de un blanco sucio y no se apreciaba su separación. Lo que sentí eclipsó al frío pues estaba flotando, mirase a donde mirase veía lo que de niño me había figurado que sería la nada, solo que lo que veía en ese momento carecía de la luz que hacía mi imaginación irreal, ahora me encontraba en la nada, una nada real, una nada que a la vez era profunda y a la vez cercana. Sentí un fuerte deseo de correr hasta encontrar alguna de las últimas y olvidadas ramas, volver a ese lugar y cavar hasta hacer un hoyo lo suficientemente profundo para que cupiese yo, después enterrarme y morir. No es que quisiese morir, no por ello me torturaba, pero aquel lugar me absorbía y vaciaba, y era tan perfecto… era el lugar perfecto para morir. Pero no morí, o por lo menos no allí, me tuve que marchar, y el doloroso recuerdo de dejar aquellas tierras me obligó a olvidar cualquier otro sufrimiento, que me torturasen si querían, que una mujer vestida de afiladas sílabas viniese. Me daba igual.





Decalogue significa decálogo, y esa palabra no tiene nada que ver con el texto, pero yo por una vez entiendo por qué lo pongo, y claro, el que yo lo entienda significa que nadie más podrá.

viernes, 9 de mayo de 2014

El corredor de historias

Las agujas del reloj pesaban, parecían indicar que el tiempo pasaba despacio, pero en realidad señalaban que transcurría más deprisa de lo normal. Se acercaba la medianoche.
Boiler Darko corría por las calles oscuras, su ritmo era bastante deficiente pues llevaba corriendo mucho rato ya, se acercaba la medianoche, y su rostro parecía un tomate recién lavado, rojo bajo las farolas y brillante por el sudor. Necesitaba encontrar una historia, todas las que se le habían ido ocurrido ese día eran despreciables, y las pocas dignas eran demasiado largas como para hacer un pequeño relato con ellas. Necesitaba encontrar una historia, necesitaba hacerlo antes de medianoche, y a la medianoche ya se la oía tararear un par de calles más allá.
Boiler Darko ya no sabía qué era real y qué no, sus ojos y su imaginación le mostraban parpadeantes y borrosas visiones. Abrió una puerta y vio un conejo erguido sobre dos patas, midiendo unos dos metros, con americana, vio también a su mujer conejo, que con las patas en el rostro sollozaba en silencio, un niño conejo le abrazaba la pata a su madre, frente a los tres, en el suelo, se encontraba el cadáver de algún conejo perteneciente a la familia, frito a tiros. Era una buena historia, pero demasiado larga para poder contarla en el poco tiempo que quedaba, Boiler vio a dos hombres, uno vestido de arlequín y a otro vestido de mariachi, con guitarra colgada en la espalda, hablando sobre temas de droga, algo que costaría demasiado hilar para poder formar un relato. Abrió otra puerta de golpe y vio a una familia de farolas que acababan de bendecir la mesa y se disponían a cenar, el padre farola le gritó que se marchara hecho una furia.
Cuando Boiler Darko llegó a la plaza, dispuesto a pedirle alguna historia al poeta amargado, cayó al suelo muerto, la medianoche había llegado.
Lo que no sabía el señor Darko es que yo le había seguido en todo momento y había ido recogiendo migas de su trabajo, lo que pasó fue lo siguiente:
El mariachi necesitaba una nueva canción que poder cantar, pero el poeta seguía amargado y se negaba a colaborar, por lo que tuvo que acudir a su amigo el arlequín para que le suministrase algo de mikeina. La farola era el camello por excelencia, todas las transacciones se realizaban bajo su luz, y cuando vio aparecer al conejo, que había seguido al arlequín, quien también realizaba los números de magia como el del sombrero y conejo, para asegurarse de que no tomaba drogas, le disparó. Podía despistar ver a las farolas en familia y habiendo acabado de bendecir, pero ¿qué familia que se precie cena a las doce de la noche?

Pobre Boiler Darko, ahora la plaza en la que murió lleva su nombre. Se podría pensar que tras verle morir por no cumplir los plazos de sus escritos habría yo aprendido la lección, bien, pues por las horas que son yo ya sería fiambre desde hace dos horas, maldita medianoche, malditas farolas.

miércoles, 7 de mayo de 2014

Sus ojos y el taller de los cordones de hilo.

En el taller en el que se fabricaban cordones de hilo vivía la chica de los ojos preciosos. Trabajaban en total cinco mujeres, de las cuales solo tienen relevancia tres para esta historia, la jefa, la mala y la muchacha de los ojos preciosos. El trabajo en un taller de cordones de hilo era muy duro y más laborioso de lo que pueda parecer, era más duro aun si la jefa aprovechaba su condición de jefa para no realizar las duras tareas con el telar y, peor aún, con las propias manos. Ya solo quedaban cuatro para realizar el trabajo, y la mala, ejerciendo de tal, consiguió cargar la mayor parte de su trabajo sobre los hombros, las manos y los ojos de aquella gentil muchacha que calló y no dijo nada. Las otras dos, viendo lo que hacía la mala y lo que no hacía la muchacha, dividieron su trabajo en dos, limpiamente, como con un cuchillo, y sirvieron todas aquellas tareas en bandeja de plata a los ojos de aquella chica, tan bellos. Ella no dijo nada, lo tragó todo como tragaba las llaves que abrían cofres llenos de tormentos. La jefa no durmió allí, las dos se acostaron tarde por quedarse hablando y la mala durmió más y mejor que nunca, la chica de los ojos bellos tuvo que reducir sus cuidadas ocho horas de sueño a cuatro para poder avanzar con todos aquellos cordones de hilo, que ni siquiera pudo terminar. No mucho más trabajo fue entregado en los sucesivos meses a aquella que callaba, pero nada del ya otorgado se retiró. Sus ojos, agotados y brillantes, amenazaban con apagarse. Un día le apareció un tic, sus ojos parpadeaban de manera exagerada y sus manos temblaban ligeramente, el único pensamiento que se le pasó por la cabeza fue que quizá eso lo perjudicase en su trabajo. Algo, tan vez azul, tal vez un azul cálido, estalló, dentro o cerca de sus ojos, eso no lo tengo claro, y ella se levantó. En el cuartucho en el que trabajaba vivía casi ahogada en cordones de hilo de todos los colores, los lila eran sin duda los más bonitos, así que ella cogió dos puñados, uno en cada mano, salió del cuarto, entró en los dormitorios y estampó y restregó ambos amasijos en cada una de las caras de las dos, después, cogió cinco cordones de hilo, encontró a la mala y se pasó veinte minutos intentando asfixiarla, cuando descubrió que los cordones de hilo eran demasiado frágiles para ello, desistió. Sacó una vieja maleta y la llenó de cordones de hilo, era todo cuanto tenía, y se marchó para siempre de aquel taller, bueno, se marchó de aquel taller con todos aquellos colores y con sus preciosos ojos.

lunes, 5 de mayo de 2014

Una canción que sosiega

Una canción que sosiega, que calma el alma. Guarda las uñas, deja las armas y vete a casa. Que siempre hay una razón para todo, y una solución, aunque esta nos pueda dar miedo. Que cuando algo se acaba, no tiene por qué haber acabado todo, sigue en ti. Tranquilo, cierra los ojos y en ti piensa ¿Cuánto tiempo hace que no lo haces? Duerme todo lo posible, y mañana tómate tiempo al levantarte, y después mírate al espejo, sin mala o buena cara, sosiégate y piensa “así soy yo”. Después aprovecha el sol, sin prisas pero con eficacia, muévete cuanto haga falta. No dejes que el orgullo te arruine las comidas y sonríe siempre que tengas ocasión.



Cuenta la leyenda que así uno es feliz.

domingo, 4 de mayo de 2014

Los chicles de menta

A Párfulo Rodríguez le encantaban, le apasionaban, los chicles de fresa, pero cual era su desgracia cuando siempre le decían "¿Quieres un chicle?", y él "¿De qué?", a lo que respondían "De menta" y terminaba con un "No gracias". Párfulo odiaba los chicles de menta, pero eso tenía que cambiar, así que cogió una bolsa de chicles de menta, metió uno de fresa y la removió. Fue tomando un chicle cada vez que le apetecía, en los primeros segundos el paladar no identificaba lo que se le había dado, y más tarde: "oh... menta".
Fue acabándose la bolsa hasta la bolsa hasta que quedaron tres chicles, el de fresa aun no había salido.
Hizo una pirámide y cogió el que quedó arriba, resultó ser el de fresa. Lo degustó con placer, con un orgasmo de sabores en la boca. Más tarde, cuando le apeteció otro chicle, miró mal a los dos quedaban, "malditos mentas", ninguno podía ser ya el de fresa, ¿Qué iba a hacer con ellos?
Ahora, en los "¿Quieres un chicle?" "¿De qué?" "De menta", acepta una de cada tres veces.

sábado, 3 de mayo de 2014

Mi blog en una guerra

Hace tiempo, la mitad de mis lectores, según las estadísticas, eran rusos. No entendía muy bien que les atraía hasta aquí, acabé deduciendo que el título de mi entrada "relato erótico" les salía al hacer, bueno, pues otro tipo de búsquedas, y ya que estaban, entraban para desilusionarse con lo que aquí encontraban.
Ese periodo dio paso a gente de toda Sudamérica, EEUU, Canadá, gran parte de Europa, algún país africano y, sobre todo, a españoles.
Cual fue mi sorpresa al volver a mirar las estadísticas y ver que había nuevos lectores rusos... y ucranianos. No se si sabrán lo que está ocurriendo allá en Ucrania, yo no mucho (esto se debe a mi descontento con las fuentes de información y por tanto a mi desinformación), pero si no es una guerra, poco le queda.
Entonces claro, yo me imagino uno de esos combates callejeros, con coches, contenedores y hasta edificios ardiendo y a un ucraniano que pide el alto al fuego.
-хлопці, Мігель випустила новий запис.
Lo que viene a decir:
-khloptsi, Mihelʹ vypustyla novyy zapys.
Lo que a su vez significa:
-Chicos, Miguel ha sacado una nueva entrada.
Todos se van a leer y luego ya seguirán pegando tiros.




Dedicado a todos los que me tengan que traducir al cirílico.

jueves, 1 de mayo de 2014

Miultimatum

Cuéntame lo que tú solo sabes, cuéntame una historia historia que poder contar yo a su vez. Cuéntame los secretos que mueven el alma, dame más magia, la echo de menos. No entremos en el juego de lo que echo de menos, que la liamos, pero tú cuéntame, dame el poder de no dejar a la gente indiferente.
Un pájaro, abrir la ventana y echar a volar, pasar por encima de la piscina y de los niños que juegan, por encima del Manzanares, escuálido río de Madrid. Volar, volar y contar la verdad.
¿Sabes por qué te mentí?
¿Sabes por qué hice eso?
¿Sabes lo qué realmente pienso?
¿Sabes por qué escribo en realidad?
Volar y dejar este cuaderno sobre la mesa, con las páginas a merced del viento. Que haya necesitado un cuaderno para poder contar algo con lo que no sentirme desgraciado me parece un poco triste, pero no quiero más tristeza de momento, el pájaro que ha salido de mí hace un momento aun vuela, con férrea mirada, mucho más arriba de esta ciudad, tan arriba que ya no oye las mil bocas y todas esas historias que contar. Aunque sea un ave seria, es feliz y está alegre ¿qué más se puede pedir?
Hoy pensaba en esas películas que sirven para preparar el final de las mismas, me ha dado por ponerme a inventar finales, tanto alegres como tristes, pero todos ellos llenos de humanidad. Entonces ha sido cuando he pensado "Miguel, tienes dieciocho años, no es momento para ponerse a pensar en finales".

miércoles, 30 de abril de 2014

El Ancla de Bermeo

El rey Bermeo hijo cortar un ancla cerca de la costa de Perimedini, cuando ésta se hubo hundido en las oscuras aguas, les dijo a sus dos hijos que el que el que la consiguiese subir sería el nuevo rey. Tras un par de inversiones localizaron el gran objeto metálico, pero tras muchos otros intentos quedaron fatigados sin haber conseguido subirlo. Casi un año después, con espaldas anchas como caminos, brazos como columnas, barbas de marinero con pelos de escoba, pulmones como nubes y mucho, mucho, nitrógeno en los mismos, claudicaron frente a su padre. Así comenzó la república.
El ancla sigue ahí, cerca de la costa y bajo las aguas en las que me baño desde que tengo recuerdos claros, debería estar llena de algas, pero se encargan de limpiarla las manos de multitud de visitantes que quieren hacer el paripé de intentar levantar el Ancla de Bermeo, como si fuese una especie de espada del rey Arturo, estúpidos...
Yo, cuando la intento levantar, lo hago de verdad. Estudié derecho por una razón, repasar con ojo crítico las leyes ¿para qué? Bien, pues he descubierto que si lograse levantar el ancla, obligatoriamente me convertiría en rey.
Lo de que el ancla es de oro y está llena de piedras preciosas es mentira ¿eh? Mentira.

martes, 29 de abril de 2014

Canción infantil.

Llorad llorad camellos
que apenas tenéis agua
y en qué mejor gastarla
llorad llorad camellos
esa valiosa agua
antes de que despunte el alba

lunes, 28 de abril de 2014

Under the skin

Noche.
Muerte.
Solo de una persona vacía puedes esperar cualquier cosa.

-¿La mataste?
Sexo.
-No.
Sus labios.
-Tus huellas estaban allí.
Compra lo que quieras.
-No.
Ropa, un coche, una mirada, droga, velocidad, un atardecer.
-¿Qué no estaban? Eso no es lo que dicen las pruebas recogidas.
Agua.
-Ella se ahogó, gilipollas.
Se ahogó, seguro, yo la vi.
-Aun así, tus huellas estaban en su ropa, que estaba en la orilla, y en la mochila que encontramos en el bosque.
¿Bosque? Ella se ahogó, se quitó la ropa, se metió en el agua y se ahogó ¿Mochila? Sí, la mochila ¿Qué hacía en el bosque? Ella la lanzó, dijo que no la encontraría, ellos la han encontrado.
-Yo no tuve nada que ver.
¿Seguro? ¿Qué le dijiste cuando se dilataron tus pupilas? ¿Cuando te tragaste la pastilla? ¿Cuando retiraste la jeringuilla lentamente de la piel? ¿Qué te dijo ella cuando tus labios recorrían su cuerpo desnudo? ¿Qué te gritó al oído, en la moto, junto a la velocidad?
-¿Entonces fue un suicidio?
¿Quién es este hombre? ¿Por qué hace preguntas sobre ella? Solo quería desaparecer, no le hubiese gustado todo esto, no, no le hubiese gustado.
-No se suicidó.
Anochecer, susurrar, las olas, sus ojos, el mar.
-¿Qué ocurrió entonces?
Fuego, una hoguera, compra lo que quieras, velocidad, drogas, vive, muere, noche, no encontraría la mochila, sexo, sudor, mar, frío, sus ojos, todo.
-Ella no quería vivir, ni quería morir, se metió en el mar sin ninguna razón, como todo lo que hacía, se murió sin ninguna razón.
O quizá si sabía lo que hacía.

Solo de una persona vacía puedes esperar cualquier cosa.



(A Alejandro, que me pidió que escribiese algo tras ver un vídeo)

domingo, 27 de abril de 2014

De héroes va la cosa.

Antes yo no vivía aquí ¿sabéis? Antes vivía en un lugar que en aspecto se parecía a la Edad Media. Un día me marché de casa, pero mis padres, en vez de apenarse y decirme que no lo hiciese, se despidieron de mí de una manera seca y a la vez tierna, su hijo iba a estudiar para ser un héroe, no podían sentir nada, hasta que recibiesen la noticia de que había matado mi primer monstruo, entonces ya se podrían sentir alegres, en caso de que yo hubiese muerto, solo habrían tenido que tener otro hijo.
Mi maestro era uno de manual, alto, fuerte, con una pequeña barba, serio, cortante pero en el fondo profesando un inmenso amor hacia mi persona, con una historia oculta tras sus cansados párpados y, cómo no, siendo matado heroicamente por una vil criatura para que yo gritase "¡NOO!", le vengase y me levantase de entre los restos de la bestia habiendo aprendido ya mi lección. He de decir que este tipo de maestros solo tienen un uso.
En la actualidad, en este mundo, vivís con prisas, aterrados por el más mínimo error, vacíos. ¿Sabéis lo que me gustaba hacer los domingos por la mañana? Me encantaba respirar el aire fresco de la cima de la montaña, observar las preciosas vistas y lanzarme al vacío mientras desenvainaba la espada para caer encima de un dragón con el que luchar hasta el suelo. Luego silbaba, aparecía mi caballo, fuerte, inagotable y siempre impoluto, y me iba a rondar la torre de la princesa. En el mundo del que hablo, solo hay sexo en la versión X, sino solo coleccionas un par de besos y te hinchas a perdices, pero no importa, no hay nada como ir al paso con tu caballo y suspirar por una princesa que sabes que suspira por ti.
Otro pasatiempo es el de pensar frases como "Y no vuelvas a pisar estas tierras, so granuja" o "Otra vez los buenos, desde el punto de vista de que nosotros somos los buenos, ganan" para cuando vences a ese enemigo al que te da pena matar pero que, cabezón él, no deja de robar, atacar aldeas o intentar secuestrar princesas, a las que paradójicamente siempre consigue secuestrar pero a las que deja en una jaula con un guardián, generalmente dragón, como si quisiese que alguien las rescatase...
Es posible que, viniendo de semejante genial mundo, se me pregunte que diantres hago aquí, bien, pues lo que ocurre es que las princesas de allí son muy guapas, muy finas y todo eso, pero son muy tontas, y yo vengo aquí a buscar una chica a la que secuestrar (secuestrar por primera vez ¿eh? que yo suelo des-secuestrar) y a la que llevar allí, luego quizá catalogue la historia de más de dieciocho y por primera vez el caballero se coma la perdiz.

sábado, 26 de abril de 2014

Gané, por fin...

Ay que sueño tengo... Bueno, a lo que iba, que hoy he ganado el primer premio del concurso de narrativa de mi instituto con la obra "la Escalera" (en el diploma han puesto "La escalera" y no, no era un error, hago a propósito más cosas de las que puedan parecer), presente en este mismo blog. Me han dado un vale de 80 o 75 euros, una bolsa de chucherías, un diploma y una rosa.
Pero lo que pasa es lo siguiente, los dos primeros años que me presenté no gané, el tercero quedé segundo y ¡casualidad! retiraron el segundo premio, el año pasado informaron tan mal que ni me enteré de cuando era, y este año... este año, mi último antes de un futuro supuesto ¡He ganado! Ala, espero que a los dos profes a los que profeso un odio mutuo y que estaban en el estrado les haya escocido.

De la que volvía a casa me he encontrado cinco céntimos, me ha producido casi tanta satisfacción como el premio, no entiendo cómo mi familia no le ha dado importancia a este gran hallazgo...

La rosa era larga y fresca, se merecía, y bueno, aun merece, por lo menos dos entradas en este blog. Como era larga la llevaba en la mano y me han preguntado si se me habían declarado, si me había declarado, si tenía algo que ver con San Jorge o si es que era un poco raro.
En cierto momento he ido al baño, y claro, necesitaba ambas manos, no podía apoyar la rosa en aquel sucio baño ¿que qué he hecho? sujetarla con la boca, como si fuese un tango y estuviese arrodillado frente a mi pareja. Orinando con una rosa en la boca, una verdadera pena que no haya entrado alguien, hayamos intercambiado miradas y haya salido sin hacer lo que quisiese que fuese hacer a aquel baño.
En fin, es el primer concurso "serio" que gano, esperemos que haya más.

jueves, 24 de abril de 2014

Atentamente, Miguel.

Hoy no sé qué escribir, últimamente no tengo ni idea, solo me vienen ideas, aunque buenas, cuando justamente no puedo o no debo escribir. Hoy no sé qué escribir.

Podría empezar presentando un personaje, eso siempre está bien, dices cinco cualidades, tres de ellas peculiares, y tienes garantizada la atención del lector que espera con un entusiasmado "¿Y ahora?", y eso digo yo ¿Y ahora? ¿Ahora qué?
Puede ligar con una chica que presento como misteriosa, puede emprender un viaje, puede verse envuelto en una extraña situación de violencia... Todo esto, ahora mismo, me parece un mierda. Me repito, quizá no lo parezca, o quizá sí, pero siento que no consigo pasar de cierto punto, aunque vaya cambiando el camino que no dejo de transitar poniendo diferentes palabras.
¿Saben? Últimamente siento que me asfixio, pero una asfixia real, física, insana, mala, que me provoca irritación con el mundo, malestar y odio hacia todo, hacia mí en especial. Esta asfixia vendrá de no hacer ejercicio, supongo, pero yo creo que sobre todo viene del agujero que tengo en el pecho (esto ya no es real, bueno, sí es real pero no físico), pero ahora no me apetece hablar del agujero, no aquí, no ahora y no así. Continuemos.
 En literatura, en el día a día y, ocasionalmente, en boca de todos, se habla de escritores ¡hay tantos escritores! Y a todos ellos, pese a que no se les nombre, se les recuerda, por lo menos les recuerdo yo al estudiarlos y al oír las mil y una cosas que dice mi profesor sobre ellos, "ay", pienso yo soñador, "si yo fuera... si alguien me reconociese por la calle diciendo "¿tú eres...?", si pudiese organizar un numerito desde mi posición de ese tipo de persona, si se me valorase como me valoro yo en mis sueños...". ¿Quién se atreve? ¿Quién me dice con voz enérgica "tú puedes, todo es esforzarse"? Es cierto, quizá si no dejo de escribir un segundo, dentro de treinta años "Miguel Pérez Moya" le suene a alguien a quien yo no conozca, pero mi fantasía fue aparecer en mis propios apuntes como parte de la literatura, porque "la literatura es la historia". Antes de seguir, no me llaméis soberbio o algo así, estoy comentando cosas que no he dicho o no suelo decir, todo el mundo es de todas formas en su interior, otra cosa es que no lo digan, yo lo digo, no me juzguéis por ello.
Bueno, todo esto creo que era para terminar diciendo que estaría bien que intentase escribir una historia larga, una novela, si soy alguien con aires de grandeza, o una nivola, si resulta que me apellido Unamuno. Pero aunque idease una historia y la consiguiese plasmar, no sería nada válido para lo que requiere mi imaginación, con las ventanas abiertas, provocando aires de grandeza. Además, si empiezo a escribir un poco cada día para esas largas historias ¿qué pasaría con el poco que escribo para este blog? (ya sé que a veces me salto mi auto mandato de escribir diariamente...) No sé, no se nada. Volviendo al principio, a lo de que no se qué escribir, sigo sin saberlo, alguna historia sacaré, algún monólogo, algún hecho real al que deforme un poco, algún pensamiento o tristeza que se haga párrafo, algún poema... Pero me considero abatido, tal vez cuando tape el agujero, tal vez.
Esperemos que consiga tapar el agujero, sino tendré que decir adiós, no me apetece tener un agujero, no me apetece decir adiós, tal vez, si no fuesen las cuatro de la tarde, podría decir "buenas noches" y olvidarme de todo, durmiendo un poco.
En fin, buenas tardes, y no se dejen disparar, no les vaya a salir un agujero en el pecho.

miércoles, 23 de abril de 2014

ç

"¿Y qué es lo último que has perdido?" "La memoria, para no tener que recordar el resto de cosas"

ce n'est pas un suicide, mais il semble

-¿Si te pego prometes no chivarte?
-Claro... pero me pone triste que ya solo me quieras para hacerme daño.
-Pero ya sabes que solo será por un tiempo, que luego te llevaré por el camino de las personas que van de la mano, que te daré una cajita con unos minutos de luz, que te contaré dónde crece la planta negra que te enamora pero que jamás debes comer...
-Pero... eso me has prometido otras veces, y después de cada temporada de palizas me ignoras o no dejas de pegarme.
-Sabes que te quiero ¿no?
-Hace tiempo que dudo de ello... lo siento, de verdad, ojalá las cosas no fuesen así.
-Pero te necesito, eres el único que deja que le pegue, el único que llora en silencio.
-No...
-¿No qué?
-No quiero seguir más así.
-Pero Miguel, sabes que me necesitas igual que yo te necesito a ti, yo te pego y tu expías así tu culpabilidad.
-Pero Miguel, de seguir así, algún día acabaré muriendo.
-¿Y qué es la vida sino un camino hacia la muerte?
-Si eso fuese así, si de verdad tuvieses razón, la vida no sería un camino corriente y no habría que dedicarse a andarlo con la meta de llegar a la muerte.
-Repite eso.
-La vida es...
-Repite eso y te mato.
-No, es que...
-Cierra la puerta, y cierra la boca.
-Claro...

domingo, 20 de abril de 2014

Petra... y Yo.

Cuando mi padre me encontró bebiendo alcohol, me rompió el vaso en la cabeza.
Cuando mi madre me encontró hablándole al espejo, me mandó al psicólogo.
Cuando Silvia me encontró masturbándome mientras la espiaba desde el armario, me golpeó en los testículos.
Cuando la policía me encontró con dieciséis kilos en un coche robado, me mandó a la cárcel.

Y luego el raro soy yo,
anda y váyanse a la mierda.


Petra, cómo no, no se rindió donde el resto de periodistas lo hicieron. Después de tantos años me consiguio entrevistar, su primera pregunta, cómo no, "¿Qué se siente al ser el hombre que casi mata al presidente?", yo, chulo, con cigarrillo, gafas de sol y sombrero, contesté un mascullado "chachi", pero su cara, el que era lo más parecido a un amigo y que habíamos hecho una apuesta, me hicieron añadir "es como flotar, vas por la calle con la condena ya cumplida y la gente te reconoce, ninguna mirada queda indiferente, todas transmiten algo, tal vez miedo, tal vez admiración, la mejor la de aquel niño que me miraba con desprecio, desprecio porque se consideraba superior a mí".
Sus anotaciones, y tras estas, sus preguntas previsibles, a las que seguían más anotaciones.
Sus preguntas eran tan faltas de vida y aburridas que me empecé a plantear su amistad.
"¿Cómo te sientes?" "Desde hace tiempo solo me siento de dos formas, tranquilo o perdido".
Llegado el momento decidí ser malo, "una última pregunta", le dije.
Mi maldad provenía del conocimiento, del saber que Petra tenía un jefe, uno que en su momento había ejercido de periodista y al que le gustaba dejar su firma en los artículos más importantes, junto a las de los que de verdad habían hecho el trabajo, pero algo tenía que hacer para poder realizar tal vilez, una pregunta.
La mirada que Petra me echó significaba otro fin de amistad temporal, con éste ya serían dieciocho.
Sacó un papel de su bolsillo, uno que había sido arrugado con odio unas horas antes.
"Con lo bien que escribes ¿Por qué no explicas, cuentas, lo que la gente quiere saber? Tu forma de pensar, el por qué de tus extraños actos"
Mi sonrisa no era por su pregunta, bueno, sí, pero no. Yo había hablado con su jede hacía un par de días, le había dejado bien claro que se hacía la entrevista si ésa, mi pregunta, era la última.
Siento mucha vergüenza al pensar en mi respuesta, pues al igual que la pregunta, había ideado una fantástica respuesta, y ésta acababa de olvidárseme. Tan solo se me vinieron cuatro estupideces a la mente mal pegadas entre si.
"Para poder darme a conocer tendría que escribir cuarenta volúmenes llenos de mi vida, obra, pensamientos, filosofía, hechos transcendentales, sueños, música y arena, y al terminarlos hacer una gran hoguera con ellos, solo así se me podría conocer, querido Petra".

Mare.

Ahora que todo iba a terminar, parecía más bello.
El aroma del mar, salado, fresco y pegajoso; los niños, corriendo, jugando. Ella mantenía el ritmo al andar igual en todo momento, ninguna distracción, ningún pensamiento traidor, tocaba sus pasos.
Llegó al Gran Espigón y ahí se detuvo un momento, tomó aire y se adentró en las rocas.
El mar, el océano, son extensos, azules en su mayoría y con muchos pensamientos incrustados entre sus olas. Era una pena que no hubiese ningún barco a la vista, a Ana le hubiese gustado ver uno por última vez. Se dirigió hacia la Roca.
Ana miró hacia abajo, el Gran Espigón en realidad era un acantilado que llevaba ese nombre por cerrar una pequeña bahía. El mar estaba tranquilo, sus olas lamían la falda del acantilado en vez de golpearlo, eso estaba bien, sino podía haberse echado atrás-
-Adiós- Susurró.
Se acercó aun más al borde, cerró los ojos, estiró los brazos y...
-Ni se te ocurra.
Alarmada, Ana por poco tropieza y cae. Se dio la vuelta y vio a un joven sentado, apoyado en la Roca, que observaba con interés sus propias uñas.
-Pero...
-Me da igual.
Se levantó, enérgico, de un salto.
-Ven- Le ofreció la mano.
Ella, vacilante, se acercó a él y se la cogió, esto fue lo único que cambió la expresión del rostro de él, a ligeramente sorprendido.
Sin hablar, con el mismo paso que se emplea cuando buscas conchas en la playa o con el que pretendes no pisar los cristales del suelo, salieron del Gran Espolón.
Ana no es que hubiese cambiado de parecer, es que tenía una especie de shock emocional, y aquel chico, aquel chico, nunca le había visto, sus ojos miraban al frente, pensativos, soñadores y a la vez desafiantes; su mano, cálida en la tibia de Ana, parecía fuera de lugar, que a él le pegaría tener las manos en los bolsillos, la vista en el suelo y una seriedad constante, de hecho, Ana estaba segura de que si le soltaba la mano, desaparecería o se iría volando, una de dos.
En cierto momento, ella, que no dejaba de mirarle el rostro, se detuvo, él, girando la cabeza, hizo un amago de sonrisa y comentó:
-Vamos.

Anduvieron por la playa de arena y piedras, con pasos muy lentos, como dos enamorados. Cuando el sol tocó su perfecto azul para iniciar la lenta puesta de sol, se detuvieron.
Ella, Ana, empezó a hablar entonces, sin habérselo propuesto y sin poder parar. Le habló de qué había hecho desbordar el vaso, de por qué el vaso estaba tan lleno, de qué había ido llenando el vaso y de por qué había un vaso. Le contó sus problemas, le habló de sus hermanos, le comentó con alegría sus mayores y a la vez pequeños placeres y al terminar respiró como un fumador con pulmones nuevos, como un ser gordo al obtener un cuerpo atlético de repente, respiró de manera limpia y tranquila, se sentía tan... relajada, no se atrevía a decir feliz.
Entonces le miró, y los ojos de él, que se habían mecido entre el sol y el mar, le miraron. Ella entonces se acercó, iba cerrando los ojos cuando un dedo de él se posó en sus labios.
-No- Susurró. Se levantó y se marchó.
Ella no hizo nada ni pensó nada durante largos minutos, entonces, de repente, se sintió estúpida, boba y empezó a recordar cosas, quería gritar, pero no podía, los gritos, en vez de acudir a su boca, parecían querer salir por su pecho, impidiéndole respirar, sus ojos se llenaron de lágrimas. Se levantó y empezó a correr, como el viento. No se daba cuenta, pero ahí sentada y sola había estado más tiempo del que creía.
Esta vez no paró en la entrada del Gran Espolón, ni anduvo con cuidado por las rocas y, lo que si que no hizo, fue parar en el borde del acantilado. Saltó.
Mientras saltaba, sus ropas y su pelo se fundieron con el aire, ella sintió miedo y se arrepintió de lo que había hecho, pues ya caía, caía hacia el mar, mucho más bravo que antes. Calló...
...Pero rebotó, gritó al hacerlo.
Se encontraba en una red, a mitad del acantilado, ésta estaba enganchada a la piedra, se mantenía horizontal por unos palos que tenía debajo a cierta distancia unos de otros, y se extendía como cien metros en cada dirección.
Ana miró a su alrededor y vio al chico sentado en una piedra, se arrastró hacia él sobre la red, había una especie de entrada a una cueva a su espalda. Quería darle las gracias de alguna forma, pero a la vez también le odiaba.
Se imaginó a aquel chico llegando a casa, saludando en voz alta a su madre, cocinando, y a su padre, descansando frente a la chimenea con una espiga de trigo en la boca. Se lo imaginó sentándose en la mesa de la cocina, a espaldas de su madre, y mientras empezaba a pelar patatas comentar "¿Sabéis? Hoy he evitado que una chica se suicidase".
Miro hacia el sol, en su punto álgido del atardecer, y miró al mar, tan profundo.
-Mare nostrum- Comentó.
-Mare nostrum non est, mare dominus non habet- Dijo él.
Ante la mirada de Ana añadió:
-El mar no es nuestro, el mar no tiene dueño.






Mi agradecimiento a Paula por su ayuda con el latín.

miércoles, 16 de abril de 2014

Por si a alguien le interesa.

Me voy de "vacaciones", lo más probable es que no publique nada, pero sí escribiré pensando en mis imaginarios lectores, pensando en subir cosas a mi vuelta, quizá incluso las pueda subir desde mi lugar de destino, donde quiera que esté.

Aprovecho, ejem ejem, en recordar que se pueden poner comentarios, está la opción del anonimato y no pasa nada porque estos sean negativos.

Un cálido saludo a todos, tened cuidado y pasároslo bien.

Odié aquel libro en la tormenta.

Odio a Paula. La odio porque su libro me ha enganchado sin llegar a gustarme. Odio a Paula porque su libro tiene seiscientas páginas, mientras que el que yo le dejé a cambio tiene la educada cantidad de doscientas. Pero sobre todo la odio porque me tengo terminar el libro, me preguntará sobre el seguro flagrante final, y, al pasar el principio que me echaba atrás, he visto que no está tan mal, por lo que me veo obligado a ofrecerle la amnistía a un par de libros que se quedaron sin leer. Odio a Paula.

Había salido al jardín con el libro bajo el brazo. Pensaba leer en mi queridísima tumbona, pero el aire, frío y mucho, y la tormenta que se acercaba por tres frentes, me impulsaron a recorrer el jardín, una práctica que debería practicar más. Andando se me ocurrió el primer párrafo de esta entrada.
Una gota cayó, una heroica gota que se atrevió a ser la primera, y tras esta, varias, que no muchas.
"Oh no" pensé "¡El libro!" Y ahí, en el húmedo aire casi frío, me quité la camiseta y enseñé mis pectorales al cielo, de haber tenido mejor cuerpo hubiese quedado más legendaria la escena, con los rayos que empezaban a aparecer en el horizonte. Corrí a la mesa y cubrí el libro con mi camiseta, después empecé a dar vueltas a la piscina dando pequeños saltos.
La lluvia se hizo diluvio y corrí a proteger el libro, la camiseta había huido ayudada por el viento, por temor a la tormenta.
Las gotas adoptaron la forma de una cortina completamente vertical. Y así es cómo acabé leyendo, bajo la mesa del jardín, sin camiseta y completamente seco en mitad de una furiosa tormenta de primavera.

martes, 15 de abril de 2014

A ti.

Es posible que eche de menos muchas cosas, es posible que sienta rabia o tristeza al recordarlas, es posible que te eche de menos a ti.
No negaré que, cuando creo que ya está todo bien, vuelvo a decaer. Pero no negaré que tengo fe, no en mí, sino en el devenir, creo que algún día, al escuchar algunas canciones, recordaré sin sufrir.
Quizá algún día dejen de importarme algunas cosas para que me empiecen a importar otras.
Una amiga me dijo una vez que lo mejor para escribir es estar triste. Estar triste de vez en cuando puede no estar mal, pero no hay nada mejor que sentirte feliz y escribirlo, así por lo menos, aunque la felicidad se vaya, al leer lo escrito sonreiré como un bobo.
Una vez me dijiste que no te gustaba leer lo que le habías escrito a alguien que ahora formara parte de tu pasado, yo te dije que no lo veía así, que al leer algo bueno que le habías escrito a esa persona, podías recordar, que no sentir, el sentimiento que en ese momento se encontrase en ti.
Siempre quiero decir adiós, y siempre me veo volviendo sobre mis pasos. Quizá algún día siga camino adelante, más bien "ojalá" a "quizá".
No entiendo cómo aun no me han cogido para protagonizar una comedia romántica o una cinta triste con un marcado toque humano.
Sé que soy un pesado, pero, si dejase de serlo ¿Quién me reconocería?
Algo que me gusta de la Tierra, la Vida y el Mundo, es que están llenos de metáforas.

lunes, 14 de abril de 2014

"Los Tres"

No es por presumir, pero creo que todo aquello fue posible gracias a Miguel, al cambio que se produjo en una de sus líneas de pensamiento.
¿Cómo comenzó la generación del 98? Tranquilos, que no vengo a examinar a nadie, y no, no me refería a la derrota del 98, me refería al Grupo de los Tres, concretamente a su manifiesto. Bien, pues Miguel recordaba eso del "manifiesto de los tres", y le hacía gracia que tres hombres, intelectuales de la época, pudiesen tener el honor de hacer tal acto simbólico que iniciase un importante movimiento cultural.
El cambio en la forma de pensar de Miguel, que será medianamente importante después, se puede resumir con la frase "cambió el protagonismo por la media sonrisa", luego os explico.
Miguel también había pensado en las reuniones de intelectuales en cafés que se habían producido durante siglos en la ciudad de Madrid, de la que era residente, y en las que se imaginaba a él mismo entre un nutrido grupo de hombres entre los veinticinco y muchos-años, discutiendo sobre interesantes temas a viva voz y entre una niebla provocada por el humo de cigarrillos. Quizá fue ahí, en su imaginación, donde, al no querer interrumpir a un inventado personaje con gafas y severa barba gris, sus ansias de protagonismo se sentaron y empezaron a escuchar.
Quería rodearse de intelectuales, eso se le metió en la cabeza, "¡La élite intelectual!" decía. Fue por ahí cuando pensó en los tres, los del manifiesto digo, los del 98, los que he dicho antes ¡leñe! ¿Cuántos intelectuales se necesitan para sentirte tú intelectual? Pues dos, supuso, y miró a su alrededor, perfecto, tenía dos amigos que encajaban en el perfil. La experiencia acabó cuando, tras intentar pasar una tarde en un café, les echaron a los veinte minutos por no consumir más y con la factura de ocho euros por bebida, sus bolsillos les traicionaron, y no volvieron.
No se daría cuenta de que a la gente, como a las novias, se la conoce cuando no la buscas, de hecho no se daría cuenta de esto hasta verse al lado de Joaquín Lanchas y a un hombre conocido como Cocodrilo, ambos, por supuesto, llevaban una etiqueta en la chaqueta en la que ponía "intelectual".
¿A qué se habría querido dedicar Miguel? Nunca lo tuvo claro, ni cuando daba una respuesta rotunda aparentando total confianza, posiblemente la respuesta fuera "a nada".
¿Y Joaquín Lanchas? Tras abandonar cabizbajo la escritura había optado por estudiar filosofía con derecho, y había acabado de cualquiera en un cubículo con forma de despacho.
Cocodrilo practicaba la abogacía, el ajedrez, la dirección de dos tiendas de figuras que pintar y con las que jugar extremadamente caras, el golf, la regencia de un restaurante chino y otro italiano, la lectura y los juegos de azar. Él era el único de los tres que en algún momento de su vida había podido susurrar "ahora mismo soy feliz".
Compraron un gran edificio, grande respecto a una casa, pequeño respecto a todo lo demás, más bien sería un pequeño edificio. Todo el dinero con el que contaban eran los ahorros de los dos primeros y una generosa suma del tercero, proveniente de los desechos de la fortuna que estaba amansando y que hacía a los otros dos sentirse ligeramente incómodos.
Miguel había dejado de intentar imponerse como líder, algo innato en él, y había empezado a dirigir los acontecimientos con delicadeza, sin que se viese su huella en ellos y sin llevarse el mérito, "cambió el protagonismo por la media sonrisa", hace y sonríe con malicia viendo a quien cree haber hecho.
Para sobrellevar los gastos, continuaron haciendo ellos mismos las reformas y las funciones de limpieza, y hasta empezaron a quedarse allí a dormir, dedicando así sus ingresos solo a comida y al gran local. También empezaron tímidamente a vender cuentos e historias que ellos mismos hacían, pues abrieron un pequeño espacio del lugar al público, y continuaron ofertando cuadros, dibujos, partituras, fotografías, ciertas piezas de basura recicladas y, en contadas veces, alcohol.
No sin mucho, muchísimo esfuerzo, dieron por terminados los preparativos y se inauguró "Los Tres", un lugar cuya función todo el mundo desconocía, incluso Miguel, Juaquín y Cocodrilo. Había muchas salas con asientos y diferentes tipos de música, una donde podías colgar un cuadro tuyo y llevarte uno que te gustase, un jardín con fuente, una donde había camas con una sección titulada "zona privada" y así todo tipo de pequeños mundos, algunos de ellos antes inimaginables, y, por supuesto, la sala más popular, era aquella donde se encontraban Los Tres.

domingo, 13 de abril de 2014

Hay veces que es mejor nada que un título

-Tors, Pablito, venid ¡Eustaquio! ¡Ven aquí un momento que os quiero decir una cosa!
-¡¿Qué?!
-¡Que dejes de pescar y vengas!
-¡No estoy pescando! ¡Estoy meando!
-¡No me interesa que estés meando! ¡Termina y ven!
-¡¿Que te estoy mareando?!
No! ¡Que vengas!
-¡Espera que estoy meando!
-¡Pues termina ya de mear!
-¡Pero no lo grites! ¡Que se va a enterar todo el bosque!

-Oye.
-¿Si Pablito?
-¿Nosotros vamos haciendo algo?
-Sí sí, id sentándoos por ahí, alrededor de los restos de la hoguera.

-¿Algo más?
-Sí, Tors, poned cara de expectación y tono de voz ceremonioso.
-¿Lo del tono cómo va?
-Pues así: esto es una ceremonia
-Pero eso no parece ceremonioso, parece que estás malo de la garganta.
-Bueno, pues olvidad lo del tono, ¡Eustaquio! ¡Quieres venir ya!

-¡Que ya voy, leñe! ¡Mierda! ¡La bragueta!


-Ahora que os tengo a todos aquí...
-Todos no, faltaría Eustaquia.
-Ya lo sé, Pablito, pero Eustaquia murió hace dos semanas en aquella disputa que se convirtió en batalla contra los defensores de que la tortilla mejor sin cebolla.
-Ah, es verdad, se me había olvidado... pobrecita... malditos tortilleros- entrecerrando los ojos- merecían morir.

-Bueno, pues continúo, ha sido un viaje magnifico en el que os he ido encontrando y conociendo. Tors, a ti defendiendo aquél puente de todo aquel que quisiese cruzarlo en automóvil. Pablito, a ti robando ovejas para que los campesinos pensasen que eran los lobos, y que al ir a cazarlos, los lobos les tendiesen una emboscada, pagaban tan bien que no se cómo te viniste. Y a ti, Eustaquio, que tenías una empresa cuyo subtitulo era "constructor de casa", ya que en treinta años solo hiciste una, por cierto, ¿la terminaste?
-Sí, pero me han llamado para repararla, que se cayó el tejado.
-Bueno, pues a vosotros tres...
-¿Y Eustaquia?
-Sí, Pablito, Eustaquia, pues ella era cocinera en mi antigua casa, y cuando eché a andar, se le enganchó una esquina de la falda en mi mochila, y como era muy cumplidora no dijo ni pío, la llevé conmigo quinientos kilómetros antes de verla a mi espalda, tejiendo un jersey.
Bueno, a lo que iba, ha sido un magnifico viaje en el que habríamos dado tres vueltas a este, nuestro mundo, de no habernos perdido, pero ahora es hora de decir adiós.
-Oh no...- A Pablito se le fueron los ojos a las cenizas de la hoguera.
-Jé- Masticó Eustaquio.
-Tú a mi no me engañas- Todos miraron a Tors- Esto es por la canción que cantaba anoche la prostituta en la taberna.
-Hombre... esa palabra es muy fea.
-Es por eso ¿no?
-Bueno... es que era una canción de esas que es como filosofía bailable, como especias para el alma si te la vas a comer, como tener de repente los oídos limpios, como una canción triste que, antes de desanimarte, te llena el pecho de júbilo, como...
-¿Cómo era la canción?- Se interesó Pablito.
-Era algo así como... amor, olvido, nosequé, lalalá ¿pin? ¡alma! ¿o almas? Algo de que el cambio era bueno... y el estribillo tenía ese nananaaa, qué bonita, qué bonita ¡Por dios!
-¿Así que te vas?
-Sí, en eso consiste mi vida, muchachos, en enseñar a encontrarse a la gente y luego hacer que se pierdan, para que pongan en práctica lo aprendido.
-Te echaré de menos, oye ¿te das cuenta que en todo este tiempo no nos has dicho tu nombre?
-Nunca le diré mi nombre a quien me pueda tratar de "¡Eh tú! ¡Baja ahora mismo de ese árbol!".
-¿Y ahora cómo volveremos a casa?
-Siempre podréis no volver, seguir hacia adelante, seguir hasta donde nacen los cuentos y mueren los suspiros de amor. Sino, para volver es sencillo, solo tenéis que... izquierda, derecha, derecha, izquierda, escalar la montaña, izquierda, derecha, abajo, arriba, al centro y pá dentro.

Y así, los dos muchachos y Eustaquio, que contaba más bien como de la tercera edad, se marcharon camino abajo silbando y tarareando, bajo la atenta mirada de aquél hombre que les echaría de menos y que pensaba visitarles en navidad saliendo de pronto de un regalo.

sábado, 12 de abril de 2014

De qué sirve

¿De qué sirve ser buena persona?
No conseguirás a la chica, solo un beso en la mejilla, y un "adiós" con palabras bonitas.
De qué sirve, si todos aplaudirán, gritarán "bravo", susurrarán "qué grande" y luego te olvidarán.
De qué sirve, si tú dejarás de lado a quien esté bien en ese momento, para estar con quien esté mal en ese momento, para que nadie esté contigo, para que encima acabes solo.
De qué sirve, si por aparentar, no puedes decir "seré malo"
De qué sirve, si un pequeño desliz, se verá como un pecado
De qué sirve, si cuando el barco se aleje de puerto, mirarás a quienes se despiden, con pañuelo blanco, sonreirás por ellos, y tú, mirarás al agua, y te despedirás de tu reflejo.

Yo, mis días y mis noches

Yo, que dudo de mi existencia.
mis días, de dormir y de alegría.
y mis noches...
Mis noches de insomnio, donde los demonios, con bastón y sombrero, se ponen a bailar.
Mis noches, donde tu recuerdo, tan maldito, tan pétreo, se pone a cantar.
Demasiado cansado para leer, demasiado calor para dormir, demasiado frío para respirar
y ese bebé que llora, en mi casa vacía, y la madre que le canta y le acuna, una madre que no está.
Y tus ojos, tan serios sin sonrisa, me matan con tu mirá.
Una parte de mí coge las maletas, ya hechas, y se va.
Otra parte me mira con pena, deja un billete bajo la almohada, y se va.
La tercera se acurruca a mi lado, me susurra maldades y tristezas, entonces viene el sueño, y mi consciencia, se va.

jueves, 10 de abril de 2014

Vamos, mis hermanos.

Vamos, mis hermanos, no les podemos dejar vencer, ni por honor ni por razón. Vamos, mis hermanos, se ríen de nosotros, son viles alimañas que solo quieren nuestro mal. Vamos, mis hermanos, esta es nuestra guerra, y la han declarado ellos ¡Vamos mis hermanos! ¡vamos! esto no puede quedar así, devolvámosles el miedo que se pierde con los siglos ¡vamos! Que se arrepientan o se vayan, no más tonterías, no más hipocresía, no más ratas llamándose ángeles.
Vamos, mis hermanos, vamos por un futuro mejor.

miércoles, 9 de abril de 2014

la Casi entrevista a Baltasar Meñique

-Este hombre es el de la anécdota esa ¿cómo era? ah, ya me acuerdo. En una especie de entrevista, un encuestador le echó en cara que él no hacía nada por los demás, que su arte, tanto la fotografía como la escritura, eran solo para él. A esto, Baltasar Meñique le respondió "mire usted, cuando yo voy a cualquier lado en invierno, voy en tren, y mientras voy en el mismo necesito una distracción, aquí aparece el problema, solo tengo tres bolsillos lo suficientemente grandes, uno está ocupado siempre por mi pareja de guantes y otro a rebosar de preservativos, por lo que solo me queda uno libre. En este último bolsillo tengo la posibilidad de llevar un cuaderno de notas e historias, mi cámara o un libro, y yo preferiría el libro, poder relajarse leyendo el trabajo que ha hecho otro, pero no lo hago, llevo el cuaderno para contar o la cámara para retratar, así que quiero que vea este sacrificio que yo hago y que no vuelva a decir nunca más que no hago nada por los demás".
-Que artista...
-Sí, y es a él quien vas a conseguir entrevistar.
-Vaya... es que... no se, quizá mis preguntas no sean lo suficientemente buenas... o yo qué sé.
-¿Te estás planteando cancelar la entrevista?
-Esto... sí, quizá mejor otro día.
-Bueno, pues te acompaño a la puerta.
Cuando volvió la secretaria comentó en bajo.
-Otro más que se echa atrás, menos mal que ni he avisado a Don Baltasar Meñique de que tenía visita, en fin ¿Dónde está el vodka?

martes, 8 de abril de 2014

Príncipe, truhan y prostituta.

Carlos es príncipe, pero como su padre es viejo, las preguntas se las hacen a él. Carlos, el príncipe, no conoce a sietesiete, un vulgar bebedor, jugador y encargado de los trabajos más peculiares. A su vez, sietsiete no conoce a Mauks, una prostituta que aun no ha comenzado con su nuevo trabajo, el de prostituta, digo. Solo como dato, Carlos y Mauks tampoco se conocen, aunque de niños al parecer intercambiaron miradas durante un momento ¿pero a quién le importa eso?

Carlos siempre ha sido muy suyo, muy delicado y muy "aaay" (sonido de suspiro que expulsa un aire que ya pesaba en los pulmones), por todo ello, los criados, los pajes y el mayordomo le han llamado siempre afeminado, a él no le importa mucho, solo le importa, y de hecho le acuden las lágrimas a las comisuras de los ojos al pensarlo, que su vida es lisa, aburrida y sin expectativas de cambiar, de hecho las expectativas que sí hay son, en su mayoría, secas y el resto se conocen al detalle, limando toda posibilidad de sorpresa.

sietesiete (por cierto, es nombre propio pero jamás lleva mayúscula, ponérsela conllevaría un castigo tan severo que ni me atrevo a pronunciar, a escribir, quiero decir) quisiera ser guitarrista, pero sin dinero y sin apoyo de ex-familiares, compañeros de bebería y clientes de peculiares trabajos (estos tres grupos formarían su círculo social), no se puede.

Mauks no ve demasiado bien eso de trabajar de cortesana, que si se tiene que hacer se hace, pero no le gusta mucho. Las veces que sus compañeras de fulanería o anteriores compañeras de anteriores trabajos le han preguntado por su trabajo soñado, la vista se le ha puesto soñadora, se ha ido a las estrellas (siempre se lo han preguntado de noche, casualmente) y ha susurrado muy bajito, para si misma "quisiera ser princesa" y para evitar risas, a los "¿Qué has dicho?" ha estado respondiendo "esto... no lo se, nunca lo he pensado", curiosamente acabó de prostituta por esa fingida indeterminación.

Carlos no puede más, hace llamar a su único amigo y antiguo compañero de clases particulares, en las que estaban solos ellos dos, Gataneg. Le pide que le busque una salida, y él le señala la puerta. Después de dos horas, Carlos se hace entender, quiere dejar lo de ser príncipe, al "¡Pero por qué!" responde con "no es lo mío...".

sietesiete, fácil de encontrar, es hallado bebiendo, con aire filosófico, en la taberna Las Tres Velas y La Rana Verde. Le proponen un trabajo muy raro, diría "el más raro de su vida" pero es que hay cosas en su expediente difíciles de superar...

Mauks sale a dar un paseo en la oscuridad de la noche, si no está en el burdel no cobrará, pero tampoco tendrá que tratar con hombres babosos y gordos recién llegados de Las Tres Velas y La Rana Verde.

Carlos, al detalle de los detalles dictados por Gataneg, viste de negro, con sombrero de gran ala y con hollín en el rostro.

sietesiete, tapado por capa y sombrero, se adentra por un pequeño callejón...

Mauks, ya cansada de andar y viendo que se encuentra muy lejos del burdel, para un carruaje para subirse en él, este al principio parece que no puede parar, pero finalmente lo hace frente a la cabezonería de Mauks, y ella sube.

Carlos consigue salir por una puerta, y se cruza con otro personaje, también tapado, y piensa de él "joe, este sí que ha sabido dar pinta de pordiosero"

sietesiete se cruza con un hombre tapado con ropas negras de lo más caras, todo materiales exquisitos, le dan ganas de atracarle ya que está, luego recuerda su misión, se terminan de cruzar ¿Por qué llevaría ese hombre la cara llena de ceniza como si hubiese metido la cabeza en una chimenea ya apagada?

Mauks sube al carro y solo se le ocurre decir "oh, vaya". Una pareja, ambos desnudos, están... uno encima del otro... hay movimiento... jadeos... pierna por aquí... pierna por allá... sexo, vamos, mucho sexo. Una persona normal hubiese bajado, Mauks se queda para aprender cosas para su nuevo trabajo. En un momento se fija en una pila de ropa, de los desnudos, claro, y entre ella ve dos cartelitos, de esos que te pegas sobre el pecho en algunas fiestas para identificarte, en los que pone "Gataneg" y "Princesa".

Carlos llega a Las Tres Velas y La Rana Verde y sube a una bohardilla con goteras, manchas y una rata (el curioso caso de la rata que llegó a un séptimo), y mientras piensa en los colores y nueva decoración que le dará al lugar, comenta con aire relajado y feliz "hogar, dulce nuevo hogar".

sietesiete atraviesa la cocina, sube una escalera, recorre un pasillo... todo esto en la más absoluta oscuridad ¿eh?.. y entra en una habitación, allí se viste, aun a oscuras, con una ropa que le habían dejado preparada sobre la cama (bueno, vale, primero se quita una ropa y luego se pone otra, menos los calzoncillos, esos no se los quita, son los rojos de la suerte). Tras esto, recorre otra sucesión de pasillos y entra en una sala que suena a hueco.

Mauks tiene una idea... Gatonag y la futura princesa terminan con un "Aaaahhh" común, propio de un alto orgasmo, alto porque pertenece a las altas esferas. Entonces Gatonag sale del carruaje a fumar un cigarrillo, mientras sonríe mirando el cielo, próximo al amanecer, oye un grito proveniente del interior del carruaje y abre la puerta inmediatamente. Dentro hay dos mujeres, una vestida con las ropas ceremoniales de la ceremonia de la presentación (ay que lío) y la otra en ropa interior. Empieza a hablar la semidesnuda, acusando a la otra de ser una farsante ladrona. Cuando le toca el turno a Mauks, recuerda que antes de prostituta fue panadera, y antes de eso se encargaba de escribirles los discursos a políticos y aristócratas, por lo que, recordando su acostumbrado humor autoritario y brusco, comenta "Gatonag ¿Que idiotez es esta? ¡Aleja de mi vista a esta... esta... cosa! ¡Inmediatamente!" Gatonag, sin preámbulos, y aun con cara de sorpresa-susto-albaricoque, coge del brazo a la verdadera princesa y la tira del carruaje, para subirse él después y cerrar la puerta.

Carlos, ya mejor vestido pero no tanto como solía vestir en su anterior trabajo, se reune con la multitud. Es un gran día, ha muerto el rey (no quiero decir que sea bueno porque haya muerto el rey sino que... bah, da igual), se coronará al que aun es príncipe, supuestamente Carlos, y se le presentará a su prometida, la princesa, con la que acto seguido se casará, por eso es un gran día.

sietesiete se sienta en un asiento duro y frío de la oscura sala y piensa "bien, con esto de sentarme queda concluido mi trabajo, supongo que ahora vendrá el estirado ese a decirme que me vaya..." Pum, se encienden miles de luces, y se ve frente a cientos de personas, todas sonrientes. Una sonrisa especialmente gorda comenta "he aquí quien lleva oculto tanto tiempo a los ojos públicos ¡nuestro príncipe y ahora rey!", todos aplauden cuanto pueden y sietesiete mira hacia tras, dispuesto a aplaudir, pero solo ve una enorme pared dorada y el respaldo de un trono. "Mierda... me la han colado otra vez", pero tiene una idea. "¡Gente! ¡Mi gente! Seré un buen rey pero a cambio deberéis dejarme tocar la guitarra ¡y regalarme una guitarra ya puestos!", la gente se mira extrañada, luego vuelven a romper en aplausos.

Mauks, ahora en otro carruaje, este descapotable, sonríe y saluda a la gente, con una sonrisa y felicidad ensayadas desde niña, y ahora porfin reales.

Carlos piensa "mierda, no sabía que era tan guapa... en el retrato que me enseñaron de ella salía mucho más fea"

sietesiete, aun pensando en todo lo que podría sacar ahora que era rey, vio a la joven que entraba por la puerta, y se le fue la sonrisa.

Mauks, aun pensando en lo feliz que sería ahora que era princesa, vio al joven que le miraba de pie, de espaldas al trono, y se le fue la sonrisa.

Carlos, aun pensando en todo lo que podría sacar de la vida ahora que no era nada, y por lo tanto todo, vio a la pareja, se notaba que feliz, que salía al balcón y sonrió por ellos, luego se marchó a su nuevo hogar, silvando una canción, pensando en la decoración y en si Gatonag aceptaría ir a cenar con él aquella noche, bueno, con él y con la rata.

domingo, 6 de abril de 2014

Tápik

Hace algunos años, Tápik salía siempre de casa pensando "hoy conoceré a la mujer de mi vida", hoy en día piensa "hoy haré algo realmente interesante". Tápik dejó de fumar cuando comprobó que no le proporcionaba ese estilo tan seguro que creía que le daría, ahora es adicto a mascar chicle. Hace un par de meses tiró todos sus calzoncillos y se compró unos nuevos, tipo slip, lo más gays que encontró. De hecho, ya que estaba, se compró pantalones de lo más marcados, camisas a cuadros que resaltasen su larga figura y delgadez, y un gorro rojo que aun no se ha puesto nunca.
Antes, Tápik jugaba al tenis, conducía cinco kilómetros por encima de lo permitido y acudía todas las semanas al cine. Ahora Tápik ha desarrollado una extraña adicción a masturbarse en lugares públicos sin que nadie lo perciba.
En las últimas siete horas le han llamado loco tres veces, y desde hace mucho tiempo va a psicólogos. Va a uno, le cuenta mil cosas y no vuelve, no busca ni curas ni respuestas porque no cree estar mal, solo cree estar diferente, quizá incomprendido.
Tápik llama mucho la atención, en todo lo que hace, de hecho suele hasta preocupar a la gente, pero lo curioso es que a si mismo solo le preocupa su forma de andar, tambaleante, como si siempre estuviese ligeramente borracho.

Yo conozco el futuro de Tápik, lo conozco yo y lo conocía su abuela, que en paz descanse. En el futuro, Tápik recibirá una paliza callejera, debido a su fingida homosexualidad, que le hará cambiar. La paliza incluirá un golpe en los genitales que le dejará estéril e impotente, todo en uno. Tápik se esforzará durante tres años en conseguir novia, y al no conseguirlo, esperará a que esta llegue sin esfuerzo alguno. Un día, Tápik decidirá volver a jugar al tenis, verá lo mal que juega debido al abandono del deporte y se deprimirá. Ese mismo día probará la mikeina, al grito de "solo una vez", y cumplirá su palabra, tomará una sola dosis y morirá por ello.
Pobre Tápik, no debió haber dejado de fumar.

sábado, 5 de abril de 2014

Cojeo sentimental

Así, como la tormenta barre la costa, recordarte abate mi ánimo. Solo pensar en ti me parece mal, no me parece justo que yo piense en ti y que tú seguro que no hagas lo mismo conmigo. Esta sociedad está clavada sobre piedra, los hombres son hombres y las mujeres, mujeres, pues bien, a mi me gustan las mujeres, soy un hombre y, a veces, me comporto como una mujer, toma ya. Que llorar no está mal, no se engañen, solo está mal que haya llorado, hace mucho, por alguien que nunca haría lo propio por mi. Mil planes tenía yo ¿y ella? ella una salida. Y ahora ¿saben qué es lo peor? que me ha ensuciado las canciones, canciones que me encantaba escuchar ahora me recuerdan a ella, me apenan, y esto es insoportable, es inviable, como decimos en economía, mi empresa sentimental se va a la quiebra con el impuesto de la melancolía. Y nada ¿eh? nada, dije yo "como tú, no más, ni quiero ni las hay" y me puse a buscar, pero había dos problemas, no encuentro a nadie y, más importante, esto de la relación resulta ser bilateral, ahora tengo que buscar a alguien a quien quiera y que además me quiera, esto no va, bueno, si va, pero va mal. Por último decir que yo soy una persona de completos, necesito estar bien de manera unánime, si algo falla, falla todo, y por eso fallo, y fallo mucho.

la Escalera

Soy una escalera, pero no una escalera de caracol alargada, propia de la torre de alguna iglesia, ni una de inmensos escalones de piedra de algún templo de antigua cultura centroamericana. Soy una escalera bastante normal, una de madera de media calidad, una de esas a las que en verano les entran dolores por la dilatación y crujen. No voy a hablar mucho de mí, quizá contaros que las escaleras somos mucho más que escaleras, somos, si acaso, Escaleras, o Las Escaleras, ¿saben que hasta nos enamoramos? Yo una vez me enamoré de una escalera de una mansión, era tan fina (en modales, pues de ancha no lo era mucho, precisamente), tan señorial... con esa pijería y esos modales... Pero claro, ella solo tenía ojos para esas largas escaleras de bomberos... No para una sencilla escalera de edificio de tres pisos de un barrio delicado, en cuanto al entero cumplimiento de la ley se refiere, como yo. Desde que me rechazó ando algo deprimido y se me ve más cuesta abajo que otra cosa.
Este, mi edificio, tiene seis domicilios, repartidos en forma de dos en cada piso, y me gusta pensar que yo soy el esqueleto del lugar, el jefe, el alma, sí, soy el alma de este mi edificio.
En uno de los bajos vive la anciana señora Margarett, no tengo mucha relación con ella, el miedo y los años le han dejado encerrada en casa, en un par de ocasiones he tenido el placer de conocer los zapatos de su hijo. Enfrente, y tomando también solo una pequeña parte de mí, está el otro bajo, como indica la lógica, y en él vive la mejor familia que le puede tocar a una escalera deprimida como yo, es una familia de cuatro miembros, el padre me visita dos veces al día, una por la mañana, a las cinco, y otra a la noche, a las diez, el pobre trabaja más que la escalera de un pintor, y aun así, me dedica una sonrisa cansada de educación, la madre es ama de casa, pero no se duerme en los laureles, hace tantos recados y trabajillos que de media la veo veintiocho veces al día, por entradas y venidas, pero lo importante, lo realmente importante, son los hijos, los dos niños, qué energía, qué vitalidad, qué felicidad... la verdad es que me gustaría que viviesen arriba del todo, para que me bajasen saltando y corriendo y poder verles más. Los dos pisos del siguiente nivel están vacíos, uno porque no se le encuentran inquilinos, y el otro porque ardió, afortunadamente el fuego se quedó en la casa y solo me quemó un poco el codo (el codo de la escalera, digo) y bueno, tampoco hubo muertos. Arriba vive, a la derecha, el joven estudiante, que un día trae lienzo y caballete como al otro trae una tambaleante columna de libros en brazos, uno de estos un día se le cayó, sobre mí, por supuesto, y pude leer algo así como "Código de Patrimonio Cultural" y por lo que me dolió el golpe podréis imaginaros lo pesado que era, también trae de vez en cuando muchachas de faldas cortas, y yo, en mi calidad de escalera, me permito mirar por debajo de estas, archivando en mi memoria bragas de todos los colores.
Por último, el último piso de la izquierda, que es del que iba a hablar ("venía" no literalmente, las escaleras por lo normal no nos movemos, somos perezosas).
Aquél día, como todos a la puesta de sol, Paco, el conserje, estaba fregándome escalón a escalón, la verdad es que es realmente relajante, sin faltar el respeto a nadie diré que es lo más parecido al sexo que tenemos las escaleras, cuando sonó un golpe seco y muchos gritos, y más golpes, y Paco, sabiendo que era otra de las feas peleas entre la pareja, al tercer golpe fuerte bajó a llamar a la policía, o a protección de la mujer, o lo que encontrase más rápidamente en la guía telefónica.
Mientras tanto, los gritos seguían, gritos desgarradores, los de ella, y llenos de ira, los de él, y ambos con una entonación de las que te hacen abrazarte las rodillas y morderte las uñas, excepto si eres una escalera, claro. De repente, la puerta se abrió dando un portazo inverso, esto es que golpea la pared, y de allí salieron ambos, gritándose, con los rostros llenos de ira. La verdad es que por edad debían haber sido jóvenes, pero la pobreza les había vuelto viejos. Llegado cierto momento, él, con experiencia ya, la empujó, con la mala suerte de que esta vez detrás de ella no estaba el suelo o una pared, sino yo. Ella estaba en el aire, el tiempo detenido, y yo con los ojos muy abiertos y los brazos muy escalones. De alguna manera, ella pudo girarse estando en el aire, y de alguna manera más rara aun, pudo cruzar sus ojos con los míos, así es como cambió su miedo por incomprensión. Cayó, se golpeó la cabeza y murió. Yo, una escalera, me había enamorado de una mujer humana, y lo había hecho durante dos segundos, después ella había muerto al golpearse con mi rodilla.
Lo que pasó después, bueno, no me siento orgulloso de ello, ni me siento mal, más bien no siento nada al respecto. Él, recibiendo un cubo de agua helada de realidad, vio lo que había hecho, y salió corriendo escaleras abajo, hacia ella, suplicando a dios con voz de sincero arrepentimiento. Es curioso, y quizá imposible, que un escalón se levante solo, pues pasó, y él se tropezó, y es quizá más imposible que otro escalón se mueva provocando que el hombre se clave un afilado pico en la frente, pues pasó también, y él murió.
Ya no lloro cera de parquet, ni crujo cuando pisan cada escalón, ya no cotilleo a las marujas ni colecciono suciedad de suela de zapatos, ahora paso desapercibido, me he vuelto una simple escalera.
Dicen que van a instalar un ascensor, espero que no hable demasiado.

miércoles, 2 de abril de 2014

Valiente Anónimo

Hoy he recibido una especie de comentario anónimo que decía así:
"Eres el típico que tiene un blog en el que escribe microrrelatos insoportables y llenos de clichés que se creen que han inventado algo muy original."
Yo contesté y, como es propio en mí, al rato no estuve a gusto con mi respuesta, pero tenía tantas posibles y tal calor en el cuerpo, provocado por la situación, que decidí no hacerlo.
Desde que hice "más público" este, mi blog, el único comentario malo, aunque repetido, que he tenido, ha sido que no puntúo bien y que sufro de faltas de ortografía, pero nadie me ha hablado, aunque quizá por el temor a una feroz represalia, yo qué se, de que mis escritos son malos en sí, su contenido. Pongamos que toda esta gente no me ha mentido, que si lo ha hecho ya les vale, ¿acaso es que son personas a las que les encantan las cosas típicas, los microrrelatos insoportables y los clichés? ¿es eso? Vamos, eso parece indicar el Valiente Anónimo (es el único atrevido a criticar, esperemos que pensase lo que decía y no fuese un acto con la intención de herir).
Pero claro... recuerdo el comienzo de algo que casi escribo ayer:
"Me levanté en mitad de la clase y derribé a mi profesor de una bofetada, y él no dijo nada, se limitó a mirarme desde el suelo con los ojos muy abiertos..."
Quizá sea un inculto y no haya visto mundo, pero esto, aunque haya a quien le pueda no gustar, no es típico.

Un saludo, Anónimo Valiente, si no repudiases tanto mis relatos te diría que les echases un ojo, porque quizá te saque a pasear por aquí.

La Mosca

Me encontraba yo en mi apogeo, me sentía el hombre más grande del mundo, ahí, sentado en mi mesa. Estaba yo pensando que al escritor nadie le puede vencer, nadie le puede decir nada mal y cuidado con quien ose hacerle daño.
-¡Te crees muy fuerte ¿eh?!- Grité al aire - ¡Pues toma! -Y a aquél hombre, tan esbelto y con sombrero, le alargué el brazo deformándoselo inimaginablemente, hasta que flácido y de gelatina quedo enroscado sobre el suelo. Luego, en pleno énfasis de mi locura, hice que aquella chica, aparentemente contra su voluntad, alzase una mano, dejase caer una tira del vestido y fuese a por la otra... Pero apareció un monstruoso dragón, no uno de cuento, sino uno de terror, y tuve que acudir a abatirlo, convirtiendo así por primera vez al dragón en el salvador de la dama. Una vez muerta la criatura, estaba planteando dominar el mundo- ¡Nadie podrá conmigo!- Mientras reía a carcajadas, cuando un ser miserable, traidor y ruin, atacó mi oreja. Psss, la mosca se alejaba y cuando pensaba que se había ido, volvía, psss, se posó ¿dónde? psss, pasó zumbando muy cerca de mi oreja haciéndome chillar de rabia- ¡Maldita mosca!- Le lancé un libro y, pese a lo que todos podáis pensar, fallé. Psss psss psss, mosca mosca mosca- ¡Maldito bicho! las arañas son feas, pero cazan mosquitos, los mosquitos pican, pero son alimento de muchos seres, pero ¿tú? como tú hay muchas y ninguna buena ¡Ninguna buena!- Psss, otra vez por mi oreja- ¡Aaahh! ¡Te declaro la guerra! no, la muerte ¡Te declaro la muerte ser alado del demonio!-
He de contar que la habitación quedó revuelta y patas arriba ¿Qué pasó con la mosca? ¡¿Qué pasó con la mosca?! ¿Nadie se preocupa por mi salud física, por mi orgullo herido y por mi moral destruida...¡por una mosca!? Pues la mosca bien, gracias, salió por una ventana tras hacer una breve pausa, en la que juro que me sacó la lengua.