lunes, 8 de abril de 2013



La historia más larga y terminada que he escrito hasta el momento. La verdad es que estoy bastante contento. Espero que os guste.





Capítulo 1
Entre los muchos ruidos, su coche hacía más y cuando bajó de un portazo, todas las miradas se clavaron en él. Con su gesto cabreado de siempre, sus gafas de sol, su chupa de cuero y la placa de policía sobre la misma, Gaspar Milton entró en el escenario del crimen. Se dirigió directamente a Francisco Moya, al cual odiaba secretamente por haberse llevado toda la atención y respeto con solo ser enviado de una ciudad un poco más grande a esta, considerada pueblo.
- ¿Y bien?-
-Llegas tarde y ni saludas-
-No te tomes libertades, da igual que seas superior en un papel, este es el segundo asesinato que ves de este hombre mientras que yo llevo cinco-
-¿Hombre? ¿Estás seguro?-
-Aquí las mujeres son tranquilas y los hombres beben de más, además una mujer no mataría chicas jóvenes después de violarlas, a no ser que tenga pene-
-Me refería a que quizá es un grupo o varios individuos...-
-Es un asesino en serie- Ambos se giraron para mirar a Juan Tamarit. Andaba lentamente con las manos en los bolsillos, semblante serio y un breve aire de superioridad.- Todo coincide, la víctima siempre es la misma. Una muchacha joven de entre quince y dieciocho años que, después de acostarse con el asesino por propia voluntad, eso lo sabemos porque no aparecen los signos propios de una violación, es asesinada bien mediante un corte  de cuchillo en la garganta o bien mediante un disparo de pistola. Creemos que la pistola la usa cuando la chica en cuestión se da cuenta de lo que le va a suceder y opone algún tipo de resistencia. Como detalle añadir que las marcas de cuchillo y las balas son siempre las mismas, el asesino es siempre el mismo.-
-¿Conocéis lo que se denomina como "viuda negra"?- Gaspar hizo la pregunta mirando al suelo pero la levantó y les miró al seguir hablando- Claro que lo conocéis, tú- señalando a su superior, Moya- Has venido hace poco y llevas toda tu vida en grandes ciudades en las que se ven crímenes extraños cada día, y tú- el señor Tamarit- Te fuiste durante muchos años y habrás visto mundo ¿no?, bien pues la viuda negra es una mujer que se acuesta con hombres para después matarlos y aquí parece que tenemos su versión masculina.-
-No estaría yo tan seguro- era el médico que hacía las veces de forense, un tal señor Pérez -He estado examinando el corte del cuello de esta última víctima y resulta que está hecha lentamente.- Aquí paró un momento, posiblemente le gustaba que los tres hombres posiblemente más respetados en algunos kilómetros a la redonda y varios policías más, le prestasen toda su atención. -Da la impresión de que esté hecho con cuidado, con cariño.-
-Y eso alguien que quiera deshacerse rápidamente de su víctima no haría.- Terminó Francisco Moya.
-¿Entonces qué?- Juan
-¿Cómo que qué?- Francisco
-Ya van cinco-
-¿Y qué?-
-Deberíamos hacer algo, tal vez advertir a la gente-
-"Chicas jóvenes, por favor, cuidado con el asesino en serie al que no conseguimos pillar", solo conseguiríamos pánico y el pánico dificulta las investigaciones-
-Está bien, tienes razón-
-Qué raro, no te sueles rendir tan fácilmente-

Capítulo 2
¿Contarle mi vida en un papel? No me parece la mejor redacción que podían haber mandado y difícil, es difícil, no por la dificultad en sí sino por falta de ideas. Veamos, soy un chico de pelo moreno liso con un pequeño matiz rizado, piel bronceada y ojos negros, me gusta decir que tengo un aspecto mediterráneo del que solo difiere mi altura, soy alto. ¿Mis gustos? Muchos pero no los recuerdo, adoro la música, ni estilos ni grupos, me gustan las canciones. Sueño con ser escritor pero me aburre escribir o por lo menos me da pereza ponerme a ello. También me gustaría saber pintar, dibujar, con mi imaginación podría hacer grandes obras. No sé qué más decir, tengo diecisiete años pero siendo usted la profesora no veo que tenga mucho sentido decirlo. Me gustan las mujeres y con mujeres me refiero a chicas que ronden mi edad y que lo aparenten, que no sean niñas. Estoy en este pueblo, que para ser sincero no me gusta, porque mi padre es policía y uno de los buenos, ha sido llamado aquí por un caso del que no se nada pero que tiene pinta de ser de envergadura. Hace siete años murió mi madre y en esos siete años he estado en tres puntos diferentes del país contando con este. Esto ha provocado que no tenga muchas amistades, o por lo menos de las de verdad. Espero que en el futuro las cosas se tranquilicen en mi vida.

Daniel leyó lo que había escrito, le pareció aceptable y lo firmó.
-No sé por qué te molestas- Apareció Jaime a su lado. -Con esta profe apruebas con atender en clase-
-Da igual, lo he hecho en cinco minutos y además no es gran cosa-
-No entiendo como una profesora puede mandar tareas el primer día, ¿Hoy que hará? ¿Ponernos un examen?-
-Es bachillerato-
-Es gilipollas- La conversación terminó cuando entró la señora Harley.

Jaime era el tipo de persona de sonrisa fácil que, aparentemente, tiene muchos amigos y es el primero en hablar con personas nuevas. Desde que vio a Daniel se había pegado a él e insistía en enseñarle cada lugar y dar información detallada sobre cada persona con la que se cruzaban.
Iban caminando por aquellos pasillos del nuevo instituto, a Daniel le parecía un poco soso, nada de decoración y todo en blanco y amarillo. Sin embargo, le gustaba la luz del sol proyectada por fuera del instituto y los jardines, tenía unos inmensos jardines que le recordaban a los del campus de alguna universidad, grandes, verdes y con todos los alumnos sembrados en ellos.
Se cruzaron con dos chicas y una miró a Daniel, probablemente porque no le había visto antes pero pobre de la chica a la que Daniel pillase mirándole, automáticamente empezaría a pensar e imaginar, a construir historias y a dar como posibilidad que a ella le gustase él, todo por una mirada.
-Dicen que es una puta- Jaime a su oído, le había visto mirar hacia atrás.
-¿Dicen?-
-Sí, eso dicen-
-¿Y quién lo dice?-
-Pues no sé, la gente-
Llegaron al césped y se sentaron con otros cinco chicos, todos amigos de Jaime. Pasaron el rato hablando de banalidades propias de esa edad hasta que llegó la tarde con ese color amarillo anaranjado.
Entre las muchas personas que se iban, Daniel vio a una chica que caminaba sola.
-¿Quién es?-
-Marta Tamarit, de esa no he oído que sea puta pero si es muy misteriosa y no se junta con nadie- Dijo Jaime apenas sin mirar mientras echaba otra carta en el juego que tenía entre manos.
Daniel siguió mirando a aquella muchacha de larga cabellera negra que se alejaba con suaves zancadas y con el viento moviéndole el pelo y la falda. Todos se rieron y él se giró, alguien había hecho una broma sobre su cara de embobado.

-El Caballero Azul, el señor T... Enserio, estoy hasta los huevos.- Jaime llevaba ya un monólogo de veinte minutos que trataba acerca de lo mal que estaba porque la chica que le gustaba, una tal Irene, junto con muchas otras, no dejaba de hablar de un hombre mayor que al parecer sabía cómo tratarlas. Solo pensaban en él y eso hacía que Jaime no se lo pudiese sacar de la cabeza.
-¿Siempre hablas así?-
-¿Te refieres a las palabrotas? Oh, perdón, a los tacos- Puso los ojos en blanco -Yo no he estado en grandes ciudades como tú ¿eh?-
Ellos dos estaban caminando por la ribera de un parque y Daniel vio a la chica del otro día.
-Bueno, háblame de ese amigo tuyo, el sr. T ¿no era de una serie de televisión?- Dani no apartaba los ojos de la figura de la mujer.
-¡Se lo que tú! Un tío que debe ser rico, tener un bonito coche y llevárselas a un hotel o a cualquier lado mientras les dice cosas bonitas-
-¿Y los nombres?-
-Pues Caballero Azul porque, al parecer, su coche es azul y señor T... no sé, le pondrá cachondo tener un mote, digo yo-
-¿Y qué hace con ellas? ¿Les...?-
-Sí, se las tira-

Daniel seguía mirando a la chica que pasó de caminar, aunque con distancia, paralela a la acera, para adentrarse más en el parque así que se despidió de su amigo argumentando algún tipo de urgencia y corrió tras ella.
¿La siguió? Si ¿La espió? En términos exactos, sí, pero solo sentía curiosidad. Siguió a Marta por todo el parque, bañado en hojas de otoño. Verla caminar, con una falda que juntaba alegremente el blanco, el granate y el negro, bajo los rayos de sol y en un entorno de amarillos, marrones, naranjas, rojos y variaciones de los mismos, le parecía una escena de cuadro o de película. No paraba de pensar en que esa chica fuese misteriosa o por qué no se relacionaba con nadie, no parecía tener sentido desde su limitada información.
La siguió hasta unas grandes verjas negras de hierro terminadas en punta, parecían de una casa de alguna película de terror. Detrás se alzaba una imponente mansión.

Capítulo 3
Le gustaba que su coche fuese silencioso. Recorrió las calles, débilmente  alumbradas por farolas, y se detuvo con cuidado delante del edificio abandonado. Había dos chicas que giraron la cabeza hacia él, en cuanto apareció.
-¡Mierda!- Susurró. Tenía que haber solo una, no dos.
La más alta se despidió de la otra con un beso en la mejilla y se acercó al coche dando saltos por los tacones. Mientras tanto, el hombre del coche se echó un poco hacia atrás para que la más rechoncha, mirando el vehículo fijamente desde la acera, no le viese la cara.
-Cuando la chica subió lucía una gran sonrisa, una blusa azul, pantalones muy cortos negros y unas medias de esas que parecen invisibles. Además del bolso, claro, siempre llevaba bolso.
-¡Has venido!- Ella quizá había tomado algo de alcohol y él estaba nervioso cuando aceleró el motor para alejarse de la otra.
-¿Quién era esa?- Estaba alterado y el coche iba más deprisa de lo que solía.
-¿Qué? Una amiga, no sabía si vendrías ¿Pasa algo?-
-Emm... No, no pasa nada. ¿Cómo se llama?-
-Irene. Oye, estás raro, o no eres como me han dicho-
-¿De qué la conoces?-
-Somos amigas de toda la vida, es mi vecina. ¿Por qué no nos hemos quedado en el edificio abandonado? Pensaba que íbamos a hablar un rato y luego a follar-
-Oh, si- Ya se sentía en su terreno y le había vuelto la media sonrisa a la cara -Pero tú eres una chica especial y te mereces que te lleve a un sitio especial-

Mantuvieron una larga conversación en el trayecto, hasta el inicio del bosque. Las cintas policiales, el último signo de que la policía había estado allí apenas unos días atrás, habían sido retiradas con antelación por él.
Cuando llegaron, ella ya se sentía enamorada del hombre que conducía el vehículo. Si había tenido dudas, estas ya no existían y estaba dispuesta a entregarse a él plenamente. Así sucedió.
Dos horas más tarde, ella se encontraba plenamente desnuda, tumbada boca arriba en el asiento trasero, con los ojos cerrados y respirando a la vez que él le penetraba. Ritmo lento pero intenso.
Había mucha luz pero no venía de ninguna farola ni del sol que se encontraba en algún otro lugar de la tierra, procedía de la luz del techo del coche. Se creó una ligera sombra cuando él saco el cuchillo, lo movió lentamente como en una danza y lo acercó al rostro de ella, casi tocándola. Ella seguía con breves gemidos y los ojos cerrados cuando él empezó el suave pero profundo corte por su garganta. Cuando llevaba la mitad, ella abrió los ojos sin comprender. Cuando lo hizo, abrió la boca sin llegar a emitir ningún sonido, se fijó por última vez en aquello tan característico de su rostro y después murió.

Capítulo 4
Daniel seguía pensando en lo que le había dicho Jaime y que ya circulaba entre los adolescentes como mezcla de leyenda popular, hechos verídicos y hechos ficticios. Irene, la chica que le gustaba a su amigo, había acompañado a su mejor amiga a una cita con un coche azul y no había vuelto a saber de ella, además ya se estaban desvelando asesinatos de adolescentes. De hecho, el padre de Daniel, Francisco Moya, era uno de los inspectores del caso y por fin Daniel sabía el motivo por el que se encontraban en aquel remoto lugar. Pero todo eso no era nada comparado con qué tal tendría el pelo así que se acercó al charco formado por una fuente y se miró a la vez que se lo engatusaba.
Resultaba que hacía poco había coincidido, no de manera totalmente casual, con Marta Tamarit, la chica a la que no se podía sacar de la cabeza. Había conseguido que se riese, cosa que según lo que había averiguado era imposible, y lo más importante de todo, había quedado con ella en aquél parque a una hora determinada, la única razón por la que él no la llamaba cita era por no tentar a la suerte.
-Si te sigues mirando, te lanzarás sobre tu reflejo y te ahogarás como Narciso- Una voz dulce a su espalda, Marta.
-Así que, además de guapa, eres culta-
-Los griegos tenían historias para explicarlo todo, eso me gusta-
-Entonces tienes suerte de que yo sea un gran cuentacuentos- Dijo girándose -Y volviendo al tema de los mitos, ¿Narciso no se tiró al agua al ser demasiado guapo? Es decir, según tú, yo soy muy guapo-
-Vaya, que pena, ya no seré la única en este pueblo en tener algo de cultura clásica-
-Mientras otros chicos jugaban con balones, yo me dedicaba a leer. Lo siento- Apoyado contra una valla, con un ojo cerrado por el sol, la sonrisa empezaba a asomar de sus labios. De los de ella también.

En toda la tarde, lo único que hicieron fue caminar por el parque, se lo recorrieron en todas las direcciones posibles, con esa forma de caminar distraída mientras se habla.
-¿Y quién has dicho que era Julia?- Preguntó ella.
-La segunda chica con la que estuve-
-¿Y qué tenía de especial?-
-La historia de cómo nos conocimos-
-¿Y cómo fue?-
-Pues estaba yo en una feria medieval y en ella, en un mercadillo. Estaba mirando cada uno de los puestos cuando me planté en uno tras el cual había una muchacha preciosa, probablemente la hija del dueño. Quería decir algo pero no sabía que decir así que me quedé mucho rato mirándolo todo en aquel sitio. Cada poco me fijaba en que ella me echaba una mirada antes de volver a aparentar que estaba trabajando. Al cabo de treinta minutos de estar allí de pie ella me preguntó “¿te interesa algo?” y yo le dije “si, pero me parece que no se puede comprar” y ella “estás de suerte, por ser tú, lo puedes conseguir invitándome a cenar”. Mi padre me dejó llevarla a un restaurante y volver tarde porque sabía que aquellas vacaciones me aburría mucho y esto era un remedio. Aquella noche la hice reír, recuerdo que mi primera broma fue preguntarle que donde estaba mi tirachinas de madera y como no me entendía, le dije que lo que ese mismo día deseaba de su puesto era el tirachinas y que creía que ella me lo traería por la noche, haciéndome el tonto ante aquella cita. Pero lo mejor fue descubrir que ella vivía en la misma ciudad que yo y que solo estaba allí porque su padre se dedicaba a la artesanía y había negocio. Nos vimos muchas más veces hasta que ella descubrió a un chico que tenía más músculo y menos cabeza.

Lo pasaron bien aquella tarde. Luego, como buen caballero, él la acompañó a casa, aquella mansión con jardines y verjas negras.
-¿Seguro que no puedo entrar?-
-Hoy no, pero antes de lo que crees- Le dio un fugaz beso en los labios, se giró elevando su pelo azabache y las verjas se cerraron en la cara estupefacta de Daniel.
Mientras caminaba hacia casa no se le ocurrió nada mejor en que pensar que en que el padre de ella también fuese policía y trabajase con el suyo propio.

Capítulo 5
Era preciosa, aquella casa tenía una melodía en el aire, una melodía de un cuento marrón. Lo que más le gustaba eran los jardines, espléndidos, todo verde. Las fuentes en los mismos, generaban un aura relajante con el borboteo del agua.
-Es una herencia familiar, ha pertenecido a mi familia durante mucho tiempo, aunque ha habido muchas reformas, claro- Marta miraba con la cabeza alta a la majestuosa casa. –Daniel, ¿Me estás escuchando?-
-Perdón, el jardín es precioso-
-Pues tendrías que ver el de detrás, es como tres veces este, aunque claro, como toda la casa, cuando oscurece da un miedo alucinante. Vamos, pasemos-
Dentro había bastantes habitaciones cerradas y muchos muebles cubiertos por sábanas blancas. Era el precio de que en aquella casa solo viviesen dos personas, la madre de ella, como ya le había explicado a Daniel, había muerto en el parto de la propia Marta.

-Así que escribes ¿eh?-
-Sí, aún no he escrito nada decente pero disfruto haciéndolo-
-“El escribir es fácil, cualquiera con algo de imaginación y que se sepa expresar, puede hacerlo. Es la más corriente de las artes sin llegar a ser vulgar”- Recitó ella.
-¿De quién es?-
-De un gran hombre que murió hace poco, se llamaba Miguel-
-¿Le conociste?-
-Sí, pero a través de sus obras. Cada uno de sus personajes era una pequeña autobiografía. Pero ahora ven, calla, siéntate aquí y bésame- Él se sentó en la cama y corrió a hacer lo que ella le decía.
Cuando él tomó la iniciativa en ese juego de caricias y besos, la empujó sobre la cama, le desabrochó el cinturón y tiró de los pantalones que arrastraron un poco sus bragas, dejando a la vista algo de pelo allí donde él quería llegar. Ella sustituyó sorpresa por sonrisa.
-Eso es, ven aquí, ven aquí dentro-

-¿Era tu primera vez?- Preguntó él, deseando con todas sus fuerzas que ella afirmase.
-Claro que no, pero eso se pregunta antes. Imagínate que lo era, me tenías que haber dado un buen recuerdo y no sexo sin más durante dos horas-
-Es verdad, lo siento, me gustan demasiado los cuerpos de mujer como para…- Un ruido en la casa.
-Es mi padre, ponte la camiseta-
-¿Pero qué? ¡Esta habitación huele! Sabrá qué ha pasado-
-¿No ves que tú no eres el único? Él también sabe…- Se abrió la puerta y un hombre bastante alto entró, lo único que Daniel sabía de él, era que servía de policía y trabajaba con su propio padre, su nombre era Juan Tamarit. No tenía nada en especial, era alto, guapo, pelo negro, tal vez llamaba algo la atención la pequeña marca que tenía en el labio inferior derecho, una cicatriz o marca de nacimiento que, lejos de hacerle feo, le hacía más interesante.
-Hola Daniel, eres el hijo de Francisco ¿no?-
-S… si-
-Encantado, ¿Te quedas a cenar o te marchas ya?-

Capítulo 6
Daniel llevaba dos semanas en las cuales tenía relaciones con frecuencia, lo cual estaba bien, pero en las que Marta estaba rara, lo cual le inquietaba porque no dejaba de pensar si era por su culpa. Le ayudaban a pensar los paseos nocturnos que hacía, se sentía bien con el aire frío en su cara y en los pulmones. En uno de estos paseos, ocurrió algo.
Caminaba por calles de pocas farolas, donde las que había, estaban en su mayor parte fundidas. Al torcer una curva, dio marcha atrás rápidamente pues había visto un coche con una mujer apoyada sobre la ventanilla bajada de la puerta contraria a la del conductor. Pensó que era una prostituta, aunque era raro, allí no había visto antes. Sacó los ojos del escondite y miró, pues la situación en realidad le daba morbo. Se fijó en la mujer que pasó a ser muchacha. Una chica como de su edad vestida de fiesta. Era Irene, la que le gustaba a Jaime. Daniel no entendía pero no perdía detalle, de repente ocurrió todo muy deprisa, ella lanzó un grito, se dio la vuelta y empezó a correr. Sonaron uno, dos y hasta tres truenos, no, no eran truenos, eran disparos.
Solo le supo decir a la policía que el coche que arrancó y huyó a toda prisa era azul.

Al llegar a casa, su padre le esperaba en la cocina. Tenía mala cara, un vaso de whisky en una mano y un cigarrillo, que llenaba la estancia de humo, en la otra. Daniel fue a explicarle que llegaba más tarde de lo habitual porque la policía le había entretenido pero él le detuvo alzando un poco la mano del pitillo, ya lo sabía.
-Todo esto es una mierda- Su voz sonaba grave, baja y cansada –Los asesinatos… ¡A estas horas de la noche todo el mundo sabe ya que hay un puto asesino en serie suelto! Las chicas muertas, mi hijo viendo lo que su padre no puede arreglar… Vaya mierda. Te voy a decir algo que no te va a gustar y sobre lo que seguro protestarás. Te mando con tu tía, de nuevo a la ciudad.
-No- Al principio tenía la voz firme pero luego se quebró –Por una vez he conseguido algo, tengo algo aquí, ¡No voy a dejar que me vuelvas a mover como un puto muñeco!-
-¡Harás lo que yo ordene!-
-¡NO!- Y salió corriendo por la puerta de la cocina, y sus pasos le llevaron frente a la casa de las verjas negras.

Capítulo 7
No había ninguna luz encendida, pero no le importó. Entró por la pequeña puerta lateral que le había enseñado Marta y recorrió la casa lentamente, en silencio. El enfado y la impotencia aun perduraban en su cabeza y le impedían, por primera vez, sentir miedo de los fantasmas de aquella casa tan grande. Oyó algo y se paró en seco a escuchar, nada. Probablemente eran las maderas que siempre crujen sin motivo aparente. Subió las escaleras y en el pasillo vio una figura que no supo distinguir. Se acercó y cuando descubrió que era Marta agachada, abrazando sus propias piernas, encendió la luz que tenía al alcance de su mano. Ella le miró y él gritó, tenía los ojos morados muy llorosos y un hilo de sangre que le caía desde la nariz hasta casi la barbilla, atravesando la boca. Junto con los pelos desaliñados, había parecido una imagen demoníaca.
-¿Qué…qué…qué te has pasado?-
-No deberías estar aquí- Su voz era casi ininteligible
Se oyó un coche, un coche que paraba. Daniel corrió hasta la ventana y vio cómo se apagaban los faros de un coche azul y de repente sintió dolor de cabeza cuando empezó a asimilar. El Caballero Azul, el coche azul, el señor T. ¡El seños Tamarit!
Volvió hacia Marta.
-Marta, ¿Ha sido tu padre?- Puerta que se abre, puerta que se cierra, pasos en la escalera-Escúchame necesito que…-
Ella giró la cabeza hacia el de golpe, le miró con los ojos rojizos muy abierto y gritó -¡Ahí viene mi padre, creo que os llevareis bien, a ambos os gustan las mujeres, a ambos os gusto yo! ¡Y los dos me follais!-
Daniel corrió por el pasillo en dirección contraria a los pasos que, lentamente, subían la escalera. Ya llegaban cuando él empezó a bajar de dos en dos los escalones de la contraria. Corrió, abrió de golpe una puerta y se encontró con la oscuridad. El jardín trasero, grande y oscuro. Se internó corriendo.
Los ruidos de las fuentes que en otro tiempo le habían parecido tranquilizantes, ahora le ponían nervioso. Sudaba copiosamente y su respiración estaba muy agitada. Estaba quieto, se había perdido y se oían pasos, no sabía de dónde venían. Miraba en dirección a la casa y frente a él apareció Tamarit, con una pistola en la mano, su cabeza ladeada, su marca en el labio y sus ojos. Se acercó y un disparo, pero no de su arma. La luz del cañonazo había provenido de unos arbustos, Juan se llevó una mano a la tripa y con la otra abrió fuego. Intercambio de disparos. Juan Tamarit cayó al suelo y de los matorrales apareció una sombra herida, que cojeaba, a la que le costaba respirar y que tenía la mano izquierda presionando el hombro derecho. Daniel le reconoció, le había visto un par de veces en casa ¿Su nombre? Le parecía que era algo así como… Gaspar Milton
-Llevaba bastante tiempo sospechando de este cabrón- Respiraba muy fatigado –Chico, coge su arma y dale una patadita a ver si está vivo-
Daniel cogió el arma y al incorporarse oyó un disparo y Gaspar cayó al suelo, muerto. Miró hacia la casa, de dónde provenía el tiro, y vio a Marta con los brazos extendidos y un arma apuntándole en sus manos, todavía tenía el hilo de sangre. Disparó y Daniel cayó de rodillas.
-Vaya- pensó mientras se le nublaba la vista. –Tiene los ojos de su padre-

sábado, 16 de marzo de 2013

El hombre que siempre estuvo allí

Este cuento lo he escrito para un concurso y, al terminarlo en treinta minutos, no ha quedado ni mucho menos como me gustaría. También decir que tenía que enviarlo un día 15 y lo envié el 16 a las 00:00 y por último, ya terminando el día 16 me di cuenta de que había enviado el mensaje sin el archivo adjunto... ¡Espero que os guste!


Siendo un relato sobre el municipio de Rivas debería suceder en él ¿No creen? Pues no es así, si les decepciono siento decepcionarles. Esta es la historia de un hombre que me pareció maravilloso, encantador. No es que su vida afectase en la mía pero si pasó que él me afectó.

Este hombre da la casualidad de que nació y murió aquí, pero cuando digo aquí quiero decir en Rivas y no en Madrid o cualquier otro lugar. Nació cuando las películas se teñían de gris y los modales se semejaban a la plata en cuanto a valor. ¿Morir? Murió hace poco, en su casa con sonrisas de los asistentes en vez de lágrimas, tal y como el habría querido.

Estudió los estudios primarios y secundarios y empezó la universidad que, según sus palabras, no estaba mal pero no era para él, así que la dejó y se encontró desnudo en calles de edificios demasiado altos pero pasado el primer momento de agobio y pequeña desesperación, se puso a andar y fue a parar con su primer trabajo, era una persona de mucho hablar y de tanto hablar le había cogido el gusto y tras cogerle el gusto lo había practicado en mayor medida, lo cual, sumado a su potencial imaginación le había hecho un magnífico narrador de historias y cuentos por lo que se vio sentado en una cafetería de Madrid con una taza de café en la mano derecha, un micrófono cerca de sus labios y la mano izquierda en la rodilla de esa misma pierna, con una veintena de personas, lo cual son unos cuarenta ojos, mirándole y él, disfrutando de la atención recibida, ejercía de cuentacuentos y narrador de poesías. Este era un buen trabajo, le dejaba mucho tiempo libre, el dinero que pudiese necesitar y la posibilidad de hablar con personas relevantes que nunca creerías encontrarte en un café. Fue por un lado una lástima y por otro una buena noticia que su ansia de más y el presentimiento de que existía un destino que le guardaba importantes acontecimientos le impulsasen a dejar aquello y seguir. Trabajó de quiosquero de las primeras horas de la mañana porque quería conocer a la gente y valorar si eran buenas personas o no, fue un hombre con un gran poder de persuasión y seguramente podría haber conseguido el trabajo que quisiese incluso aunque no cumpliese todos los requisitos necesarios. Este trabajo al parecer le decepcionó un poco porque la gente que el creía que le sonreiría y le desearía buenos días resultó ser gente apagada, fría, distante y a lo que más se podía aspirar era a gente de ojos cerrados por sueño, pero este trabajo le duró poco, muy poco. Aparecieron lo que parecían nubes en su prometedor horizonte soleado. Una tarde llegó a casa de sus padres para encontrarse, en una cocina oscura por la persiana bajada, una carta en la mesa de madera. Esta contenía un mensaje que hubiese dejado a muchas personas hechas polvo, pero que en él además dejó una especie de emoción a lo desconocido. La carta le llamaba al entrenamiento militar y su posterior entrada en la guerra, que en aquel momento se libraba, como soldado de a pie.
En el campamento militar estuvo varias semanas con las tareas que se le encomendaban, haciéndose, de alguna manera, amigo de sus compañeros e intentando pasar desapercibido para sus superiores. Esto último lo consiguió al principio, pero no estaba hecho del todo para acatar órdenes y acabó siendo él mismo, lo que le costó un castigo no pronunciado. En el sorteo de misiones peligrosas, casualmente le tocó a él ser uno de los que vagan dispersos por los bosques en busca de enemigos, con la única compañía de un arma y una mochila de alimentos y otros pertrechos. Pero siempre hay que buscar lo bueno de la situación ¿no? Así que él, cada vez que paraba en sus duras marchas, admiraba el bosque casi virgen. En esos días comenzó a escribir poesía, ésta podría no decirle nada a mucha gente pero si a sí mismo.
Un día se perdió más de lo que ya estaba y anduvo días sin dirección clara, con dolor en las tripas por haberse racionado la comida. En su desorientación fue a parar con lo que menos hubiese esperado, voces humanas. Se escondió y así vio que dos soldados enemigos avanzaban apuntando con sus fusiles a un hombre, militar también, que llevaba las manos en alto. Desde su escondite, pensó que estaba en la guerra, y que lo que le tocaba hacer era quizá previsible desde que la guerra empezó para él. Tras repetirse varias veces su propio plan, disparó. Era fácil apuntar ya que los dos hombres andaban despacio, y él estaba tumbado. Les disparó en el corazón para, asegurando sus muertes, evitar ver demasiada sangre. En su cuaderno de poesía apareció una nota en la que decía que cuanto más lejos te encuentras de la muerte, más fácil es llevarla acabo y que para un hombre, es más sencillo mandar  miles de hombres a la muerte que matar el a uno directamente.
Resultó que, aquél  cautivo era un miembro importante del ejército, al que habían capturado en una emboscada, y que como compensación, le libró del peligroso oficio de caminante de tierra de nadie y le otorgó una pieza de metal que, puesta sobre su bonito uniforme gris oscuro brillante, le convertía en un rango mayor que el de soldado que ya era.
Poco más tarde, se encontraba en una ciudad en la que se notaba que la guerra se había hospedado por unos meses, una ciudad de rostros tristes, calles vacías y llovizna de hollín. Al poco de llegar, los otros ya se iban, los otros, el ejército, dejándole a él solo junto con treinta hombres. Cuando se detectó movimiento de tropas enemigas y se supo que ningún refuerzo llegaría a tiempo, él miró a su corazón contestando al tópico de escuchar al mismo en situaciones difíciles y lo que allí vio no le gustó. La placa de metal le hacía tener el mayor cargo y por lo tanto la responsabilidad.
Tras superar una primera impresión, se puso a dar órdenes. Mandó a todos los civiles al lado contrario de la ciudad de donde venían los problemas y, junto con sus treinta, empezó a preparar una sorpresa a los visitantes.
Una noche llegaron militares de paisano con artillerías y un par de tanques, enemigos todos ellos. Dispararon varias veces desde el gran campo a los primeros edificios y al ver que no recibían respuesta, sus hombres abandonaron la seguridad de los cañones y avanzaron agachados. De repente, de lo que parecía un campo vacío nada más tras de ellos, se abrieron unas especies de trampillas de las que emergieron nuestro hombre y compañía y que en pocos disparos hicieron rendirse al enemigo.
Una buena cantidad de dinero y dos semanas de vacaciones, es lo que recibió por lo que algunos denominaban “proeza militar” al capturar valiosas piezas, prisioneros y derrotar a una fuerza dieciséis veces mayor a la suya.
Las vacaciones las pasó en un pueblo con mar junto con una preciosa muchacha de rizos rubios y cortos llamada Helena que sería la primera de bastantes novias o acompañantes. Dos años más tarde se encontraba luchando por derribar el estado al que había ayudado a mantenerse en el poder.
Puede parecer que algunas cosas que digo no son ciertas o leales a la historia pero yo cuento lo que él me contó a mí.
Al terminar todo conflicto se sintió descolocado y acabó dilapidando su dinero y trabajando en unos ultramarinos, el trabajo que más odió en su vida. Este sería seguido del que más le gustó, una librería, pero que al no dar suficientes ingresos tuvo que abandonar. Acabó en oficinas ayudando a algunos abogados por enchufe de dos antiguos compañeros de armas.
Aunque su visión del mundo se había ampliado, su propia visión se acortó y por una extraña enfermedad quedó ciego olvidando los rostros de seres queridos y los colores. Quizá sea curioso decir que cuando quedó ciego quiso tener un muchacho que le ayudase, que es quien ahora cuenta esto, y que fue cuando empezó a escribir, a escribir absolutamente acerca de todos los temas.
Sus últimos dos años hizo lo que denominó la ruta del sol, en la que viajó allí donde pudiese seguir el calor en la piel, porque decía que esto le encendía el corazón.
Me da pena no haber podido contar bien la historia de un hombre tan increíble pero creo recordar que el escritor era el y a mi solo me ha quedado su vivo recuerdo.

lunes, 25 de febrero de 2013

Otro cuento no del todo convencional

Esta obra fue un regalo que hice.



Una historia cuenta lo que ahora voy a contarte yo a ti. Había hace años un reino de costumbres clásicas que tenía un hermoso castillo, un rey gordinflón y un ejército de juglares. También tenía este castillo una hermosa princesa que llenaba el reino de color con su sonrisa pero que tenía unos malvados tíos, hermanos de su padre, malvados de verdad.

Y resultó que desde que la princesa cumplió dieciséis años, los tíos no dejaban de insistir al rey de que enviase pretendientes para su hermosa hija, pero menudos pretendientes... cada uno era peor que el anterior partiendo de que el primero era horrible. La princesa no era exigente pero quería a un príncipe normal, que la tratase bien y al que pudiese llegar a querer. Para hacerse una idea del panorama, hablaré de cuatro príncipes escogidos al azar. Uno era encantador de serpientes y parecía que pudiese quererlas más que a nadie en el mundo, otro nada más presentarse se lanzó a la mano de la princesa a besársela y llenarla de saliva, uno de ellos se presentó con una tuba y creía ser un genio tocando cualquier instrumento y otro era tan frío que para acercarte a él necesitabas ropa de abrigo. Al terminar el día y con él la primera tanda, la joven había perdido cualquier esperanza que en un principio hubiese podido tener y sabía que pasase lo que pasase, allí no encontraría nada.
A la mañana siguiente el rey encontró en su despacho una carta escrita con una bonita caligrafía redondeada, la carta estaba firmada por su hija, la princesa, y decía que se marchaba por el Camino Oscuro de los Cuentos, camino que debe existir por fuerza en cualquier reino en el que exista la magia, en el que se encuentran todos los seres que por maldad o timidez no están con el resto del pueblo. La carta también le decía al rey que ya que él había aceptado enviar un regimiento de príncipes a rescatar su mano, que los mandase ahora a rescatarla a ella y que se casaría con quien pudiese alcanzarla y llevarla de vuelta.
La princesa había sido precavida y tras haber afrontado lanzarse a la aventura se había llevado algo de comida y ropa adecuada para las difíciles sendas. Cuando ya llevaba más de  la mitad del camino, lo que en un principio le había parecido una roca resultó ser un temible dragón rojo y negro. Aquí me pararé un momento para hablar de este dragón, había sido el pequeño en una familia de malvados dragones, que como todo el mundo sabe entran en los cuentos para llenarlos de terror, y al ser el pequeño había sido menospreciado por su familia así que se esforzó y consiguió convertirse en una leyenda alada.
-¿Qué hace una joven como tu por un camino como este?- Preguntó el dragón tras bostezar un poco de humo-
-Soy princesa-
-Mejor me lo pones, ¿Qué hace una princesa como tu en un sitio como este?-
-Déjame pasar, dragón, y te prometo que dentro de poco vendrán muchos a los que podrás comerte-

En el reino muchos estaban alarmados pero los tíos habían visto en aquello una mina de oro ya que si la princesa no regresaba el trono sería para ellos así que mandaron todos los príncipes que tenían pero ninguno regresó. Llegó el momento en el que o bien no quedaban aristócratas o bien no les interesaba la mano de la princesa si para ello corrían riesgo sus vidas, pero el rey seguía preocupado así que los tíos se vieron obligados a anunciar que cualquier persona que trajese a la princesa viva se casaría con ella. De estos muchos partieron y no volvieron pero había un muchacho que partió únicamente por la emoción de una aventura. Al llegar frente al dragón, este le hizo la advertencia que siempre hacía por educación.
-Puedes marcharte con vergüenza o quedarte y morir en el olvido-
-¿Y está usted seguro, señor dragón, de que no hay ninguna manera de que pase sin ocasionar molestias a ninguno de los dos?-
-La única manera que puedes tener de pasar es derrotándome-
-Voy armado-
-Ellos también lo iban- Dijo señalando vagamente con el hocico a un montón de huesos humeantes.
-Entonces, señor dragón, le propongo que me diga algo que usted desea y yo se lo traeré-
-¿Y si te digo qué lo que deseo es comerte?-
-La verdad es que no creo que desees eso ya que últimamente te has llenado y si me comieses sería únicamente por cumplir-
-¿Entonces que puede querer un dragón como yo?-
-No se, ¿Alguna piedra mágica o artilugio especial?-
-Estoy seguro de que si te pidiese eso me engañarías de alguna manera-
-Está bien, entonces me voy- Y el joven se dio la vuelta ante la mirada de incredulidad de la bestia. Solo que el muchacho sabía lo que todo el mundo sabe, a los dragones les gusta dormir y su vista solo es buena cuando cazan, así que él se disfrazó de arbusto y con sigilo pasó frente al dragón sin que este se diese cuenta.
Tras recorrer un largo camino el aventurero aspirante a príncipe llegó a un bosque que desprendía un dulce aroma y entre unos matorrales vio a una joven desnuda bañándose en el río y la imagen le hipnotizó, se quedó mirándola fascinado por su belleza.
-¿Buscas a la princesa?- El joven saltó sobresaltado y se giró para ver a un anciano que le miraba-
-¿Princesa?- Porque a decir verdad el pobre chico no sabía que había al final del camino sino que solo había querido dejar todo atrás y marchar, como ya he dicho antes.
-Si claro, la joven a la que mirabas-
-La joven...- Se giró pero ella ya no estaba.-Bueno, ¿Ahora que se supone que debo hacer?- Oyó un ruido y al torcer la cabeza en esa dirección, vio a la chica de antes con un vestido verde oliva y unos ojos tranquilos, que hizo algo que no parecía tener sentido, sacó un cuchillo y lo lanzó, pasó por encima de su hombro y fue a clavarse en el pecho del anciano que tras un grito ahogado calló.
-¿Pero qué...?-
-Era uno de mis tres tíos y planeaba matarte por haber llegado hasta aquí- Le tendió la mano. –Vamos, aún tenemos que recorrer el camino de vuelta-
-Oye... esto... si no quieres casarte conmigo lo entiendo- Los mofletes se le pusieron rojos.
-Claro que si, siempre que tu quieras. Ya nos iremos conociendo.-
Volvieron sobre sus pasos y al pasar frente al dragón, este le preguntó al chico.
-Pensaba que habías dicho que volverías-
-Y eso estoy haciendo ¿No?- Cada rato que pasaba le gustaba más aquella chica que ya no era princesa, se había convertido en su reina.

domingo, 20 de enero de 2013

Cuento subjetivo

Este relato es extraño y lo escribí sin querer, me regalaron en navidad un teclado para el ordenador que sustituyese al antiguo veterano y para probarlo hice esto.


Y estaba yo paseando por aquel desierto de hierbas y matojos altos cuando me fijé en el hombre azul vestido de negro que portaba una carpeta y un bombín plateado y que me dedicaba media sonrisa en la que faltaban algunos dientes y otros eran negros. Me saludaba con la mano que le quedaba libre. De repente se volvió color piel y le apareció una entrañable barba blanca.
Cascadas preciosas hacen hoy dijo mirando al cielo.
Y yo me vi obligado a acercarme a él y a entregarle un billete de cierto dinero que recibió mirando hacia otro lado pero con la mano abierta, queriendo lo que quería. Cuando se lo entregué dijo:
¿Te has fijado en que si alguien te dice “no eres nada” parece algo malo pero en realidad es bueno?aunque lo había expuesto en forma de pregunta no me dejó contestar y siguió hablando Pero en realidad te está diciendo que no eres nada y por lo tanto eres algo, y todo el mundo quiere ser algo, ¿no crees?
Yo, como era normal en estos casos, le golpee en el estómago y me puse a caminar sin rumbo por lo que ahora era un páramo de flores amarillas.
Me desperté bruscamente, pero aún seguía en un sueño y me tuve que despertar otras cinco veces, en tres de las cuales al despertarme me encontré con una monja pintada de rojo con un anillo azul, un rinoceronte sentado en un sillón leyendo prensa deportiva, que apenas inclinó hacia delante para echarme un breve vistazo, y un hombre que por su aspecto se notaba que había sido árbol hacía poco tiempo. La última vez que desperté me prometí que nunca más dormiría y aquí estoy, ya hace de aquello mucho, puede que unos veinte años, o veintiuno, pero seguro que no diecisiete.

miércoles, 9 de enero de 2013

Este fue un regalo de hace varios meses.



Y resultó que, hace muchos años, surgió de repente un simpático reino con bufón, castillo, rey y hasta princesa. La princesa desde muy niña no dejaba de sonreír y llenar de luz cada habitación por la que pasaba. Se le buscaron mil nombres pero cada uno de ellos se evaporaba por su propia simplicidad, al final, el mago que deambulaba por todos los cuentos buscando las respuestas a todo decidió que su nombre debía ser el viento transportando los murmullos que dejaba a su paso.

Pero por desgracia tanta cosa buena y felicidad atrajo a innumerables seres desagradables y malvados. Entre ellos se hizo destacar un dragón, que además tenía renombre entre los dragones. Este dio un ultimátum, o le entregaban a la princesa o acabaría con todos los habitantes del reino, incluida ella misma. El rey quedó paralizado del susto, el primer ministro se tiró por la ventana y los gloriosos caballeros se desnudaron, vistieron a sus escuderos con sus armaduras y salieron corriendo del reino. La princesa ante lo absurdo de la situación decidió entregarse, eso si, sin perder la sonrisa ni las ropas que llevaba, siempre iba perfecta.
Un príncipe llegó desesperado buscando un cuento donde poder meterse y pensó que esta era la suya. Cogió una gran espada, se vistió con sus mejores galas, siempre hay que ir guapo a rescatar princesas, y se dirigió a la guarida del dragón que casualmente había encontrado la cueva perfecta para sus fechorías.

La situación era la siguiente, el dragón estaba tumbado mirando al príncipe que temblaba espada en mano y la princesa, metida en una jaula que colgaba encima del dragón, suspiraba aburrida. Tras respirar pacientemente y tomarse su tiempo, el héroe en cuestión comenzó su ataque pero cada golpe rebotaba contra las duras escamas del dragón y este le derribaba con un dedo para reírse de él. La princesa harta de todo gritó que le tirase la espada a ella y cuando la cogió cortó de un tajo la cadena de la jaula que calló estrepitosamente sobre la cabeza del dragón. Al salir, la princesa se sacudió el vestido, estampó la espada contra el pecho del caballero que la miraba incrédulo y volvió a casa tarareando una canción

Breve sueño para alimentar al perro

Este cuento es de hace tres años.


Él me mira, quiere comerme, lo desea. No expresa sentimiento alguno pero yo lo sé. Estoy sentado en la cama y él frente a mí, a unos cinco metros. La criatura, sí, eso, la criatura, así se llamará, me tiene asustado. De vez en cuando mueve la cola o produce algún sonido extraño con la boca, a veces demasiado alto. Pero por lo general está inmóvil.
Tiene dos grandes orejas que le cubren parte del rostro, pero sus ojos, sí, eso, son sus ojos, me tienen confundido, son ellos los que me quieren comer. La nariz de la criatura es negra y de ella procede su rítmico sonido de respiración, y más abajo están sus inmensos colmillos, sus poderosas armas de destrucción, pero que no son nada sin las órdenes de los ojos. Está sobre cuatro patas, por raro que parezca, de la misma altura.
Suena un chasquido, creo que ha empezado su ataque, pero la criatura mueve la cabeza hacia un lado, yo también, y me doy cuenta de que procede de la ventana. Al otro lado hay un felino con bigote manchado de amarillo que me mira también, ¿me querrá comer? De un salto desaparece. Cruzo una extraña mirada con él. No pasará nada por un sueño corto, me tumbo. Al día siguiente amanezco muerto.

martes, 8 de enero de 2013

Relato Erótico

Este es un relato que escribí en verano del que me siento orgulloso.



Ocurrió cuando yo tenía quince años, no sabía nada de la vida y menos aún del sexo. Es verdad que a mi edad se pueden encontrar madres y hombres de la casa en otras culturas pero no me culpen, soy iluso por naturaleza. No se vayan a creer algo que no es, yo si que me había masturbado y había compartido mis labios con algunas chicas, pero ahí terminaba mi currículum.
Trabajaba para la señora Moi, aunque el que pagaba era el señor Moi. Mi trabajo consistía en acompañarla a todos lados, llevarle las bolsas o cualquier peso que no fuese su pequeño bolso, hacerle recados y, de alguna manera protegerla. Yo vestía como un criado del siglo XVIII o XIX, muy extravagante todo, pero ya me había acostumbrado y por el precio que me pagaban llevaría hasta una faldita rosa.
Ocurrió hace diez años.
No me acuerdo del mes ni el día pero la escena la recuerdo como si acabara de suceder hace apenas unos minutos, cada olor, cada pensamiento y cada detalle.
Había llegado de Comprar con Susan Moi a su inmenso piso del centro, su marido creo que no estaba en la ciudad o el país. Ella quiso echarse una siesta. Se cerraron las puertas de castaño de su habitación y yo me quedé en la sala de al lado. Se me relajaron los hombros, me quité un par de brillantes gotas de sudor de la frente y me senté aburrido en una mesa de una sola silla a ojear vagamente una revista. No se cuanto tiempo habría transcurrido, seguramente unos veinte minutos, pero que pesados veinte minutos, cuando lo oí. Era como un grito al que le faltaba energía pronunciando una “a”, como... un gemido. Nada más oírlo me puse de pie de un salto instintivamente, volví a oírlo dos, tres veces y cada una con un mayor grado de intensidad que el anterior. Al final reuní las fuerzas suficientes para acercarme a la puerta lentamente, llamar dos veces de manera suave con los nudillos, aclarar un poco la garganta y preguntar con un hilo de voz -¿Señora Moi?-Tragué saliva-¿Está usted bien?
-Si cariño- Me respondió una dulce voz- Hazme un favor ¿Quieres? Tráeme la cajita plateada de mi baño y un vaso de agua fría.-
Volví a llamar esta vez equipado con lo que me había pedido para oír un “adelante”, volví a tragar saliva.
Ella estaba tumbada de lado en la cama, mirándome, vestía con un albornoz blanco y su mano derecha hacía girar el cinturón del mismo, en un movimiento distraído.
-Acércate- lo hice- vamos, no muerdo.-
Su sonrisa era preciosa, no era total, solo media y me encantaba.
-¿Cómo te llamas?- Aunque en mi cabeza resonó mi nombre con total musicalidad, salió de mi boca a tropezones. Ella rió y dijo “me gusta”. Más tarde me indignaría pensar que después del tiempo que había trabajado para ella, no lo supiese.
-Anda, bebe un poco de agua- me fijé en que todavía tenía el vaso en una mano y la caja en la otra. Bebí y deposité ambas cosas en la mesita de cama después de que me hiciese un gesto con la cabeza.
-Ven, siéntate- Se incorporó un poco y golpeó dos veces con la mano un lado cercano a la almohada mientras ella estaba a los pies. Al sentarme me fascinaron sus ojos, no se si sería por como me miraba o porque esta vez no estaba vestida con caros vestidos sino con una simple bata.
-Dime ¿Eres virgen?-
-¡No!- El que la palabra se me escapase cual bala de los labios me delató y la hizo sonreír. Y mientras sonreía y sin apartar su mirada de mí, sus manos fueron lentamente hasta el nudo de su albornoz y lentamente lo deshizo. Cuando terminó, apartó las manos y se abrió solo y mis ojos degustaron la mayor de las maravillas. Sus pechos eran redondos, perfectos. Grandes y sin llegar a serlo demasiado, se mantenían firmes y sin asomo de decadencia, sus pezones no eran pequeños, eran algo oscuros y parecían tener muy buen sabor. El albornoz no dejaba ver del ombligo para abajo pero aún así algo se hizo fuerte en mi pantalón, y ella lo notó. Se agachó y con manos hábiles que sabían lo que hacían desabrochó mis pantalones rojos de criado y dejó al descubierto mi miembro erguido, con la punta algo brillante, sonrosado y reinando sobre mi vello púbico. Instantáneamente sus manos agarraron mi pene y la solo sensación me encantó, me pareció maravillosa, la calidad de sus manos ahí, pero no paró, las movió de arriba abajo y cuando vio la magia de sus acciones reflejada en mi rostro, se agachó e introdujo mi pene en su boca. El placer era tal que apoyé mi cabeza en la almohada, cerré los ojos y gocé, pero al cabo de un rato paró, yo enfadado por la detención de mi mundo de placer, me recosté sobre un codo y la miré para ver como se terminaba de quitar el albornoz y dejar al descubierto algo que tenía muchísimo más misterio que sus oscuros pechos. Tenía algo de pelo en el pubis, pero era muy poco, como dejado ahí aposta y yo al verla de rodillas frente a mi, con toda la magnitud de se cuerpo desnudo, comprendí que había sido un egoísta al intentar volar yo solo. Pero ella se me adelantó, avanzó de rodillas hasta ponerse encima de mí y su mano cogió mi miembro y con suma delicadeza lo introdujo dentro de ella mientras levantaba la cara hacia el techo, cerraba los ojos y exhalaba un suspiro. La sensación era agradable, sobretodo al sentir lo húmeda que estaba, pero prefería lo de la boca, hasta que empezó a moverse. Se movía de arriaba abajo y de alante a atrás mientras emitía unos gemidos que, con los labios apretados, parecían ser para ella y no para el resto del mundo. Sus ojos estaban cerrados pero los míos no podían dejar de mirar sus pechos y en especial, sus pezones que se movían constantemente y parecían hacerlo a cámara lenta. Las sensaciones que estaba sintiendo eran, para mi, nuevas y explosivas. Sentía una especie de presión en el pene, pero no me molestaba en absoluto, solo quería que no parase. No se como mis manos acabaron en sus piernas, cerca se su culo, al que quería llegar y, como no, ella debió adivinarlo porque, todavía con los ojos cerrados, sonrió y guió mis manos hasta su redondo culo de piel suave, en el que podía seguir los movimientos de aquella valkiria que cabalgaba sobre mi. Pero aquello no podía durar, quería sentir sus senos en contacto con mi piel y aunque estábamos follando me daba vergüenza apartar mis manos de sus imparables nalgas para coger sus tetas, así que lo que hice fue poner mis manos en su espalda y atraerla hacia mí con lo que se inclinó, abrió los ojos y me mordió una oreja. Entonces ocurrió algo nuevo, decidí tomar yo el control. Agarré su espalda con más fuerza y giré de manera que acabé por estar encima, todavía dentro de ella y con cada mano a un lado de su cabeza mientras que ella tenía los brazos en forma de “L” hacia arriba dando una sensación de sumisión total.
-Pensaba que no mordías- Dije y ella movió rápidamente el cuello hacia delante para darme un brevísimo beso en los labios y volver rápidamente a su posición inicial con una sonrisa angelical de pura inocencia. En todas las veces que estuve con ella me ha dado besos y dejado saliva en todas partes de mi cuerpo pero aquel fue el único beso que me ha dado en la boca.
Lamentablemente no me dejó liberarme dentro de ella pero eso no le resta resplandor a aquella velada.
Cuando terminamos, cogió la cajita de metal plateada y de ahí sacó un cigarrillo blanco que fumó mientras se ponía el albornoz sobre los hombros aunque sin tapar nada esencial de su divina figura, yo por mi parte me senté abatido y pensé que nunca la había visto fumar.
Nos vimos más veces, desnudos quiero decir, y cada vez se mostró como una maestra con ímpetu en que yo aprendiera y yo desarrollé mis técnicas e incluso hice cosas que llegaron a impresionarla y gustarla de veras.
En cierta ocasión le conté lo de que estaría dispuesto a ponerme una falda rosa, ella se lo tomó en serio y me consiguió una. Me hizo bailar con ella y después de reír a gusto, me folló sin compasión.

Tiempos de Cambio


Puños, pancartas, gritos al viento,
gente cabreada, miradas ardiendo,
los que antes mandaban, ahora tienen miedo
y es lo normal, el aire trae fuego

Te quitan dinero, te echan a la calle.
¿Una hipoteca? Ya te han marcado.
¿Y los banqueros? Son algo sagrado.
¡Mientras tú no tienes a nadie!

Oh, vieja Libertad de la historia francesa,
con pecho desnudo y bandera enhiesta,
¿qué pasó contigo, tu fuerza guerrera?
Otros dicen actúa, yo digo piensa.

La gente se mueve, se oyen sus pasos
que hacen temblar los malos estados,
los afectos son otros, ahora han cambiado
¡la decisión no se conforma con un simple enfado!

Quiero vivir en tiempos de cambio,
no retroceder al mismo pasado.
No soy inmigrante, ni negro ni blanco,
si me callas la voz, ¡gritaré más alto!

¿Sientes miedo? Aquí todos lo tienen,
quizá debamos superar las palabras,
quizá enfrentarse a las sombras con dientes,
lo claro es avanzar y no caer de espaldas.

No depende de política o cultura,
tampoco de edad, levántate y lucha,
faltará de todo, pero energía hay mucha.
Esto son palabras, la decisión es tuya

Presentación

Hola, soy un chico joven dedicado a los estudios al que le gusta escribir, lo que no quiere decir que se me de bien, y por lo tanto en este blog quiero dejar algunos de mis escritos ya hechos, publicar los que están por venir e incluso hacer alguno exclusivamente para él. Todo esto no quiere decir que no cambie de opinión o que publique algo completamente diferente en alguna ocasión.
Me gustaría mucho y me resultaría muy importante e interesante que dejaseis un comentario con vuestra opinión en lo que leáis aquí.
Por último decir sobre mí que desde pequeño me atreví a fantasear con ganarme la vida escribiendo, una vida tranquila, sin jefes directos, sin injusticias laborales...
¡Pero lo único que espero ahora es que disfrutéis con este blog!


12/02/2014

Esto está sucio y lleno de polvo. No voy a borrar lo anterior porque tal vez sería una falta de respeto a mi Yo pasado, aunque como creo que empezaba (ni me molesto en leerlo para no tener que poner muecas) no sabía qué poner, al igual que pasa ahora. Bueno, disfruten (o no, eso ya me da un poco igual con los años) y comenten, que eso no estaría de más...



2/9/2015

La verdad es que puedo estar orgulloso de este blog, pues la calidad ha ido creciendo de una forma clara. Pero lo que de verdad me llena de orgullo es la cantidad de entradas publicadas, entradas de todo tipo que no tienen por qué tener un patrón común. Pido por favor que se pongan comentarios, tanto para cosas buenas como malas (existe la opción de publicar en anónimo), y espero que disfruten de lo que lean.


6/5/2016

Siento que voy escribiendo mejor y a la vez distanciando de lo que hacía antes. Ahora escribo menos pero cosas algo más complejas, relatos más relatos. Pero escribo menos y juego menos y no sé si disfruto más o menos. En fin, a ver si repaso un poco lo antiguo, así he llegado aquí. Leed sin prisas, espero que disfrutéis. Recordad, los comentarios siempre están mejor que mal.